Bonsái = cultivo + arte
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Bonsái = cultivo + arte

La creatividad que exige el cuidado de estos árboles en miniatura va más allá de un hobby: requiere técnica y paciencia para modelar su forma y recrear paisajes de la naturaleza. Fotografías: Shutterstock, Cortesía Bonsai desde el Ilaló.

Llamarada, de la especie tecomaria, tiene 45 años y es el de mayor edad de los más de seiscientos árboles en miniatura de diferentes variedades que conviven en Bonsai desde el Ilaló, un lugar donde su presencia se traduce en el descanso, la paz y la espiritualidad que aportan.

“Son como ancestros que retornan a la vida en forma de árbol”. Así los define Guillermo Arellano, uno de los responsables de Bonsai desde el Ilaló, un proyecto liderado por Ángel Stalin Martínez, donde estos arbolitos se cultivan de una forma artística, ya que en ellos se busca integrar la pintura, el dibujo e incluso la poesía. Según los expertos, el bonsái es la combinación perfecta entre cultivo y arte.

Bonsai desde el Ilaló es un lugar impregnado de algo mágico, tal vez una sensación que se genera por su cercanía al volcán Ilaló, donde los bonsáis copian las formas de la montaña y se asemejan a su orografía. En este espacio se organizan interesantes talleres sobre las técnicas y cuidados que requieren los bonsáis, mientras que otra de sus actividades se centra en recuperar especies endémicas en el Ecuador mediante este arte, ya que las plantas nativas se adaptan muy bien a este trabajo, con la ventaja de que no necesitan aclimatarse.

Bonsái es una palabra japonesa que se traduce como cultivo en maceta: bon (bandeja) + sai (cultivar), aunque etimológicamente procede del término chino penjing o penzai, donde pen significa cuenco y jing paisaje. Con este término se define la creación de paisajes en miniatura exhibidos en una loza de barro. Los taoístas (siglo IV a. C.) pensaban que, a través de estas recreaciones de la naturaleza, se podían alcanzar sus propiedades mágicas. Más tarde, los japoneses desarrollaron sus propios métodos para crear árboles enanos, por lo que obtuvieron estilos muy diferentes a los del penzai chino.


A pesar de contar con estos datos, no es tan fácil ubicar su origen. Los responsables de Bonsai desde el Ilaló explican que “no es posible dar el dato exacto de dónde nació el bonsái, pues podría ubicarse en Nepal, India, Medio Oriente, Tíbet…”. Sin embargo, “estamos de acuerdo en que surgió hace alrededor de unos dos mil años, por la necesidad de contener en macetas a las plantas que se transportaban desde distintos lugares de Asia, como Taiwán, China o Japón”. En aquellos tiempos los bonsáis estaban reservados para la élite de la sociedad asiática y eran un símbolo de estatus y honor.

Bonsai desde el Ilaló, un proyecto liderado por Ángel Stalin Martínez, donde estos arbolitos se cultivan de una forma artística, ya que en ellos se busca integrar la pintura, el dibujo e incluso la poesía.


En resumen el arte del bonsái consiste en cultivar árboles y plantas, normalmente arbustos, con técnicas como el trasplante, la poda, el alambrado o el pinzado, entre otras. Así es como se controla su tamaño para que resulte notablemente inferior al que hubiera llegado a tener sin estos procedimientos. Otro detalle importante es que, durante su crecimiento, se irá modelando su forma para recrear una escena de la naturaleza.

Dado que son seres vivos, parece inevitable pensar que los árboles que experimentan ese proceso artístico podrían sentir dolor o sensaciones semejantes por el hecho de estar alambrados para mantener su tamaño reducido. En este sentido los especialistas señalan que es esencial tener un buen conocimiento de las técnicas para modelar y dar estilo al arbolito, lo que implica elegir el tipo de alambre con el grosor adecuado para enrollarlo alrededor de las ramas, y después mantener los cuidados necesarios para que se recupere satisfactoriamente del tratamiento.

“Muchas personas hablan con sus árboles”, asegura Guillermo Arellano, y es lógico, porque son seres vivos que tienen un papel fundamental en el ciclo de la vida. El agua, el viento, la lluvia, el sol… todos los elementos de la naturaleza dejan huella en ellos, pero también responden a otros estímulos, como pueden ser las voces de las personas, la música u otras condiciones que están a su alrededor.

En todo el Ecuador hay alrededor de un centenar de bonsaístas que aprovechan el potencial climático y la calidad de la tierra del país. De hecho, el sustrato volcánico es capaz de extender la vida de los bonsáis durante miles de años. “El arte del bonsái no es un simple hobby”, aseguran en Bonsai desde el Ilaló, pues “es un arte que te cambia la vida, por el aprendizaje que requiere y el nivel de paciencia que exige”. Al final, es un legado que puede pasar de una generación a otra.
En el caso de los bonsáis “hay que tener una buena raíz para resistir”. Si tenemos en cuenta que las raíces son el eje o cerebro de la planta, es obvio que esta máxima también aplica a las personas, y ahí tenemos un motivo más para identificarnos con los árboles y convivir con ellos en la armonía de los paisajes que nos brindan

Recomendaciones para tener un bonsái en casa

  • Leer y aprender lo que es el verdadero bonsái antes de tener uno.
  • Adquirir el bonsái en una tienda especializada donde enseñen cómo cuidarlos.
  • Recordar que un árbol es un ser vivo, por lo tanto, necesita ser tratado como tal: no se puede tener un bonsái encerrado, porque necesita la luz del sol y la lluvia. Si no es época de lluvia hay que regarlos de manera correcta.
  • Conocer los tiempos en los que se debe dar mantenimiento de raíces, cambio de sustrato, fertilización, poda, etc.
  • Investigar acerca de la especie para entender los cuidados que necesita. Muchas veces cometemos el error de llevar árboles de un clima a otro cuando se trata de especies que no se pueden aclimatar.
  • Ser conscientes de que nuestro clima es húmedo o seco, y tomar precauciones con nuestros árboles.
  • Buscar personas, asociaciones o clubes locales que tengan experiencia en bonsái para recibir consejos sobre este maravilloso mundo.
  • Viajar para aprender más: incluso en el mismo país se puede viajar a otras regiones y conocer otras técnicas de cultivo y formación.
  • No dejar nunca de disfrutar con este arte vivo.
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