Carta del Procurador

Articulo de Capaya y Tomata edición diciembre.

Of. No. 16854
Quito, D.M., 08 de diciembre de 2021

Señor
Fernando Larenas
Director de la revista Mundo
Ciudad

De mis consideraciones:

Hago referencia a la crónica “Carlos y Tomata”, de autoría de la periodista Alicia Pérez, publicada con fecha 1º de diciembre de 2021 en la revista de su dirección.

En dicho espacio, la señora Pérez pinta una semblanza de la relación del señor Carlos Pareja Yannuzzelli con una mascota, haciendo total abstracción de los hechos y circunstancias que determinaron que él se encuentre hasta la fecha en prisión. Incluso, en varios pasajes del artículo, la periodista afirma desconocer esos antecedentes o simplemente evita abiertamente hacer alusión a los mismos.

Planteado de esa manera, el citado artículo obvia la labor básica del periodista, que es proporcionar al lector la versión más apegada a la verdad cumpliendo, para ello, con la obligación de contextualizar, contrastar y prepararse previamente para conocer todos los hechos y ángulos de la historia que aborda.

Hay que recordar que, durante el gobierno de Rafael Correa, el señor Pareja Yannuzzelli fue, primero, presidente de Petroecuador y, después, su gerente general, así como ministro de Hidrocarburos. En razón de una serie de actos que realizó en ejercicio de esas funciones públicas, el señor Pareja fue procesado y condenado, mediante sentencias ejecutoriadas dictadas por tribunales competentes, a penas de prisión de cinco años por el delito de cohecho y diez años por el de peculado. También fue sentenciado al pago de indemnizaciones al Estado que superan los 40 millones de dólares.

Creo firmemente en la libertad de expresión y en el absoluto derecho que tiene un periodista para escribir la historia que ha escogido contar, desde la óptica que prefiera. Pero al hacerlo sin insertarla en el contexto de corrupción que la envuelve, la libertad de expresión puede terminar sirviendo a propósitos protervos, confundiendo al lector y desgastando la credibilidad de la administración de justicia, así como debilitando la lucha de unas pocas instituciones y sus máximas autoridades por hacer cumplir la ley y evitar que en el futuro otros funcionarios desaprensivos vuelvan a delinquir.

Espero que esta breve reflexión impulse a la revista MundoDiners a sopesar en el futuro los pros y contras de publicar piezas periodísticas que, so pretexto de presentar la particular historia humana de un personaje, puedan influir de manera equívoca en la opinión pública, afectando negativamente el merecido prestigio del medio a su cargo.

De usted, atentamente,

Íñigo Salvador Crespo
PROCURADOR GENERAL DEL ESTADO

Nota de la Dirección

Estimado señor Procurador General del Estado
Doctor Íñigo Salvador Crespo

Gracias por leer la crónica y por su respetuosa respuesta al trabajo de la periodista Alicia Pérez, quien pasó dos años hasta completar una historia que quería mostrar un hecho anecdótico en torno a la mascota de un personaje que está sentenciado por casos de corrupción.

Una de las razones para publicar el artículo fue precisamente el concepto que usted anota muy bien: “Creo firmemente en la libertad de expresión y en el absoluto derecho que tiene un periodista para escribir la historia que ha escogido contar, desde la óptica que prefiera”.

De la lectura de la crónica podemos concluir que la periodista no tuvo ninguna intención de abordar las razones que determinaron que el personaje de marras permanezca en prisión, primero en Latacunga —donde comenzó la crónica— y luego en Ambato —donde la concluyó—.

Me pareció prudente la distancia entre la periodista y el sujeto de la información, quien intenta convencer a la periodista de ser víctima de un escándalo mediático. “Él me acusa de saber y yo le respondo no, yo no sé nada, Carlos” (textual, crónica “Capaya y Tomata”).

Este solo hecho confirma la honestidad profesional de la periodista sobre un caso juzgado y sentenciado. Sin embargo, reconocemos que la anécdota fue mal interpretada porque, según sus palabras, “la libertad de expresión puede terminar sirviendo a propósitos protervos, confundiendo al lector y desgastando la credibilidad de la administración de justicia”.

Puedo afirmar con toda honestidad que esa no fue la intención de la periodista; y aprovecho la ocasión para ratificar a nuestros lectores que trabajamos bajo la premisa del respeto a los principios universales de la libertad de expresión.

Con la mayor cordialidad,

Fernando Larenas

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