Catlovers: los gatos, nuevos dioses del siglo XXI

La costumbre de adoptar gatos y consentirlos llega con fuerza al Ecuador

Fotografía: Shutterstock

Los gatos han sido amados y odiados a lo largo de la historia, pero nunca han pasado inadvertidos. Los egipcios los veneraron y momificaron por ser la encarnación de Bastet, diosa del amor, la armonía y la protección. En el Antiguo Egipto se encontraron millares de momias de gatos, con lo que se deduce que era el animal de compañía más querido.

No fueron los únicos que les rindieron culto. La mitología nórdica y germánica describe a la diosa Freya conduciendo un carro arrastrado por dos enormes gatos. En Oriente también están presentes. Li Shou era un dios gato de China al que hacían ofrendas para mejorar las cosechas, y en la mitología japonesa los bakeneko eran gatos con poderes sobrenaturales

Hoy, los adoradores de los gatos se denominan catlovers, como término genérico, aunque se ha hecho muy popular el nombre de Karen para referirse a ellos. En las redes sociales circulan miles de memes que aluden a la vida cotidiana de Karen (si es mujer) y Karen macho (en el caso de los hombres) y su relación de “esclavitud” con sus gatos para consentirlos. Esta tendencia mundial en la que, nuevamente, se endiosa al gato, ya ha llegado al Ecuador y está ganando adeptos.

Antes de llegar a este punto la figura del gato también ha vivido épocas muy oscuras. Basta recordar que, a principios de la Edad Media, se tenían en las casas para controlar la población de ratas. Así fue hasta que, en el siglo XIII, al papa Gregorio IX se le ocurrió decir que los gatos estaban relacionados con el demonio. Decretó exterminarlos, principalmente a los negros, a los que consideraba una representación de Lucifer. Esta locura derivó en la devastadora epidemia de la peste negra, que diezmó a la población europea. Al desaparecer los gatos, las ratas proliferaron todavía más y transmitieron la mortal enfermedad a los humanos.

Ahí no acabó todo. Más tarde, la Inquisición quemó en la misma hoguera a herejes, brujas y gatos. Por cierto, otra moda de nuestros días viene de la mano de mujeres que se sienten brujas, en sentido figurado y desde un punto de vista de empoderamiento, y eligen gatos negros como compañeros. No solo ellas, son muchos los adoptantes que optan por los de pelaje negro, por su parecido con una bella pantera en miniatura, dejando atrás las absurdas supersticiones acerca de los gatos negros.

Al hilo de lo anterior, una característica de los catlovers es que su gusto por los gatos no tiene que ver con las razas, sino con su esencia y personalidad, según explican en Maneki, una organización que rescata felinos y promueve su adopción. Para atender la gran demanda de esta comunidad de adoptantes, acaban de abrir en Quito un novedoso establecimiento que dispone de cafetería y tienda: Maneki CatCafé, para desayunar o degustar café y dulces en compañía de los gatos que están en adopción.

En las fotografías que adornan las paredes de Maneki está Marilyn Monroe posando con un gato, y es que ella no fue la única estrella de Hollywood que los amaba, también lo hicieron Audrey Hepburn y Elizabeth Taylor, entre otras. El mismísimo Marlon Brando, fanático de los gatos, tiene a uno en su regazo durante una mítica escena de El Padrino.

Taylor Swift, Halle Berry, Paris Hilton, Irina Shayk… la lista de famosos catlovers es interminable. Uno de los más renombrados fue, sin duda, el desaparecido Freddie Mercury, que legó a sus gatos una considerable parte de su fortuna. Otro caso significativo es el de Choupette, la gata del diseñador Karl Lagerfeld, que vive en París y triunfa como influencer.

No solo estética, también salud

Justo al lado de Maneki CatCafé ha abierto sus puertas en Quito La Esteticat. Un centro exclusivo, el único del país con estas características, para tratamientos de estética y peluquería felina. La propietaria, Nina Farinango, explica que La Esteticat “rompe con el mito de que a los gatos no se les baña”. De hecho, “se convierte en una necesidad para mantener la salud de la piel, porque evita que se formen bolas de pelo en el tracto digestivo”. Con el baño se evita esta situación, común en los gatos domésticos cuando se lavan con su lengua e ingieren pelitos que se acumulan en su estómago.

Para lograr una experiencia agradable, los dueños de los gatos pueden participar durante el proceso y contribuir a su relajación. Maudrey Díaz, la profesional que les atiende, señala que todo está pensado para el disfrute y comodidad de los michis. Se tiene en cuenta, por ejemplo, que a los gatos no les gustan los ruidos estridentes, por lo que la cabina para el secado de cabello es silenciosa. Además, al ser animales muy sensibles con los olores, “empleamos una fórmula especial de champú orgánico”.

El perfil de los clientes que acuden a La Esteticat es el de catlovers cien por cien. Muchos aseguran que prefieren formar familias con gatos en lugar de tener hijos, y conviven con hasta cinco o seis felinos en sus casas. Defienden que su gato es un ser especial, un compañero de vida al que no definen como a una mascota, sino como a un miembro de la familia.

Los gatos y la literatura

Charles Bukowski, Truman Capote, Julio Cortázar, Ernest Hemingway, Jorge Luis Borges… Muchos escritores de la literatura universal han amado a los gatos y han escrito sobre ellos. Inspirándose en este estrecho vínculo, nació en Quito Tres Gatos Cafetería Librería, un espacio que ofrece café de especialidad en un entorno en el que la figura del gato es tanto o más protagonista que los libros.

¿Quién fue Karen?

En 1996 se incendió un edificio abandonado en Nueva York. Los bomberos presenciaron cómo una gata sacó de allí, uno por uno, a sus cinco bebés, hasta ponerlos a salvo. Karen Wellen fue la mujer que adoptó a esta gatita, que sufrió graves quemaduras, y a la que llamó Scarlett. Estuvieron juntas doce años y la historia sobrepasó los medios de comunicación. En su honor se llama Karen a las dueñas de gatos.

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