Lo que más me sorprendió del Museo del Futuro de Dubái fue la sección diseñada con atmósfera de hammam o baño turco. Después de recorrer el piso dedicado al espacio exterior y el de la conservación ecológica, llegas a un episodio del ensayo especulativo propuesto por la museografía en que se menciona la actual crisis de salud mental, nuestra vida ansiosa y adictiva, el auge de la obesidad y otros males psicocorporales, para concluir que el futuro será wellness o no será. El viejo estado del bienestar, capaz de cubrir todas las necesidades sociales de los ciudadanos, se convierte en ese rincón de Emiratos Árabes en una idea fuerte del porvenir, pero atravesado por el yoga, la sauna y la terapia. Todos los espacios de esa planta comunican, mediante el tacto, la música y la luz, la necesidad de cuidar y de cuidarnos si queremos que el mañana valga la pena vivirlo.
La propuesta se sitúa en las antípodas de las narrativas predominantes en los campos de la ciencia ficción y el diseño de futuros, en los que se ha impuesto el horizonte distópico. Es decir, mientras que la sección Alwaha —que en árabe significa El Oasis— del Museum of the Future plantea la posibilidad de construir utopías, la mayoría de los relatos constatan el apocalipsis. Recuerdo que me impactó la instalación inmersiva “Mitigation of Shock” (London, 2050), del estudio Superflux, que te introduce en un apartamento londinense para que sientas la claustrofobia de la supervivencia en una metrópolis castigada por el cambio climático; pero también pensé que no es lo que deseo para mis hijos.
La pregunta “¿qué pasaría si…?”, tan antigua como la propia humanidad, fue convertida en una serie de cómics Marvel en 1977. Se trata de la semilla de la proliferación posterior de realidades alternativas, planos paralelos, multiversos, lo que llevó a obras maestras como Spider-Man: Into the Spider-Verse (2018), pero también a una saturación absurda. El mensaje de fondo es que, si en un mundo irrumpe la catástrofe, en otro se puede encontrar la solución. Nosotros solo tenemos un mundo, no hay planeta ni realidad B, pero son muchos los mundos de ficción a los que podemos recurrir para buscar otros escenarios que empujen el eje de rotación de las ficciones políticas y sociales hacia direcciones más deseables que las del colapso.
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