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Calzado reciclado, ecológico y elegante

por Redacción Mundo Diners

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Los zapatos Rothy’s se tejen con hilo hecho a base de botellas de agua de plástico recicladas y otros materiales similares.

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Esta marca, que funciona entre Estados Unidos y China, está comprometida con la moda sostenible y responsable, y nació con la idea de transformar materiales ecológicos en productos elegantes. Como lo explican en su web (www.rothys.com), la idea de crear este tipo de calzado fue hacer “algo hermoso, pero con abundantes recursos disponibles y con un mínimo de desperdicio”. Hasta ahora han usado unos sesenta millones de botellas de plástico salvadas de vertederos y océanos para ponerlas al servicio de sus creaciones.

“Hay una enorme cantidad de desechos que van a los vertederos”, explica Roth Martin, cofundador y director creativo de la startup y añade que su proceso les permite “tejer piezas tridimensionales que utilizan la cantidad exacta de material que necesitan para crear la pieza”.

Entonces, para transformar las botellas en hilo, lo primero que hacen es cortar las botellas de plástico de un solo uso en escamas; luego, por medio de la compresión, convierten esas escamas en pequeños gránulos y finalmente en hilo que se tiñe y se pone en carretes para tejer los zapatos. Pero el proceso de creación de calzado requiere de otros cuatro ingredientes: tiempo, ingeniería, mano de obra y proceso técnico.

Primero, en el estudio de diseño en San Francisco (Estados Unidos), el equipo creativo identifica cuidadosamente una variedad de colores, patrones y estilos y desarrollan un CAD (diseño asistido por computadora, sigla en inglés) que se envía al equipo de China, lugar donde se producen los zapatos.

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El taller de China recibe el archivo, allí identifican lo que necesitan para fabricarlo y luego empieza el tejido de la parte superior. Aunque se podría pensar que están impresos en 3D, en realidad están tejidos en 3D, y aunque esos procesos pueden parecer similares, existen algunas diferencias importantes. Una máquina de tejer 3D tiene miles de agujas diminutas que, una vez programadas, corren de un lado a otro para crear un zapato de punto plano perfectamente hecho.

El tejido en 3D permite usar fibras técnicas y orgánicas para crear zapatos de punto con un desperdicio extremadamente bajo. Además, el tejido en 3D les permite perfeccionar el ajuste, el diseño y el color, produciendo zapatos sin costuras, lo que se traduce en comodidad y en un ajuste constante. Es decir, un zapato de esta marca no tiene remaches ni cordones, ni hebillas ni piezas adicionales.

Para las suelas Rothy usa caucho ecológico y, dependiendo de la silueta, inyectan color en el molde. La parte superior y las suelas se unen manualmente mediante un sistema de costura altamente técnico que reduce la cantidad de adhesivo necesario para su elaboración. El paso final es colocar las plantillas, que asimismo están fabricadas de materiales reciclados.

Pero el proceso de entrega también tiene una conexión con la sustentabilidad. Usan cajas resistentes que se envían directamente (sin desperdicios de empaque de caja en caja) al usuario final, de esta forma evitan cualquier contaminación posible. Pero trabajan en algo más: compensar las emisiones de carbono. Para ello compran compensaciones de carbono para cubrir la huella ambiental que no pueden controlar. Por medio de un programa llamado Carbonfree, su socio Carbon Fund (carbonfund.org) les ayuda a intercambiar su producción por créditos de compensación que benefician directamente a la selva amazónica en Brasil y a la conversión de biocombustibles en Estados Unidos.

Sobre los precios del calzado, para tener una idea un par de zapatos promedio cuesta entre 100 y 165 dólares. En la web de Rothy puede encontrar una detallada asesoría para comprar cualquiera de los modelos disponibles. Incluso, cada uno de ellos cuenta con una ficha técnica sobre sus componentes. Un clásico es la bota Chelsea o el Flip Flop, aunque los más vendidos son los de la colección El Punto y El Apartamento. Un dato interesante es que todos los productos (incluidos bolsos y mascarillas) pueden lavarse sin problema alguno.

En sí, esta empresa que vio la luz en 2016 y hoy crece a pasos agigantados, le apuesta a zapatos lavables y hechos para durar, que se traduce en menos zapatos en los vertederos. (Ángela Meléndez)

Fotografía: Shutterstock
Edición 461-Octubre 2020