Edición 425 - octubre 2017.
Difícilmente se podrán encontrar dos personajes históricos con personalidades tan opuestas y, a la vez, tan unidos por una idea común.
El periodista Thomas E. Ricks retrata con mano maestra a Churchill como un monumento a la incontinencia: podía monopolizar la conversación durante horas, sin que le importara un bledo lo que pensaran sus interlocutores. A pesar de su educación victoriana, no tenía empacho en llorar en el recinto parlamentario y en los mítines políticos.
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