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Ventana interior

por Paulina Simon Torres

La vida en Canadá, como migrante, puede ser una ruleta que haces girar con el cuerpo, mientras tu mente se autoengaña con la idea del descanso intelectual. También puede ser el camino en bus al lugar donde caminas dieciséis mil pasos diarios para recoger el desorden de otros.

El bus de la línea 31 pasa por la esquina de mi casa todas las mañanas, a las 7:00, cuando aún está oscuro. Hace tres meses que soy amiga del conductor y perder el bus es casi imposible: si no me ve ahí, en la parada, me espera hasta tres minutos. También soy amiga de Jay, una mujer de Nigeria que espera el bus junto a cuatro niños menores de diez años. Se los escucha venir a un par de cuadras, antes de que tomen la curva y aparezcan frente a la parada. Al más pequeño lo sostengo de la mochila cuando el bus se acerca porque siempre está a punto de lanzarse, quiere ser el primero en subir.

Vivir en Canadá
Ilustraciones: Paco Puente

Jeba (la e suena como i) y Ali son una pareja de Bangladesh. Ali se baja antes, Jeba se sienta conmigo y muchas veces se recuesta en mi hombro y se duerme hasta llegar a su parada, un mall que queda a veinte minutos. Cuando todos se bajan me siento cerca del conductor y conversamos. Me cuenta sobre su dificultad para dejar el café, sobre sus hijos que lo visitaron por Navidad. Me habla de su esposa y son esas las historias que más me gustan porque me recuerdan a mí: ella quejándose de cómo él no le escucha ni le presta atención.

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Acerca de Paulina Simon Torres

Documentalista, escritora, profesora de cine, madre. Reparte el tiempo entre tratar de criar, tratar de escribir y tratar de filmar.
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