Carta del director

“Tenemos miedo a fracasar, por eso no experimentamos”, dice Millán Ludeña en la entrevista que Damián De La Torre le hace en este número. Millán, con una vida llena de adversidades (que comienzan por la epilepsia que se le presentó en la niñez, en medio de la pobreza que acosaba a su hogar), jamás se dejó vencer y estudió primero en la Politécnica y luego Agricultura en la Zamorano. “Uno es chiro pero antojado”, repite este guayaquileño con insistencia, mientras cuenta cómo luego se volcó al deporte, campo en que, a punta de coraje y tesón, logró hazañas que parecen imposibles. Se puso metas insólitas y las cumplió, hasta el punto de ser el primer ecuatoriano en obtener el Récord Guinness en deporte extremo, entre otros reconocimientos que se complementan con su prestigio de orador, cuya palabra llega a cientos de miles de personas.

La frase de Ludeña con que inicié esta carta lleva implícita la necesidad de correr riesgos y, en este instante, la hago mía. Por ello quiero compartir aquí las palabras que, hace unos días, envié a los colaboradores de Mundo Diners y que creo deben también conocerlas ustedes. A ellas hoy agrego mis agradecimientos hacia los miles de suscriptores que, con su interés y una constancia que no han decaído, han hecho posible que nuestra revista cumpla su meta más preciada: llegar a sus manos con temas de interés.

“Les escribo —dije a los colaboradores— con sentimientos encontrados: alegría y dolor.

“Alegría, por haber logrado que Mundo Diners haya podido mantener su prestigio y calidad durante los largos años en que recayó sobre mí la responsabilidad de dirigirla.

“Dolor por abandonar mis funciones para dedicarme a otras tareas que, fundamentalmente, tienen que ver con mi oficio de escritor. A esto se suma que la revista va encaminándose poco a poco hacia el mundo digital, esa cosa esotérica dentro de la cual me siento no solo torpe sino también inútil.

“El trayecto recorrido en la revista, del que tan orgulloso me siento, hubiera sido imposible sin el apoyo, la ayuda, la solidaridad de ustedes, que dignificaron sus páginas con sus crónicas y reportajes, con sus entrevistas, con sus columnas, con sus fotografías y su diseño. De todo ello ha brotado algo que valoro más que cualquier otra cosa: una amistad afincada en el respeto al pensamiento, que nos ha llevado a compartir, por igual, frustraciones y sueños.

Mundo Diners, pues, seguirá sin mí pero —de esto estoy seguro— encontrará nuevos y mejores derroteros bajo la dirección de Fernando Larenas, con cuya amistad me precio desde hace muchos años y cuya calidad humana e intelectual admiro.

“Por mi parte, he aceptado incorporarme al Consejo Editorial, con cuyo apoyo siempre conté y cuyas observaciones constituyeron para mí una guía invaluable, integrado como está por quienes viven, tan lúcida como apasionadamente, este proyecto editorial”.

Reciban, pues, amigos lectores, mi gratitud y la promesa de que, más temprano que tarde, nos volveremos a encontrar en el campo de la escritura, que es por donde he transitado desde mi ya lejana juventud.

 

Francisco Febres Cordero

 

Compartimos su artículo escrito para la primera edición de Revista Diners.
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