La idea llegó a su cabeza en mitad de la madrugada, y le pareció genial: escribir un cuento sobre una cafetera dañada.
¿Qué pasó entonces?
Me despierto de madrugada con una certeza: debo escribir un cuento sobre la cafetera dañada. La idea es increíble en la madrugada. Me parece, de hecho, genial. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? ¿Cómo a alguien no se le ha ocurrido esa genialidad antes? Debo despertarme tempranito y escribir el cuento rapidísimo, antes de que alguien más me gane.
Cuando me despierto y me dispongo a escribir —tengo un pequeño problema, no tengo idea de qué pasa en el cuento. La cafetera está dañada, sí, ¿y? Recuerdo esa leyenda sobre Hitchcock que decía que tuvo un sueño —o una epifanía nocturna— en la que se le reveló un guion genial. Para que no se le olvidara, anotó la idea en un papelito y cuando se levantó a la mañana siguiente y lo leyó se llevó una gran decepción. En el papel decía: chico conoce chica.
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