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Empecé a tomar antidepresivos en pandemia. La razón no importa, al menos no en este texto. Digamos que una cosa llevó a otra y me terminaron recetando, sin querer queriendo, la solución a todos los problemas: Paxil de 12,5. Desde que los tomo, no es que estoy con una sonrisa de boba todo el tiempo ni viendo a través de gafas rosadas de corazón —que era lo que pensaba—; al contrario, lo veo todo más sobrio y simple. Porque he logrado dejar de sentir tanto. Y eso lo agradezco. Porque hay personas que nacimos con el umbral de sensibilidad disparado y eso, claro, es un problema.
Lo he pensado mucho antes de soltar esto aquí, públicamente. La razón es que el tema de la salud mental sigue siendo un tabú. Muchas más personas de las que creemos toman medicación. Pero hay algo peor que eso: muchas no lo hacen.
Sin drogas no podríamos vivir, estoy segura de eso. Hay drogas por todas partes. Y no me refiero a las drogas más duras como la cocaína y el fentanilo, sino a esas más aceptadas socialmente, no solo el trago, sino el café, la Coca-Cola, el té de valeriana, la aspirina efervescente, la comida, el trabajo. Y la razón es simple, la especie humana necesita alguna sustancia para resistir. No es fácil atravesar esta existencia salvaje a pelo. Y así como la tierra es capaz de crear frutos que alimentan el cuerpo, también crea sustancias que alimentan, no sé si el alma, pero algo muy parecido. Y no hablo de adicción. Ese es otro tema. Hablo de sustancias que necesitamos para sobrellevar todo de mejor manera.
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