Skip to main content

Cambiar los pensamientos para curar el cuerpo

por Redacción Mundo Diners

Bienestar001a

Usar la mente para sanar. ¿Se puede? Varios autores coinciden en que sí, en que el ser humano tiene la capacidad de, a través de su mente, activar una cadena de reacciones fisiológicas que permiten modificar la química del cuerpo y sanarlo de sus dolencias.

joe dispenza1
81PUFuMS1rL

El neurocientífico Joe Dispenza es pionero en esta teoría, que desarrolló luego de haber sufrido un accidente que casi lo deja cuadripléjico. Los médicos le dijeron que la única forma de reconstruir su columna era con una compleja operación que él rechazó. Optó por buscar una forma de sanarse sin ninguna otra intervención más que su mente y su conciencia.

[rml_read_more]

En varios de sus libros cuenta cómo logró volver a caminar después de poner a trabajar su cerebro a su favor, es decir, generando pensamientos reconstructivos y visualizando su curación. De eso ya son más de treinta años. Esa experiencia se convirtió en un estilo de vida y a partir de allí Dispenza ha logrado que cientos de personas regulen sus dolencias a través de su mente.

No se trata de magia ni de milagros, tal como expone el autor, sino de entender que las convicciones que arrastramos y las emociones que sentimos se traducen en hormonas, proteínas y neurotransmisores que inciden en la salud. Dispenza lo ha comprobado a partir de monitorear cómo cambia el funcionamiento cerebral luego de que la persona realiza un trabajo consciente para elevar sus emociones.

“El cuerpo puede actuar como si fuera su propia farmacia. Un cambio de actitud puede cambiar la química del cuerpo y alterar el estado interno, permitiendo programar los genes de nuevas formas”, señala el también bioquímico y quiropráctico.

Pero, atención, no se trata únicamente de tener pensamientos positivos, sino de cambiar el estilo de vida, de tal forma que el cuerpo y la mente trabajen juntos. El esfuerzo consiste en sentir aquello que deseamos como si ya hubiese sucedido, es decir, vivir en la realidad que se anhela.

Una nueva generación de investigadores ha acuñado un término para el método que Dispenza describe: neuroplasticidad autodirigida (SDN, del inglés self-directed neuroplasticity). El término significa que la persona es quien dirige la creación de nuevas rutas neuronales y la destrucción de otras antiguas por medio de la calidad de las experiencias que cultiva.

Cuando nos enfrentamos a una crisis o a un trauma, invertimos demasiada atención y energía pensando en lo que no queremos en lugar de en lo que sí queremos, razón por la que muchas veces la recuperación es más difícil. Esto puede cambiar si es que decidimos enviar desde nuestro cerebro señales nuevas a genes nuevos. Siguiendo disciplinadamente el proceso, es posible alterar y controlar la fisiología al cambiar un pensamiento.

Como lo explica Dispenza en su libro El placebo eres tú: “Cada vez que pensamos, creamos sustancias químicas, el tema es que podríamos cambiar esa química cerebral con mejores pensamientos”.

Claro que la medicina tradicional nunca dejará de prevalecer en condiciones agudas; sin embargo, las condiciones crónicas que requieren un cambio de estilo de vida pueden encontrar una alternativa en esta propuesta, “lo que significa empezar a tomar diferentes decisiones y examinar los pensamientos y las emociones”.

Norman Cousins también dio fe de ello, incluso muchos años antes. El periodista estadounidense publicó en 1976 un artículo en el New England Journal of Medicine sobre cómo había usado la risa para revertir una enfermedad que podía haber sido mortal. Cousins padecía de espondilitis anquilosante, un tipo de artritis que provoca rigidez en la columna que con el tiempo se vuelve irreversible.

Convencido de que su persistente estado emocional negativo había contribuido a su enfermedad, decidió que también era posible que un estado emocional más positivo revirtiera los daños. En su libro Anatomía de una enfermedad, Cousins relata cómo mejorando su dieta, tomando vitamina C y viendo películas cómicas que le ayudaban a reír sin parar mejoró notablemente sus síntomas.

Y aunque esto pueda sonar anecdótico, y aunque hay quienes le restan mérito, las investigaciones muestran en la actualidad que lo más probable es que su “cura” se debiera a procesos epigenéticos, es decir, su cambio de actitud cambió la química del cuerpo, y esta a su vez alteró su estado interno, permitiéndole programar nuevos genes de nuevas formas. Simplemente “resilenció (o desactivó) los genes que causaban su enfermedad y reactivó (o activó) los responsables de su recuperación”.

Usted puede leer más sobre el tema en los libros que mencionamos anteriormente, donde constan análisis neuronales realizados a pacientes que usaron estas técnicas y también ejercicios de meditación que pueden ayudar. De todas maneras, nada se pierde intentando. (Ángela Meléndez)

Edición 456-Mayo 2020

Etiquetas: