Edición 433 - junio 2018.
Lo recuerdo bien: el corazón latiendo en la garganta, la sangre hirviendo con adrenalina, esa mezcla de terror y deseo. Me acercaba despacio, sudando frío, y con un hilo de voz le preguntaba su nombre, o la hora, o si sabía por dónde pasaba el bus. Hablar con los chicos nunca (me) ha sido fácil, pero (casi) siempre lo he hecho primero que ellos. Por eso amé la película Lady Bird, a la edad de la protagonista, plena adolescencia, yo también quería vivir una experiencia a como diera lugar. Yo les hablaba primero. Muerta del miedo pero les hablaba.
A los catorce yo quería un novio mayor. Que estuviera en quinto o sexto curso; si iba a la universidad, mejor. Como en mi colegio solo había menores, con mis amigas decidimos entrar a la Alianza Francesa a conocer chicos. Pero, ¿cómo hablarle a un chico?, ¿hay algo más difícil en este mundo que hablarle a un chico? Solo siéntate, hazte la interesante y espera a que vengan, me decía una amiga.
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