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Mi hijo no tiene idea de qué es un teléfono fijo. Pronto los niños que nazcan quizá tampoco sabrán qué es un televisor. Ya casi nadie ve la tele: vemos TikTok, reels, a lo mucho YouTube o plataformas. Por eso, me sorprendió —y me gustó— tanto la experiencia de ver MasterChef Celebrity, a la antigua, un programa de televisión en familia.
Quién diría que ver televisión se volvería algo nostálgico, incluso inocente. La vieja imagen de Los Simpsons —la familia reunida en el sofá frente al “tontódromo”— era una ironía noventera, pero ahora se ha convertido en una escena casi romántica.
Así nos sucedió con MasterChef. Esperábamos que fuera la hora del programa, haciámos canguil, y nos reuníamos los tres, a ver y comentar en voz alta. Al contrario de las plataformas, la televisión invita a una función totalmente activa. Hay mucho ruido alrededor. Gritos, risas y hasta llanto. Mensajes de texto y memes con mis primas, chismeando sobre cosas deliciosamente irrelevantes.
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