Es 1979. Audre Lorde descansa en su cuarto, en su cama, al fin. Nada como el olor de las sábanas propias, la misericordia de nuestra almohada. Han pasado cinco días desde la operación. Cinco desde la mastectomía. En el hospital, ante la herida, la poeta honró duelo por su seno amado, maravilloso. En la casa, su isla nube, los siguientes días gotearon entre el dolor físico y los sueños. “Pasé los días sobre todo leyendo y deambulando de cuarto en cuarto”, escribe Lorde en The Cancer Journals (Los diarios del cáncer), “o viendo las paredes blancas o recostada afuera, de cara al sol, contemplando el interior de mis párpados”. Hasta que una tarde, otra vez, después de mucho, su deseo volvió a relampaguear: se masturbó.
Qué increíble, qué erótico, pensé cuando lo leí. Mi sangre viva también se ha desaforado así en momentos en los que, se supone, el placer no es prudente. Eros, nacido de Caos, se burla de la muerte (Tánatos) por un instante en el cuarto neoyorquino de una escritora y celebra su escape con gozo. Pero lo sexual, para Lorde, no es el único cielo para lo erótico. Es más, ella reclama que a las mujeres, sobre todo, se las ha convencido de que solo el dormitorio es el espacio mezquino para eso. Ciertos hombres, dice, han confundido lo erótico con lo pornográfico. “La pornografía es la negación directa del erotismo”, afirma Lorde en su ensayo de 1978 Uses of the Erotic: The Erotic as Power (Usos de lo erótico: lo erótico como poder). Y lo es porque esta “pone el énfasis en la sensación sin sentimiento”. Para Lorde —negra, lesbiana, feminista— lo erótico es, en esencia, sentimental.
El sentimentalismo, por cierto, no está invitado a esta fiesta (aunque yo, en lo personal, a veces lo defienda). Lorde en realidad se refiere a “ese espacio entre la incipiente conciencia del propio ser y el caos de los sentimientos más fuertes”. Eso es lo erótico. Una sensación de plenitud reconocible. Una satisfacción que colma, que despierta, que funciona como un cedazo: esto quiero y esto no para mi vida. Ese disfrute sin autoengaños, esa lealtad a las necesidades y antojos del cuerpo y el espíritu ha sido vista como un peligro —de ahí su arrinconamiento a la cama—, porque es una “fuente de información y poder” que se irriga a todos los ámbitos de la vida. Lorde dice que lo erótico toca incluso el trabajo: “¿De verdad me deleita tanto lo que hago, a lo que le dedico casi todo mi tiempo, incluso cuando se dificulta?”.
Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
Si eres suscriptor de la edición impresa solicita tu acceso.
Si no lo eres, elige tu plan
Revista digital
DESDE- Acceso ilimitado a todo el contenido digital de revistamundodiners.com
Revista impresa + edición digital
DESDE- Revista mensual impresa + acceso ilimitado a todo el contenido de revistamundodiners.com
- Envío incluído


