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El asesino involuntario

por Huilo Ruales

asesino
Ilustración: Miguel Andrade

La primera vez fue cuando una niña vecina, que se llamaba Dorita, murió atropellada por un taxi. Mientras todo el mundo se arremolinaba en torno al cuerpecito desecho como una muñeca rota, yo entré a mi casa, tomé papel y lápiz y escribí mi primer poema. Lo titulé “Triciclo”, era muy extenso y estaba lleno de frío, sangre y una diadema azul.

Nadie supo que fui el culpable de su muerte. Dorita estaba tricicleando en la entrada de su casa, cuando yo, desde la acera del parque, le dije en voz alta: “Ven, Dorita, ven”, y ella, sin titubear, se bajó del triciclo, lo colocó en la calle y reanudó el pedaleo rumbo a mí. Tengo intacto en la memoria su rostro feliz con el que acudió a la cita con la muerte.

Dorita era una niña preciosa. Sus ojos negros burbujeaban y su luminosa sonrisa me cosquilleaba. Cada vez que podía jugueteaba con ella, pese a que yo estaba ya en la escuela. Me encantaba rozar con mi boca su cabellera sedosa y sentir el aroma de su aliento. Una vez le di un beso furtivo en la mejilla.

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Acerca de Huilo Ruales

Escritor ecuatoriano cuya obra abarca todo tipo de estilos, desde la novela, crónicas, teatro, poesía, cuentos y microrrelatos. Es considerado uno de los escritores contemporáneos más importantes del país; sus obras han sido traducidas al francés y alemán.
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