Cartas de lectores
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Cartas de lectores

Entrevista Juan Carlos Zevallos, Mundo Diners 469

En la revista Mundo Diners hay una entrevista al ex ministro de Salud, Juan C. Zevallos quien, fiel a su estilo impostor, mezcla en su ilusa verborrea a diversas personas y circunstancias, pretendiendo ensuciar mi buen nombre y justificar su inoperancia. Sin aportar ninguna prueba queda nuevamente en evidencia y confirma una y otra vez el refrán que mejor le calza: “Es mejor estar callado y parecer tonto, que abrir la boca y disipar dudas”.

Fundamentado en el Capítulo Sexto, Art. 66, numeral 18 de la Constitución que reza: “El derecho al honor y al buen nombre”. Me permito demostrar con documentos la falsa acusación que me hace en la página 13 de esa difamatoria entrevista, en donde dice: “Por ejemplo la renuncia del Dr. Pablo Izquierdo del hospital Eugenio Espejo. Yo le había pedido que sacara a personas de las que yo tenía certeza que habían cometido corrupción, pero no lo hizo y tuve que sacarlo”. Acepta que renuncié y luego dice que me sacó. Antes dijo que encontró “inconsistencias”. Lo peor, ahora resulta que además ha sido el paladín de la anticorrupción. ¿Cómo así?

Nada más alejado de la verdad, fui yo quien en apenas 28 días de gestión hice lo que él no hizo en un año. Fui el primero en denunciar y enfrentar en plena pandemia las mafias hospitalarias del reparto en mis artículos de prensa y en una carta dirigida a los servidores públicos del hospital como gerente. El primer día de mi posesión, esto es el 16 de marzo del 2020 en que se declaró la emergencia sanitaria, solicité la renuncia de todos los directores: médico, administrativo, jurídico, de compras, bodega, farmacia porque había dos procesos millonarios, uno de laparoscopia y otro de robótica. Fui personalmente a hablar con él en presencia del viceministro y su inefable asesor para que los removiera y pusiera él a los reemplazos: con su característico cinismo me dio su respaldo. Pero al ver que declaré desierto el proceso de compra de laparoscopios a una empresa de publicidad y del cual sus emisarios un Subsecretario y un Director Nacional estaban interesadísimos, opté por irme por la puerta del honor y la dignidad. No les gusto.

Lo que no dice es que apenas salí, sus emisarios adquirieron inmediatamente el equipo de Robótica. Se fueron 15 personas a entrenarse a los EE.UU., todo en plena pandemia. Ese equipo está parado, los insumos son más caros que el mismo robot, y esos médicos -entrenados con plata del Estado- operan en similares equipos de robótica pero de dos hospitales privados de Quito.

Otro hecho que contradice su falacia es que no removió a ningún director ni gerente hospitalario durante su gestión, sujetos cuestionados que vienen en dichos puestos, incluso desde hace 14 años, y siguen… yo administré el hospital 28 días.

Entonces, con la hombría de bien que me caracteriza y que todo el país conoce, luego de recibir amenazas y agresiones fui a la Fiscalía a poner la denuncia y aporté con todas las pruebas y descargos a la Contraloría General del Estado, por lo cual adjunto los documentos de esas entidades jurisdiccionales y de control que me eximen de toda responsabilidad.

Contrario a su accionar reñido con la ley y la moral, por lo que él mismo sostiene en la entrevista que “su abogado le aconsejó mejor huir”. Las pruebas de sus embustes son: 1. El reciente informe sobre el examen especial que hace la Contraloría a su gestión en donde ponen en evidencia que el plan de vacunación estaba solo en su cabeza y que vacunó a un centenar de personas privilegiadas incluida su familia y; 2. La censura por unanimidad de la Asamblea Nacional que lo descalificó por incumplimiento de funciones, vacunar apenas al 0.4 % de la población, ofertar 2000 carnets de discapacidad, ser el responsable del desabastecimiento de vacunas para niños, no transparentar la cifra de fallecidos durante la pandemia, extraviar los cuerpos de los muertos, desvincular médicos durante la pandemia, falta de control en los hospitales en la compra de medicamentos, insumos y equipos. En suma ser el responsable de un exceso de muertos de casi 70.000 ecuatorianos.

Usted Dr. Zevallos que sirvió al Gobierno más nefasto es el peor ministro de Salud de nuestra historia, el responsable de la mayor tragedia de Salud Pública del Ecuador. Por respeto a los muertos y sus familias, por dignidad -si algo la tiene- hágase un favor: llámese a silencio.

Dr. Pablo Izquierdo Pinos
C.C. 0300742665
Médico Pediatra-Salubrista

Nota de la Dirección: Un párrafo de la carta fue omitido porque podría constituir ofensa personal.

De familias y apellidos sefardíes

En el artículo “Los sefardíes reconocidos en el Ecuador” de autoría de Javier Gómez, aparecido en Mundo Diners de junio del presente año se deslizan ciertas apreciaciones que alimentan viejos mitos urbanos sobre la pretendida existencia de “apellidos sefardíes”. En este corto análisis no pretendo de ninguna manera sentar juicios éticos, me refiero solo a asuntos históricos y genealógicos.

En primer lugar, pese a lo que creen innumerables personas, aun cultas y cultísimas, no existen en España apellidos judíos o sefarditas. Está probado hasta la saciedad que los judíos españoles usaron los mismos apellidos que los gentiles a partir de la oleada de antijudaísmo, que se convirtió en ocasiones en antisemitismo, surgida en el siglo XIV. Existen listas de judíos conversos en que se dan los dos nombres y apellidos, el anterior y el posterior a la conversión, allí el lector no preparado puede encontrar sorpresas, por ejemplo, en Mallorca Benvenist Vidal se cambió a Joan de Grau, por su parte Maimó Abdelach pasó a llamarse Bernat Vidal. Hay más casos similares.

Ya en 1949 el erudito chileno Raúl Silva Castro escribió un esclarecedor artículo en la Revista Chilena de Historia y Geografía en el que afirmaba, con total conocimiento de causa: “Se comprendería que un historiador dijese: `Son de origen hebreo todos los individuos que lleven los apellidos tales y cuales, porque mediante las pruebas A,B y C que ofrezco, queda establecido que solo hebreos llevaron estos apellidos en determinado periodo y que son descendientes de estos los mismos que hoy aparecen llevando estos nombres´. Pero no hay historiador alguno que se atreva a decir tal cosa, principalmente porque no podría probarla.”

Las listas de apellidos sefarditas que circulan son falsas, algunas tomadas simplemente de los juicios que sobre este asunto se libraban en España, como si todos los “acusados” de descender de judíos realmente lo fueran. Alguien ha cometido la barbaridad de afirmar que los apellidos patronímicos (derivados del nombre del padre y en España terminados en -ez, -iz, -oz, a veces -az) designan un origen judío, de hecho lo mismo se afirma de prácticamente todos los apellidos: de origen toponímico, de oficios, de cualidades físicas o morales, etc. Quienes esto afirman ignoran las bases antropológicas, lingüísticas y hasta psicológicas que dieron origen a los apellidos en la cultura occidental. Si esas risibles listas de apellidos judíos fueran verdaderas, 99 de cada 100 españoles habrían sido judíos en el siglo XV. Para dar ejemplos que se mencionan en nuestro medio: nadie ha probado ni podrá probar que apellidos como Pérez, Espinoza, Fierro, Trujillo, Yépez… fueron exclusivamente sefarditas.

En segundo lugar el artículo cita el caso de la familia Chiriboga, de presunto origen judío por un supuesto antepasado llamado “Juan López Jorge, nacido alrededor de 1450”. Se dice que Jerónimo de Chiriboga de Córdoba (debe decir Chiriboga Fernández de Córdoba) “era parte de la sexta generación de Juan López Jorge y su ascendencia judía esta documentada desde el siglo XIV”. Cita un documento “emitido” por la Orden de Santiago. No voy a analizar el documento, cuya copia poseo, para no alargarme. Solo un par de consideraciones.

Martín Chiriboga y Garzullo fue el primero de su apellido en llegar al Reino de Quito (a Riobamba) y era primo del Jerónimo mencionado: según el artículo le separaban seis generaciones de Juan López Jorge, eso significa que entre este y la actual generación de sus presuntos descendientes habría catorce generaciones, más o menos. Esto nos daría un poco más de 8.000 antepasados contemporáneos de López Jorge. Dado que algunos tenemos una decena o más de veces el apellido Chiriboga, reduzcamos el número a la mitad. Aún en ese caso surge la pregunta: ¿Puede definirse como sefardita una persona que tiene un antepasado sefardita entre 4.000 de la misma generación? Además, no hay absolutamente ninguna prueba de que los Chiriboga, u otras familias supuestamente de origen judío, hayan conservador ese recuerdo o cumplido alguna tradición de ese respetabilísimo pueblo.

Se dice también que una señora “probó la ascendencia sefardí del apellido Chiriboga”, lo cual es inexacto, pues el documento citado se refiere a la ascendencia judía de la abuela de Martín, doña María de Zorrilla y Espinosa de los Monteros (descendería de López Jorge por Zorrilla).

Cabe señalar que también existen testimonios contrarios a la vinculación de los Chiriboga con López Jorge o la condición de judío de este, como consta en documentos de ese tiempo; eso sin mencionar las dificultades cronológicas casi insalvables.

Sin adelantar conclusiones, que dejo al lector, recuerdo que Jerónimo de Chiriboga y Zorrilla fue Deán de la catedral de Salamanca y fundador de un mayorazgo, que su hermano Eugenio fue canónigo de la misma catedral, que Juan Jacinto de Chiriboga y Hurtado de Mendoza fue primer marqués de Valmediano, que Juan Raimundo de Chiriboga y Luna fue canónigo en Salamanca, y que, dato importante, Jacinto Chiriboga y Fernández de Córdoba fue Caballero de Santiago, todos ellos vivieron en la misma época que Martín y superaron la prueba de “limpieza de sangre”.

Estas aclaraciones no significan que niegue la indudable presencia de sangre judía en muchos de nosotros; por mi parte me siento muy orgulloso de llevarla por ser descendiente de la familia de Santa Teresa de Jesús, de conocida ascendencia judía toledana.

No mantendré polémicas sobre este asunto por considerar que el tema está suficientemente aclarado por los más serios especialistas.

Carlos Freile

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