Skip to main content

Tanto miedo, tanta sangre

por Huilo Ruales

Tanto miedo, tanta sangre
ILUSTRACIÓN ® MIGUEL ANDRADE

Papá tenía miedo del Beto, por eso, no podía mirarlo ni cuando lo insultaba o le pegaba. En cambio, él le clavaba la vista incluso mientras recibía la paliza y eso le rayaba a papá y, por eso, lo seguía golpeando. Una vez le reventó la boca, otra, le partió la cabeza, y el Beto, ensangrentado y todo, seguía viéndolo y cada vez con más odio. Aunque también lo veía cuando papá y los tíos farreaban, y cuando todos estábamos enchufados a la tele. Al principio, yo creía que papá no se percataba de que los ojos del Beto iban y venían de la pantalla a su cara, a su nuca, pero después me di cuenta que no solamente lo sentía, sino que le pesaba. De allí que se ponía inquieto, fumaba, iba y venía del patio, y se iba alterando hasta dar con un pretexto para joderle o quitárselo de encima.

Cierta vez que veíamos una película que chapoteaba en sangre, el Beto lo veía con excesivo descaro. Mientras un loco acuchillaba a un viejo, como decir un hijo al padre, el Beto, carisonreído pero con algo de diablo, veía con un ojo la pantalla y con el otro a papá. Lo raro era que el destello de las cuchilladas se movía como culebras epilépticas en la cara de los dos. ¡Apaguen esa mierda!, gritó repentinamente, pero nadie apagó el aparato y cuando él mismo fue a arranchar el control remoto de la mano del Beto, él le dijo, no jodas, si no quieres ver, lárgate. Eso fue todo. Papá puteó entre dientes y se largó a la calle y no regresó sino borracho a desquitarse con mamá, y a joderme, a meterme en su cuarto.

Hasta que una vez el Beto llegó por primera vez en la madrugada. Al sentirlo apestando a hierba y a trago, papá perdió la cabeza y le cayó a patadas. El Beto, como siempre, las recibió sin pestañear, aunque por primera vez soltó una carcajada burlona, como si le dijera viejo cabrón, eres una mierdita, un moco, una piltrafa. Papá se quedó tieso y, en lugar de caerle a puñetes y patazos, se disparó a su cuarto y al segundo apareció empuñando un cuchillo de matarife. El Beto lo recibió con el pecho esponjado como torero, mientras a papá le temblaba la boca y hasta uno de sus párpados. Ahora sí se está cagando del miedo, me dije, mientras el Beto lo perforaba con los ojos y con su maldito silencio. El miedo que zumbaba en la pieza era más grande que nunca, digamos, como un socavón a los pies de los dos. Se necesita un milagro, decía yo para mis adentros. Que el Beto se dé media vuelta y se largue puteando al viejo y a medio mundo. O que agarre una silla y la zarandee encima suyo. O que el Beto, por una vez, sea quien tenga miedo.

Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
¡Lee sin límites! HAZTE PREMIUM o Iniciar sesión

Etiquetas:

Imagen de perfil

Acerca de Huilo Ruales

Escritor ecuatoriano cuya obra abarca todo tipo de estilos, desde la novela, crónicas, teatro, poesía, cuentos y microrrelatos. Es considerado uno de los escritores contemporáneos más importantes del país; sus obras han sido traducidas al francés y alemán.
SUS ARTÍCULOS