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Imperialismo digital

por Jorge Carrión

imperialismo digital
Fotografía: ® SHUTTERSTOCK.

En la discusión actual sobre si las inteligencias artificiales copian o roban hay ecos muy antiguos. Los de los imperialismos romano, chino, español, francés, inglés, estadounidense; esa larga tradición de expansiones territoriales que latieron con un doble movimiento: la extracción de recursos físicos y la imposición de leyes, idiomas, religiones, valores. El colonialismo es físico y mental, penetra tanto en las minas de piedras preciosas como en los cerebros conquistados. Su destino es el museo, las crónicas, la memoria: la apropiación literal y simbólica del patrimonio ajeno. De una forma parecida, las redes neuronales de aprendizaje profundo han sido entrenadas mediante el saqueo masivo (en inglés: big data) y están infiltrándose en nuestra psicología colectiva para proponer nuevas formas de relacionarnos con la información, la belleza, el relato, el conocimiento, cuya intención final es que olvidemos las anteriores, tras haber cuestionado su necesidad y consistencia.

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Aunque la crítica y la sospecha sean necesarias en este momento histórico, la fuerza del nuevo paradigma es gigantesca, imparable, gestada durante décadas de investigación tecnológica y de narrativas especulativas; de modo que, intuyo, lo más inteligente es buscar rápidamente formas de alianza y adaptación. Como dice la protagonista de Ghost in the Shell, esa fascinante película de anime sobre la convivencia del alma con un cuerpo artificial: “Cuando el hombre ve que una tecnología está a su alcance, la alcanza; es intuitivo”. También es intuitiva la creación de explicaciones filosóficas y literarias, de marcos teóricos o imaginados que nos permitan entender —o generar la ilusión de que entendemos— lo que está pasando. Y el neoimperialismo es el concepto más obvio para emprender ese intento de explicación.

La diferencia principal entre el viejo y el nuevo colonialismo ya la adelantó el ciberpunk hace cuarenta años: la maquinaria ya no es estatal, sino corporativa. Sus departamentos de I+D, sus laboratorios de innovación han resemantizado lo que se entiende por cartografía. Si España o Portugal dibujaron mapas de América a medida que avanzaban sus ejércitos, con el objetivo de que no quedaran terras incognitas, los programadores e ingenieros no mapean espacios ya existentes, sino que, al escribir código, generan paisajes nuevos. Cuando ha terminado la exploración y la conquista del planeta Tierra, hemos empezado a buscar en serio maneras de proseguir más allá de la estratosfera; pero, sobre todo, hemos inventado una nueva capa del planeta que no existía, hecha con ceros y unos, y píxeles y algoritmos. Un territorio virtual, sin más límites que los de nuestra imaginación. O, si llega la singularidad, la imaginación de las propias máquinas, nuestras semejantes, nuestras hijas, en potencia: imperiales.

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Acerca de Jorge Carrión

Escritor y crítico cultural español. Sus últimos libros son Ficciones, Membrana y Todos los museos son novelas de ciencia ficción. Es el autor y narrador de los pódcast Solaris, ensayos sonoros y Ecos.
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