Escucha la columna
Es difícil ser mujer. Pero si yo hubiera nacido hombre, seguro hubiera sufrido muchísimo. No sé si más, pero debe ser duro reprimir las ganas de llorar, tener que jugar fútbol, cambiar llantas y no poder opinar con libertad sobre el trasero de otro hombre. Terrible.
Reflexioné mucho sobre el género cuando fui a una ceremonia ancestral. Todos me miraban mal porque no me sabía los cantos ni los rezos y tuve que soportar la cara de psicópata del chamán (no un chamán de algún pueblo ancestral, sino uno de Quito, con collar y plumas) que no aceptaba mi decisión de no tomar ayahuasca. Después de una noche helada, al fin amaneció. Pensé que sería recompensada por mi esfuerzo con el desayuno, y así fue, pero me costó (y caro). Los hombres debían quedarse alrededor del fuego, y las “mujercitas” debíamos pasar a la cocina, ponernos falda y pasar bandejas de carne, choclo y habas, meneando las caderas y cantando una canción en kichwa para ofrecerles la comida a los hombres.
El chamán me explicó que eso no era anticuado ni machista, sino una costumbre ancestral que se basaba en valorar las diferencias de género para potenciar la complementariedad entre hombre y mujer, cuyas naturalezas eran distintas. La naturaleza del hombre es más de cazar, de guerrero, de cortar la madera, hacer el fuego y esas cosas, y la naturaleza femenina, me explicaba el chamán, es de contención, de preparar comida, cantar, arrullar, proteger y cuidar, sentir la energía en las caderas y todo eso.
Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
Si eres suscriptor de la edición impresa solicita tu acceso.
Si no lo eres, elige tu plan
Revista digital
DESDE- Acceso ilimitado a todo el contenido digital de revistamundodiners.com
Revista impresa + edición digital
DESDE- Revista mensual impresa + acceso ilimitado a todo el contenido de revistamundodiners.com
- Envío incluído


