Tenía trece años cuando una buena amiga empezó a usar palabras diferentes, a fumar marihuana y a llevarse con chicos mayores. Sospecho que yo, con mi look anticuado y mi torpeza social, le daba un poco de vergüenza, o como dicen ahora, cringe. Yo a esa edad todavía era medio niña. Leía mucho, tomaba café, intentaba fumar cigarrillo en la terraza, escondida de los adultos, pero no encajaba del todo en el grupito de chicos populares alternativos, pero tampoco en el grupo de los aniñados o prepis, como se les decía en ese entonces. No encajaba en ninguna parte y eso se notaba. Mi amiga lo sabía y se alejaba de mí a pasos invisibles y agigantados, y yo me quedaba en un limbo donde las vivencias con ella se convertían en recuerdos. Perder a una amiga provoca un dolor raro. Un dolor para el que la sociedad aún no ha inventado una palabra.
Cuando nació mi hijo Lucas muchos “amigos” se alejaron. A muchos solteros la ma/paternidad les da alergia. Mientras daba de lactar, me enteraba, a través de la ventana (de Instagram), de las megafiestas a las que ya no me invitaban porque asumían que no tendría tiempo (y tenían razón). Amigas con las que antes compartía hasta el calzón ahora parecían extrañas, amigos con los que antes nos amanecíamos farreando ahora eran simples conocidos. Los antes enemiguis ahora bailaban entre ellos, se etiquetaban el uno al otro y disfrutaban de eventos que siempre tenían algo en común: mi ausencia. En el viaje doloroso de convertirse en adulta hay muchas pérdidas de las que no se habla; las relaciones se pierden o se transforman y en ese camino hay varias figuras: la amiga que desaparece inexplicablemente, el amigo soltero que se resiente porque te casaste, o el peor, ese “amigo” que cuando estás chira o enferma te deja en visto, pero cuando te ganas un premio asoma primerito. O como decía un “amigo” de otra “amiga”: “Esa man solo sale con las personas que salen en el periódico”.
“Yo no tengo amigos, tengo amores”, dijo Pedro Lemebel. Es verdad que duele perder un amor, pero a veces duele más perder una amistad. Y de eso nadie habla.
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