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¿Cancelar a los griegos? Mala idea

por Anamaría Correa Crespo

Pantenón griego.
Fotografía: Shutterstock

En el mundo entero se ha instalado la cultura de la cancelación. Cancelamos a artistas por haber sido presuntos abusadores de mujeres, a pensadores por misóginos, a filósofos por nazis, a políticos por esclavistas o incluso a países enteros por colonizadores.

Resulta odiosa y peligrosa la cultura de la cancelación, sobre todo cuando se trata de escritores, pensadores, filósofos, compositores, cuyo trabajo se dio hace siglos y cuya genialidad enriquece nuestra cultura, a pesar de sus demonios privados y el dolor causado. La mayoría de las veces, además, el cancelante ni siquiera conoce a fondo la obra del cancelado y, con una ignorancia supina y un sentido de moral pretenciosa, cree que ha hecho una gran hazaña escrachando a los pensadores.

Sé que muchos no estarán de acuerdo conmigo, pero creo firmemente en que la obra de arte, el trabajo intelectual o filosófico, la composición musical, trasciende las circunstancias personales, las inclinaciones sexuales y hasta los actos delictivos cometidos por su autor. Sí, así con todas sus letras. ¿Qué sería de mundo sin Bach, por ejemplo, o sin la filosofía racionalista de Descartes, los cantos de Pavarotti, El ser y el tiempo de Heidegger o la filosofía crítica de Foucault; todos ellos cancelados en los últimos tiempos?

La cuna de la cultura occidental en todas sus formas se gestó en la Grecia Antigua. La mitología, el teatro, la filosofía, la arquitectura, las matemáticas, todo eso ya estaba presente en la cultura griega cinco siglos antes de Cristo. Los griegos establecieron formas de democracia directa, sobre todo en Atenas. Además, tenían ya mecanismos de gobierno y diplomacia sofisticados, e incluso se aventuraron a establecer colonias más allá de sus territorios, por ejemplo, en la isla de Sicilia, en Italia.

En la ciudad de Agrigento en Sicilia, los templos con más de 2600 años de existencia nos dejan boquiabiertos, porque además están intactos. Es increíble pensar que esa civilización fue capaz de cruzar el Mediterráneo, construir esas inmensas columnas dóricas y erigir esos edificios monumentales.

¿Qué si la sociedad griega era una sociedad patriarcal y machista? Claro, la sociedad griega era una sociedad totalmente patriarcal, pues las mujeres ni siquiera eran consideradas ciudadanas.

Además, era una sociedad esclavista y esto no solo que era el modus vivendi, sino que también era defendido por muchos de los grandes filósofos como Aristóteles, quien pensaba que había algo natural en esta división de la sociedad. De hecho, el propio Aristóteles no votaba ni era parte de la democracia ateniense, porque él mismo era un foráneo y, por tanto, no era reconocido como parte del sistema político. Que resulta imperioso cancelar a los griegos, pensarán algunas voces pertenecientes a la nueva Inquisición porque, según los estándares actuales, estas condiciones son inaceptables.

¡No tan rápido! Resulta por lo menos ignorante juzgar el pasado con los estándares y ojos del presente. Es imposible empezar con la retahíla de cancelaciones con el argumento de que los griegos hace 2700 años, o Descartes hace 300, o Kant hace 250 tenían que pensar con los mismos valores de equidad de género que nosotros en el año 2023.

Digo que es ignorante porque, sin exagerar, las fibras más importantes de nuestra cultura occidental tamizada, en nuestro caso por el mestizaje, provienen de ahí. ¡Sería como escupir al cielo! Así que vivan los griegos y su legado y, si usted, lector, algún día tiene oportunidad, viaje a Agrigento y déjese asombrar por la belleza.

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