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Soy un outsider entre los Gen-X. Me resisto a ser un cincuentón con ropas de roquero veinteañero o, como diría un pana, un “metalero prostático”. Cuando mis contemporáneos comienzan a cantar a todo pulmón las canciones de Los Hombres G y a bailar “El meneaito”, es cuando el alcoholismo me parece una agonía más placentera. Por cierto, Alemania ha pedido perdón por las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial; pero España aún no se disculpa ante el mundo por las atrocidades cantadas por los Hombres G.
Afortunadamente, España nos compensó esa falta dándonos a Los Ilegales, dirigidos por Jorge Martínez; creador de canciones como “Destruye”, “Soy un macarra”, “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”, “El Taqui-taqui” o “Como un trueno”. ¡Uy, perdón! Estas dos últimas son canciones de otros Ilegales, que son disfrutables solo cuando bailamos con cuatro tragos encima. Jorge Martínez falleció el mes pasado. El mundo se vuelve un lugar desagradablemente sumiso con cada rockstar que se nos va.
En estos tiempos los Gen-X enfrentamos nuevas adversidades; además del decaimiento hormonal, que empuja muchos a la religión. Me refiero a lo que viene después de ver cómo nuestros ídolos del rock se transformaron en tías excéntricas (todos tenemos una foto familiar, donde parecería que The Cure, Aerosmith, KISS y Marilyn Manson se reunieron para el bautizo de algún sobrinito). Nuestros chamanes del rock se mueren y aún no sabemos cómo procesarlo.
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