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Más bellos pero menos perceptivos

por Gabriela Paz y Miño

¿Qué pasa si la expresión de un rostro humano se ve inhibida por un tratamiento cosmético como el bótox? Según últimas investigaciones, se afectarían nuestra autopercepción y capacidad de "leer" las emociones de los otros y de empatizar con ellas.

Botox
Fotografía: Shutterstock.

Los músculos de nuestra cara dibujan las emociones que nos han provocado ciertos estímulos, una sonrisa o un gesto de molestia, por ejemplo. Al respecto, la teoría del feedback o retroalimentación facial sostiene que una expresión de la cara puede generar su respectiva emoción. Se trata de un circuito de ida y vuelta permanente que ha sido estudiado profundamente por la psicología. ¿Quién es el mediador en este proceso? El rostro humano, con toda su capacidad expresiva y gestual.

Pero, ¿qué pasa si ese mediador ve limitada o paralizada parte de su capacidad de expresión por los efectos de un agente externo como el bótox? ¿Hay alguna relación entre la inhibición de nuestra gestualidad y cómo interpretamos con las emociones de nuestro interlocutor? O, dicho de otra manera: ¿además de los resultados estéticos, hay implicaciones emocionales e incluso relacionales y sociales?

¡Qué joven te ves!

Once millones de personas en todo el mundo utilizan bótox, lo que lo convierte en uno de los procedimientos cosméticos no quirúrgicos más comunes, según datos de UCSF Health. Su popularidad se debe, entre otros factores, a que suaviza las líneas de expresión, previene la aparición de nuevas arrugas, relaja los músculos y es rápido y reversible. Pero el bótox tendría otros efectos que están siendo estudiados por los especialistas. Entre ellos: los riesgos en la autopercepción y en las relaciones interpersonales de quienes se someten al tratamiento a largo plazo.

Nuevas investigaciones revelan que las inyecciones de toxina botulínica cambiarían la forma en la que el cerebro interpreta y procesa las emociones. Un riesgo real y un factor a considerar en la administración de un fármaco, cuyo uso cosmético fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) en 2002. El estudio Modulation of amygdala activity for emotional faces due to botulinum toxin type A injections that prevent frowning es uno de los más recientes sobre este tema. Publicado en la página Scientific Reports, en febrero de 2023, parte de que los humanos reflejamos las emociones de los demás mediante un proceso arraigado e inconsciente. Vemos una cara feliz, sonreímos. Vemos un ceño fruncido, contraemos los músculos faciales para imitar esa expresión e identificar y experimentar mejor la emoción asociada al gesto.

Los investigadores de la Universidad de California de Irvine (UCI) se preguntaron si, al impedir que algunos músculos faciales se contraigan, se afectaba el procesamiento emocional. Para averiguarlo hicieron una prueba: inyectaron bótox para paralizar temporalmente el músculo que fruncía el ceño a diez mujeres de entre 33 y 40 años, que antes no se habían sometido a este tratamiento cosmético. Midieron su actividad cerebral al mirar rostros que mostraban distintas emociones (alegría, tristeza, enfado, etc.), antes y después de recibir las inyecciones. Dos semanas después de administrar las inyecciones de bótox analizaron los cambios en el procesamiento emocional a través de una resonancia magnética.

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¿Los resultados? La aplicación del bótox provocó cambios en las respuestas a las caras felices y enfadadas. Esas variaciones se produjeron en la amígdala, la región cerebral responsable del procesamiento emocional. “Investigaciones anteriores también sugirieron una inhibición de la percepción emocional tras inyecciones de bótox en la frente y para eliminar las patas de gallo”, señala una de las conclusiones del estudio.

No se trata de algo trivial: en la capacidad de leer correctamente los gestos de los demás se basa la efectividad de la comunicación y de las relaciones sociales. Según los expertos, las dificultades en el reconocimiento de las expresiones faciales —incluso de esos microgestos que duran fracciones de segundos— se considera un síntoma de trastorno social.

No todo es negativo

La misma investigación sugiere que la retroalimentación facial también puede usarse para reducir la experiencia interna de las emociones negativas y promover las positivas. La hipótesis es que, sin los músculos implicados en la expresión de la ira o la tristeza, el cerebro no recibirá las señales faciales relacionadas con esa emoción.

El enojo, la preocupación, la tensión, la pena y, en general, los estados de ánimo negativos se expresan en la zona de la mitad inferior de la frente. Cuando experimentamos estas emociones, dos tipos diferentes de músculos se contraen y provocan la aparición de líneas de expresión o de preocupación. Al inyectar bótox en esa zona, se paralizan estos músculos del entrecejo. La emoción relacionada con esos gestos reprimidos también reduciría su intensidad.

Los científicos de la UCI encontraron que las personas que recibieron tratamiento cosmético de bótox en cuatro lugares distintos (no solo en la frente) tenían síntomas de ansiedad menores a otras personas que se habían sometido a otros tratamientos para la ansiedad.

Emociones neutras

Cristina Gabarre Armengol.
Cristina Gabarre Armengol.

Cristina Gabarre Armengol es psicóloga e investigadora especializada en rostro/cerebro. Es la creadora de FaceCode, un método de análisis facial que fusiona diversas áreas del saber, combinando conceptos de psicología y neurociencias, aplicados al rostro humano.

Para Gabarre el rostro es un complejo aparato biotecnológico que agrupa los cinco sentidos y en el que confluye la mayoría de sistemas del cuerpo humano. Por tanto, es el mediador más completo entre el cerebro y el entorno del ser humano.

Cuando las expresiones faciales propias se inhiben se afecta directamente la capacidad de “lectura” de los gestos y emociones de esos otros, sostiene. No poder fruncir el ceño o sonreír ampliamente nos deja en un espacio “neutro” para comprender y empatizar.

Incluso, explica la experta, hay estudios que demuestran que personas a las que se les inhibió parcialmente y de forma artificial su gestualidad, y se les pidió leer textos con connotaciones de enfado o tristeza, tuvieron dificultad para comprender la emoción expresada en las letras. ¿La razón? El cortocircuito en el vínculo entre la expresión y el lenguaje. “Te va a costar más enfadarte, si el gesto de tu rostro no puede acompañar esa emoción”.

En su propia experiencia profesional, Gabarre ha atestiguado los efectos psicológicos que produce esta incongruencia en personas que se han sometido por largas temporadas a tratamientos como el uso cosmético de bótox. La relación intrínseca entre el rostro y la emoción se ve modificada y causa ciertos desórdenes emocionales.

“El 90 % del comportamiento está plasmado en el rostro”, afirma Gabarre. Impedir esa expresividad, “aniñarla”, alterar la dinámica natural no puede ser completamente inocuo. “Por decirlo de alguna manera, el rostro es como una manguera conectada a un depósito (el cerebro). Si alteras ese canal intercomunicador, la experiencia también se modificará”.

Cara de “póquer”

Doctora Verónica López-Couso. Botox
Verónica López-Couso.

La doctora Verónica López-Couso, médica estética en Clínica Dermatológica Internacional de Madrid, reivindica los usos positivos del tratamiento cosmético con bótox, en personas con depresión o ansiedad. Se refiere al “efecto espejo”, actuando para inhibir las emociones negativas a partir de bloquear el movimiento de los músculos que generan los gestos relacionados con ellas.

“Hay un paper que habla y relaciona la toxina botulínica con la prevalencia de depresión, la cual se ve disminuida en sujetos que se han infiltrado toxina botulínica. La razón es que tienen un feedback de ellos mismos más positivo, sin ‘cara cansada’ y, además, su cerebro responde más activamente frente a las caras alegres”, dice López-Couso a Mundo Diners. “Y si vamos un paso más allá, estaríamos teniendo un feedback positivo, tanto físico como químico”.

López-Couso reconoce que los efectos en la zona del entrecejo afectarían también la percepción que los otros tienen sobre nosotros. “Puede que el feedback no sea todo el que queramos expresar ya que nuestra cara estará en un estado más similar al resting face o “cara póquer”. Sin embargo, no hay que olvidar que cuando expresamos emociones no solo usamos el tercio superior, sino que al sonreír usamos en torno a unos doce músculos y los principales están en el tercio medio e inferior, como el músculo cigomático o elevador del labio”.

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Autor

Acerca de Gabriela Paz y Miño

Periodista y escritora ecuatoriana, residente en Barcelona. Ha trabajado como reportera, editora y columnista en medios de Ecuador, USA y España. Actualmente colabora de forma independiente en periódicos y revistas de su país de origen y de acogida.
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