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Mundo Diners al día

 ¡Mi playlist, presidente!

por John Dunn Insua

Artistas
Roger Waters, Silvio Rodríguez, Kanye West y Kid Rock. Foto: David Landeta.

*Artículo de opinión

No hay nada que odie más, que los políticos metiéndose en mi playlist, en mi Netflix o en mis libreros. No tienen derecho alguno a publicar en el Registro Oficial el arte que puedo o no puedo consumir. Tampoco es legal la marginación de quienes no coinciden contigo en tus preferencias artísticas.

Extraño los tiempos en los que podíamos escuchar a Silvio Rodríguez o a Roger Waters, sin que eso signifique militar en una tendencia política específica. Ahora, los políticos no se limitan al discurso ideológico o a la gestión pública. También nos dicen la música que debemos escuchar, el cine que debemos ver o la literatura que debemos leer.

Eres todo un héroe, si te jactas en tus redes de haber leído a Eduardo Galeano, poniendo una cita de un libro que nunca siquiera abriste. Pero, si mínimamente mencionas a ese Voldemort latinoamericano llamado Mario Vargas Llosa, quedas ante los ojos del mundo como un devorador de bebés crudos, que oscila entre fornicar con chivos y perritos recién destetados de sus madres.

Lo triste es que, no solo el arte es ahora un objeto de consumo ideológico. El artista también es consumido. Hace poco, el legendario Silvio Rodríguez fue resucitado y extraído de sus catacumbas, para pedirle al gobierno ecuatoriano, que deje salir a Jorge Glas de la Roca y de nuestro país. Debemos creer que para Silvio es justicia, que Glas pueda unirse a la pachanga de compañeritos que viven en México. 

Desconozco si Silvio y Glas se conocen. Lo dudo, pero puedo estar equivocado. Me da la impresión que alguien le tocó la puerta, para pedirle que hable a favor de Glas, así como en sus conciertos le deben haber pedido saludos para la hija o la novia de alguien. 

Evidentemente, la principal consecuencia de esta movida se da en la contraparte política, que ahora siente comprometida su afiliación ideológica por ser fans de su música. Actitud también reprochable, pues el disfrute de las artes no depende para nada de los rasgos personales del artista. Si hay gente que deja de oír o leer a una obra por ser de izquierdas, ¿habrá quienes reaccionen igual, porque el artista en cuestión es Virgo; y por ende, totalmente incompatible con Capricornio?

Sorprende la ingenuidad con la que se hacen este tipo de manifiestos; como esperando que realmente tengan un efecto positivo en la realidad. ¿En serio alguien esperaba una reacción del gobierno ante las declaraciones de Silvio? Para ese alguien, debe haber sido una gran desilusión, que Daniel Noboa, no haya dado una rueda de prensa, haciendo declaraciones como:

“Hemos oído la petición del Maestro Silvio Rodríguez, y ante la sabiduría de sus palabras, hemos recapacitado sobre nuestro proceder con el exvicepresidente Glas. El día de mañana, iré personalmente a La Roca, a soltarlo de su celda y a llevarlo al aeropuerto de Guayaquil, mientras toco mi guitarra y canto “Ojalá” y “Playa Girón”.

Esta manipulación política del arte es reprochable, sin importar cuál sea el bando político que la lleve a cabo. Las derechas también hacen lo mismo. Donald Trump cuenta con el apoyo público de músicos como Kid Rock y Kanye West. Detrás de ellos, hay un escuadrón de cantautores mediocres de música country; cuya discografía se resume en “soy republicano; y soy pobre”. El otro flanco lo ocupan raperos y músicos latinos, que -evidentemente- no fueron abrazados por sus madres durante su niñez.

Es el momento de cambiar nuestro proceder. En lugar de acatar las órdenes de los caudillos, sobre qué ver o qué escuchar, seamos nosotros quienes les demos el voto, según sus gustos artísticos. Las futuras campañas deberían incluir sus libros, discos y películas favoritos. ¡Y dichas predilecciones deberían ser auditadas! 

Que los que oyen basura en Spotify pierdan en las urnas, y que salgan vencedores aquellos cuyos playlists no nos hagan pasar vergüenza.

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Acerca de John Dunn Insua

Arquitecto, urbanista y escritor. Profesor e Investigador de la USFQ. Escribe en varios medios de comunicación; saltando de lo académico a lo cínico, sin mayor complicación. Ha publicado también como novelista.
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