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Mundo Diners al día

Feria del Libro de Quito, un elogio al gatopardismo

por Gabriel Flores Flores

FIL Quito
La FIL de Quito 2024 se celebró en el Centro de Convenciones Metropolitano. Foto: Secretaría de Cultura.
ARTÍCULO DE OPINIÓN

En la novela ‘El gatopardo’, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, uno de los personajes afirma: “Si queremos que todo siga como está necesitamos que todo cambie”. Desde entonces, finales de los años 50, el término gatopardismo se convirtió en una expresión popular, sobre todo, en política. Hoy calza perfecto para intentar comprender lo que ha pasado con la Feria Internacional del Libro de Quito durante los últimos 16 años. 

Antes de hablar de la FIL de Quito versión 2024, hagamos memoria y regresemos en el tiempo. Desde 2008 hasta 2021, la organización de la Feria estuvo en manos del Ministerio de Cultura y Patrimonio. ¿Qué pasó en esas 13 ediciones? De entrada, debe mencionarse que ninguna edición se hizo con la debida antelación. Así que el funcionario de turno, al que le encargaban su ejecución, resolvía todo al brinco y al salto. 

La ‘buena voluntad’ de los funcionarios siempre le ganó a la planificación. En el mejor de los casos, la Feria comenzaba a programarse con tres o cuatro meses de anticipación a la fecha de inauguración, que también solía ser incierta. Las autoridades siempre tenían dos cartas bajo la manga cuando alguien llamaba a la reflexión y a la autocrítica: falta de presupuesto y ausencia de una sede fija. Y sí, como bien se imaginan ya, en esos 13 años la FIL peregrinó por toda la ciudad. 

La Feria tuvo, entre otras sedes, el Antiguo Hospital Eugenio Espejo, el Itchimbía y el espacio de la Casa de la Cultura donde ahora funciona el Museo Nacional. La última fue el Centro de Convenciones Bicentenario. Pero a la FIL de Quito no solo le ha faltado un espacio adecuado sino un modelo de gestión que impulsara las ventas del sector editorial, un comité curatorial y un directorio, para que supere su fase amateur.  

También resalta el tema de la gratuidad. En las 13 ediciones nunca se cobró entrada. ¿Cómo se va a cobrar por entrar a una feria donde se venden libros? La FIL de Guayaquil siempre lo ha hecho y a nadie le ha dado un síncope (yeyo -dicen los guayacos-). Además, no hacerlo fue mandar un mensaje errado sobre el valor que tiene la cultura. Pero, lo peor de esos años fue que la FIL de Quito se convirtiese en un espacio de propaganda política. 

feria
Los descuentos fueron uno de los atractivos editoriales de la FIL de Quito. Foto: Secretaría de Cultura.

Solo hay que recordar que una de esas ediciones fue inaugurada por el primo Pedro. Sí, el mismo que salió del país diciendo que ya volvía y que hasta ahora no asoma ni las narices. A finales de 2021 se anunció que la FIL pasaría a manos de la Secretaría de Cultura del Municipio. En 2022, el Ministerio y la Secretaría compartieron créditos y en 2023 se organizó algo que llamaron ‘Encuentro y Feria de Libros’. Y así llegamos a la edición 2024. 

Empecemos por el espacio. A estas alturas, queda claro que el Centro de Convenciones Bicentenario es el mejor lugar para la FIL de Quito, la cercanía con el Metro ayuda, y mucho. Parece que hacerla en junio también es adecuado, porque coincide con la temporada de ferias en la región y eso incentiva a que los autores internacionales se animen a hacer el tour completo por Latinoamérica. ¡Chao, diciembre! Si quiere comprar libros en esas fechas pueden ir a una de las librerías de barrio que hay en la ciudad. 

Otro aspecto que cabe resaltar fue la contratación de un equipo curatorial. ¿Por qué se ‘gastó’ plata en ellos? Solo hay que recordar que durante los años en los que el Ministerio de Cultura organizó la Feria, la tarea de contactar a los escritores estuvo casi siempre en manos de funcionarios que poco o nada sabían de libros. Entonces, que exista esta figura del curador o curadora ya es un pequeño paso para la profesionalización de la FIL.

Pero hasta ahí; porque en el fondo las cosas en la FIL han cambiado para estar igual. La única forma de evitar la inexplicable presencia de ciertos invitados, de cancelar eventos por distintas formas de presión y de que exista pluralismo en la lista de autores asistentes -¿sería mucho pedir si para la próxima edición, por ejemplo, traen a Rita Segato pero también a Álvaro Vargas Llosa?- es que la FIL de Quito deje ser una feria con mucho espíritu amateur y se profesionalice. 

Esa profesionalización es importante, porque va a permitir que la Feria se convierta en una institución cultural que celebre la diferencia, responda a políticas públicas y no a la ‘buena voluntad’ de nadie. Como todo en la vida, el primer paso para este cambio es aceptar que el modelo actual no funciona. ¿En serio vamos a esperar otras 13 ediciones para ver si la Secretaría de Cultura logra organizar una feria menos amateur?

No hay que inventarse el agua tibia, quizás solo sea necesario copiar y mejorar. Sí hay ejemplos, el más cercano es la FIL de Bogotá, cuyo directorio ya trabaja en la edición 2025. Lo ideal, en el caso de la FIL de Quito es que sea organizada por una institución ajena a cualquier gobierno o partido político. Está claro que mientras su organización esté en manos de ministerios o secretarías vamos a vivir en un eterno elogio al gatopardismo. 

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Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
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