Skip to main content

EDICIÓN 500

Edición 500

El cine sigue vivo… y el streaming también.

Título: Luz María Cordero y su corte de honor. Fotógrafo: Serrano, Manuel Jesús Fecha: 1927. Técnica/soporte: Negativo-placa de vidrio/Vidrio. Dimensiones: 10,13 x 15,14 cm. Colección o titularidad: Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Repositorio digital: Archivo de Fotografía Patrimonial - INPC

Los 2 eternos: cine y televisión

por Rafael Barriga

De la televisión abierta al streaming, del cine en 35 mm a la proyección digital, de los grandes teatros a las multisalas. Las formas de ver el cine y la televisión han ido cambiando. Pero una cosa se ha mantenido: cine y televisión siguen moldeando, con fuerza, la comunicación de masas del siglo XXI, en el planeta.

Como en el resto del mundo occidental, donde la televisión tenía una cobertura e influencia importante en la sociedad, en 1980 los ecuatorianos estábamos enamorados de la pantalla chica. Popularizado en los países desarrollados en la década de los cincuenta y sesenta, rápidamente ese medio electrónico había superado en influencia y audiencia a los periódicos y a la radio.

En el Ecuador el boom petrolero incrementó la clase media en las ciudades y muchas familias adquirieron sus aparatos de televisión en los nuevos centros comerciales abiertos recientemente, como el Centro Comercial Iñaquito, inaugurado en 1971.

Los canales de televisión se permitían hacer inversiones en estudios bien equipados, dispositivos de video y retransmisores para que su señal llegue a más lugares. Periodistas y técnicos iban aprendiendo las artes televisivas en el prueba y error del día a día. A la par, las industrias y empresas de todos los ámbitos contrataban publicidad en televisión.

En 1980 había nueve canales de televisión en el Ecuador. Los más importantes eran el canal 8 y el 4 de Quito y el 2 y el 10 de Guayaquil.

La Tigra(1990).
La Tigra(1990). ® CORTESÍA CAMILO LUZURIAGA.

Enamorados de la televisión

Niños, jóvenes y adultos vivían pendientes de la “pantalla chica”, que se diversificaba con programación propia e importada. De Venezuela y Brasil llegaban telenovelas como Cristal o Ligia Elena de la cadena Venevisión, o La esclava Isaura o Dancing Days de la Rede Globo; de México venían también producciones como La Colorina o Los ricos también lloran. Hubo además comedias como El Chavo del 8 y programas musicales del estilo de Siempre en domingo. De las cadenas estadounidenses teníamos dramatizados, series policiacas, comedias de situación y muchos otros géneros.

Cada canal ecuatoriano producía su noticiero, pero, además, generaba concursos, programas deportivos y transmisiones especiales en vivo. Se fue creando un incipiente jet set de las estrellas televisivas. Salir en la pantalla era tocar las puertas a una fama destinada, hasta esos días, solo para los políticos, los futbolistas o los famosos de la música local.

Por la televisión vimos el retorno a la democracia, en 1979, y escuchamos al joven presidente Roldós inaugurar un nuevo tiempo. Un par de años después, mientras veíamos un partido de fútbol, supimos de su muerte.

Era tan poderosa la televisión que, quizás, el destino del país se moldeaba por sus mensajes. El debate de 1984 entre los finalistas a la Presidencia, Rodrigo Borja y León Febres-Cordero, fue uno de los eventos televisivos que más influyó en la política de ese año y los venideros. Candidatos y gobernantes se dieron cuenta de que la televisión era un arma importante en sus agendas. La “imagen mediática” empezaba a tener un valor determinante para ellos. Los estudios de audiencias, realizadas por nuevas empresas encuestadoras, delineaban “lo que el público quería ver” y, así, los programadores orientaban las parrillas televisivas.

Titanic(1997).
Titanic(1997). ® ALAMY PHOTO STOCK

El cine de los años setenta, en el mundo, era para los grandes: las películas más taquilleras, como El Padrino, El último tango en París o Kramer vs. Kramer eran sofisticados dramas dirigidos para adultos. Hacia el fin de la década, sin embargo, se impusieron dos géneros que hasta ahora prevalecen en la taquilla: las películas de superhéroes con Superman (1978), y las sagas de ciencia ficción con La guerra de las galaxias (1979). A partir de ese momento, estos tipos de películas, que antes no eran populares, se masificaron quizás porque los empresarios del cine se dieron cuenta de que llegar a los más jóvenes eran más lucrativo.

Justamente por eso, en los primeros años de la década de los ochenta, las salas de cine en el Ecuador tenían su público y se multiplicaban. Solo en el centro y centro-norte de Quito había no menos de once cines.

Eran teatros que tenían capacidad para entre 500 y 2500 espectadores. El empresario cinematográfico guayaquileño Carlos Espinosa, que en los sesenta y setenta produjo varias películas, recuerda que aquella época significó una edad de oro para la exhibición de cine. Por ejemplo, en los cines de Quito y Guayaquil, las filas para adquirir un boleto eran de varias cuadras.

Un espacio como el Bolívar, en el centro de Quito, con 2200 butacas, en un solo día podía vender diez mil entradas para una película. El cine Presidente, en el centro de Guayaquil, tenía un aforo de 1810 espectadores por función, lo que hoy en día sería la capacidad total de un complejo de diez salas de cine en un centro comercial.

La película más taquillera de toda la década de los ochenta, según el distribuidor cinematográfico Marco Aguas, fue la mexicana La niña de la mochila azul. Era un musical infanto-juvenil que no sería destronado sino hasta 1997, cuando se estrenó la norteamericana Titanic.

El cine ecuatoriano, en contraste, no producía largometrajes. Los cineastas locales alcanzaban a crear cortometrajes; algunos bien recibidos por la crítica, como Los hieleros del Chimborazo (1980, Igor y Gustavo Guayasamín) o Montonera (1982, Gustavo Corral). Además, nuestros realizadores luchaban por una ley de cine que pudiera viabilizar su trabajo, lo cual llegaría apenas en 2006. En medio de este panorama, hubo una excepción: la comedia Dos para el camino (1981) de Jaime Cuesta, que resultó un éxito, sobre todo en Quito, por la actuación del primer actor ambateño Ernesto Albán.

Telecable y multicines: la nueva onda

En Europa las televisoras públicas de propiedad estatal dominaban el panorama mediático. En varios países, para financiar la realización de programas, se instauró un sistema de licencias, por el cual los dueños de un aparato receptor debían pagar un impuesto. En Estados Unidos, sin embargo, nuevas formas de ver la televisión se popularizaron con fuerza en la década de los ochenta, sobre todo la satelital por cable. En el Ecuador las dos cosas llegarían mucho después: la televisión pública ecuatoriana se fundó en 2008 pero, al contrario que en Europa, esta no necesariamente sirve a las comunidades sino al gobierno de turno.

Por otro lado, la posibilidad de ver bajo suscripción muchos canales extranjeros fue, primero, una realidad para las clases medias y altas de las ciudades. Pronto las redes se extendieron. En 2015, casi una tercera parte de la población tenía acceso a la televisión pagada. Este fenómeno se debía a que la televisión ecuatoriana no se destacaba por su originalidad. La producción local es, en casi todos los casos, una copia primitiva de formatos extranjeros, sobre todo extraídos de la televisión norteamericana.

Ratas, ratones, rateros (1999).
Ratas, ratones, rateros (1999). ® CORTESÍA ISABEL DÁVALOS.

Desde programas de concurso, entrevistas, hasta la forma de presentar las noticias, nunca aportó una marca “propia” de hacer televisión. No se consideró la diversidad cultural del país ni las formas únicas de las relaciones y vivencias de los ecuatorianos. Todo estaba creado para un bloque inerte de consumidores. Entonces, la lógica de la audiencia fue buscar más y mejor programación en los canales pagos.

En los ochenta también empezaron a popularizarse los aparatos reproductores de video. Los formatos fueron cambiando: Betamax, VHS, Laserdisc, disco compacto y Blu-ray. Las películas y programas de televisión podían ser comprados o alquiladas en tiendas especializadas, al principio, y luego en cualquier esquina del país, e incluso en bahías y mercados. La demanda era masiva. En 2012 se registraron más de sesenta mil puntos de venta de copias piratas, que no pagaban ningún derecho de explotación o licencia por sus productos.

Durante los años noventa, los grandes teatros se fueron extinguiendo. Su oferta de programación se limitaba a las películas más comerciales de Hollywood, que llegaban con mucho retraso. Los espacios estaban viejos y eran incómodos. Allí irrumpieron las “multisalas”, es decir, complejos con varias pequeñas salas de cine, dentro de los centros comerciales. En ese contexto Multicines abrió sus puertas en Quito, en 1996. Por tener muchas pantallas, la oferta cinematográfica se diversificó. Traían películas latinoamericanas, europeas y asiáticas. Armaban festivales de cine, programaban cortos ecuatorianos. También detectaron que podían combinar una operación comercial con una buena programación.

Dedicada a mi ex(2019).
Dedicada a mi ex(2019). ® CORTESÍA ENCHUFE TV.

En esos años noventa se presentaron en las salas de cine tan solo tres largometrajes en el Ecuador: La Tigra (1990) y Entre Marx y una mujer desnuda (1994), ambas de Camilo Luzuriaga, y Ratas, ratones, rateros (1999) de Sebastián Cordero. Estos fueron éxitos en la taquilla, sobre todo La Tigra, que con más de 250 000 espectadores fue el filme ecuatoriano más visto de la historia, hasta 2019, cuando fue superada por Dedicada a mi ex del colectivo Enchufe TV, que vendió cerca de 313 000 boletos y luego fue presentada en la plataforma Netflix.

La televisión, por su parte, pauperizó sus contenidos en los noventa y en el nuevo siglo. Había que crear e importar programas de bajos costos. Los ecuatorianos consumían emisiones de concursos baratos, con bailarinas como protagonistas. Todo esto combinado, sin gracia alguna, con interminables repeticiones de telenovelas venezolanas o mexicanas, franjas de farándula criolla y de crónica roja. Los empresarios televisivos tuvieron —o ¿siguen teniendo?— poco o ningún compromiso con una televisión de calidad, que eduque y entretenga dignamente.

Redes, dispositivos, costumbrismos

En América Latina se dio, a principios del nuevo siglo, un boom cinematográfico. En Argentina, Brasil y México, las películas locales no solo eran las más vistas en su territorio, sino también en el resto del mundo. La ciénaga (Argentina, 2001), Ciudad de Dios (Brasil, 2002) o Amores perros (México, 2000) ganaron premios y fueron admiradas por la crítica debido a su innovador lenguaje cinematográfico. Incluso los directores mexicanos Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Alfonso Cuarón ganaron Premios Óscar. Finalmente y luego de muchas décadas, América Latina estaba en el mapa del cine mundial.

Artes visuales 5 1
El último tango en París (1972). ® ALAMY PHOTO STOCK

En el Ecuador, la creación del cine Ocho y Medio, de la Escuela de cine Incine y del festival de documentales EDOC generó una nueva cinefilia y una opción de profesionalización de la actividad audiovisual, sobre todo en Quito.

Otro punto de quiebre fue la aprobación, en 2006, de la Ley de Cine. La creación del Consejo Nacional de Cine logró financiar docenas de películas. Por ejemplo, entre 2016 y 2022, se estrenaron nada menos que 91 filmes. Pero, ¿cuántas golondrinas hacen verano? “El número no es calidad. No todos los directores y realizadores salen bien librados en la valoración, pero hay películas destacadas e importantes”, explicó a esta revista Christian León, experto en cine y audiovisual de la Universidad Andina Simón Bolívar.

El público no necesariamente ha respondido al cine ecuatoriano del nuevo siglo: entre 2016 y 2022, la participación de los filmes nacionales en la taquilla total de las salas de cine fue solo del 0,13 %. Únicamente dos, de las 91 producciones estrenadas entre ese período, pasó de los cincuenta mil espectadores.

Las dos películas en mención, Dedicada a mi ex y Amor en tiempos de likes, provienen de jóvenes realizadores graduados del Incine. De allí también surgieron los creadores del canal de YouTube y otras redes sociales Enchufe TV. Ellos hacen sketches de comedia casi siempre juvenil, ligera, costumbrista, con peculiaridades claramente ecuatorianas, como la forma de hablar y la puesta en escena de expresiones culturales locales. Solo en YouTube, Enchufe TV ha alcanzado veintisiete millones de suscriptores.

A nivel mundial, la revolución de la información, liderada por la popularización de internet, cambió una vez más la configuración de las formas de ver cine y televisión. En el Ecuador el fenómeno no tardó en llegar. En el nuevo siglo las plataformas de streaming, como Netflix —la más famosa en América Latina—, Amazon Prime o HBO Max, entre muchas otras, han sido exitosas. Se estima que, en 2024, estás plataformas tendrán nada menos que 110 millones de suscriptores en esta región.

Estas plataformas contienen programación de todo tipo: desde seriales y películas de autor hasta telenovelas latinoamericanas, pasando por éxitos de Hollywood y programas de concurso. Además, financian muchos de los contenidos que ofertan. Un caso interesante y que ejemplifica su influencia en la producción y exhibición de cine es el del famoso director estadounidense Martin Scorsese. A pesar de su prestigio y valor en la historia, los productores de Hollywood no querían financiar sus filmes. Sin embargo, encontró en Netflix, primero, y en Apple TV, después, el dinero para sus dos últimas producciones, que se han transmitido en exclusiva por esos canales.

¿Han matado las plataformas al cine y a la TV? Es cierto que la pandemia de la covid-19 generó muchas dudas sobre la supervivencia del cine. Pero, una vez que esta se terminó, las salas de cine han vuelto a tener público.

En 2023 había 350 pantallas en catorce provincias, aunque el entretenimiento del cine en pantalla grande no llega a todos: el 75 % de estas salas están en Guayas y Pichincha. En el Ecuador, en 2022, se vendieron once millones de boletos; en 2019 la cifra fue de veinte millones. Como ocurrió en su momento con la radio o la televisión, la muerte del cine ha sido largamente anunciada desde los años veinte del siglo pasado. Pero se trata de un ritual enraizado en la cultura popular del mundo. Nada parece reemplazar la experiencia colectiva de ver una película en la gran pantalla.

Los 23 años del cine OchoyMedio muestran la perseverancia de un espacio cultural ícono en la ciudad de Quito.
Los 23 años del cine OchoyMedio muestran la perseverancia de un espacio cultural ícono en la ciudad de Quito. ® CORTESÍA OCHO Y MEDIO / ARMANDO PRADO.

Internet ha introducido otro tipo de contenidos: las redes sociales posibilitan a los usuarios compartir, entre otras cosas, sus propios videos y audiovisuales. El hecho de que la gente común y corriente pueda crear contenidos, y estos sean consumidos masivamente, ¿democratiza la experiencia de consumo audiovisual? ¿Las plataformas y aplicaciones dan cierta posibilidad a que el discurso venga de otras partes y no siempre desde las voces tradicionales? ¿Podrá la gente vencer al algoritmo? Las respuestas están construyéndose día a día. Lo que queda claro, sin embargo, es que el cine y la televisión seguirán siendo —con sus cambios tecnológicos y narrativos— medios poderosos e influyentes.

Datos

  • Se estima que en América Latina hay 110 millones de suscriptores a las plataformas de televisión como Netflix o Amazon Prime.
  • Existen 350 pantallas de cine en 14 provincias del Ecuador, sin embargo, el 75 % de estas están en Quito y Guayaquil.
  • Entre 2016 y 2022 se estrenaron en salas de cine 91 películas ecuatorianas. Solo 2, de esas 91, superaron los 50 000 espectadores.
  • Las películas más taquilleras en la historia del cine ecuatoriano son Dedicada a mi ex (2019) y La Tigra (1990).

Etiquetas:

Imagen de perfil

Acerca de Rafael Barriga

Curador de contenidos, gestor editorial, cineasta y radiodifusor.
SUS ARTÍCULOS