Antes he escrito sobre aquellos aspectos que deberíamos mejorar de nuestro país y nuestra organización estatal. Cositas triviales que podrían atenderse en una Constituyente, como regresar a la bicameralidad legislativa; hacer que —como en Estados Unidos— los ministros y secretarios propuestos por el Ejecutivo pasen por la aprobación de un comité legislativo; y eliminar el Consejo de Participación Ciudadana. Pero ya es hora de abordar asuntos realmente importantes y que debemos exigir dentro de nuestra futura Constitución.
Dicho esto, valga la siguiente reflexión: ¿no se supone que TODO EN LA DEMOCRACIA es un “consejo de participación ciudadana”? Ahí tienen un argumento más que suficiente para deshacerse de esa vaina.
Las pasadas constituciones se han sustentado en ideologías que siempre nos han desilusionado. Es hora de que nuestra nueva carta magna nos desilusione con algo nuevo. Propongo darle esta oportunidad al fascismo estético. Que nos multen en las bibliotecas no por entregar tarde los libros prestados, sino por hacerlo, vistiendo un suéter horrible. ¡Pero claro! Para que eso ocurra primero deberíamos tener bibliotecas, ¿no?
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