Había una niña que vivía dentro de un espejo y, cuando alguien la veía, envejecía.
1.
Viéndolo bien, el espejo es un artefacto estupefacto. Un ojo sin cara. Una ventana al revés. Un loro del ojo que, como tal, repite lo que ve. Un pedazo de agua congelada donde siempre nos encontramos con otro, idéntico, aunque al revés. Y, por qué negarlo, el espejo es algo así como un paredón ante el que, a veces, nos juzgamos hasta el llanto o el destierro.
Los escépticos, sobre todo, los complotistas, dicen que el espejo nos miente en la cara, lo cual querría decir que vivimos convencidos de ser lo que el espejo nos muestra. Lo cual, en otras palabras, querría decir que dejamos este mundo sin habernos conocido.
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