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De los malos sentimientos, el peor es la envidia. Y de todas las envidias existentes, la peor es la envidia de una misma. Me refiero a cuando encuentras una foto tuya de hace cinco o apenas dos años. Y aunque en ese entonces te quejabas por tu pelo, tu peso o tu cara, con la distancia, al fin puedes ver lo bien que en realidad te veías. O bueno, tal vez no te veías tan bien, sino que ahora estás peor… ¿Han pensado en eso?, ¿que nunca te verás mejor que este día, aunque este no sea tu mejor día?
La vida debería ser como en El curioso caso de Benjamin Button: empezar por la muerte y avanzar hacia la vida, ir de peor a mejor, en coherencia con el discurso exitista al que la sociedad nos somete. Pero no. Debemos escuchar que “viene un mejor futuro”, mientras nos salen arrugas y nos fallan las rodillas.
Aunque, pensándolo bien, sería raro —una vez cumplidas tus metas y logros— empezar a convertirte en un bebito en contra de tu voluntad. Ni más faltaba.
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