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Blair Niles: turismo moderno en el Ecuador

por Fernando Hidalgo Nistri

Hacia 1921 llegó al Ecuador Blair Niles, una intelectual y viajera norteamericana que con su relato dio un vuelco respecto de otros viajeros que estigmatizaron con saña al país.

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Niles fue una talentosa y reconocida intelectual que se destacó como escritora y autora de unas cuantas novelas de éxito Strange Brother (1931) o East by Day (1941).. En su currículo aparece su célebre Condemned to Devil’s island, un trabajo que Hollywood llevaría al cine. La novela inspiró Papillon, la película en la que brillaron Steve McQueen y Dustin Hoffman. Pero además de ello, fue una trotamundos a carta cabal: estuvo en Europa, Asia y en buena parte de Hispanoamérica. Todo un récord en unos tiempos en los que la experiencia del viaje tenía acentos inconfundiblemente masculinos.

Uno de los capítulos más singulares de su vida fue su participación en la fundación de la Society of Woman Geographers. La corporación nació después de que Roy Chapman, el presidente del Explorers Club de Nueva York, se negara a admitir mujeres. “Womens are not adapted to exploration”. Él, misógino patrón, había sido un explorador y aventurero de la vieja guardia, cuya figura inspiró a Indiana Jones. La Society dio un vuelco completo al talante machista del club neoyorquino y propició una visión del viaje en versión femenina. Sus integrantes eran modernas, con carácter y open mind; promovían los valores de la diversidad, la inclusión social y la lucha contra el racismo.

Niles se casó dos veces: la primera con William Beebe, un reputado biólogo que vivió en Galápagos. Tras unos años de mala convivencia, la pareja se divorció. Entre las causas que Niles alegó para la ruptura fue el trato cruel del que había sido objeto. The New York Times se hizo eco del asunto y publicó un lacónico titular: “Naturalist was cruel”. Luego contrajo nupcias con Robert Niles.

Carácter del viaje

Fotografías del libro de Blair Niles.
Descendientes de una realeza desaparecida. Se han conservado los pies de fotos de la edición de 1923 del libro Casual Wanderings in Ecuador (traducidos al español).

Tal como lo explicó, su periplo fue “por placer, nada más que por placer”. Este detalle, sin embargo, puede llevarnos a equívocos. No fue una de esas viajeras joviales y despreocupadas a las que solo les interesaba los baños de sol o los momentos de relax bajo las palmeras. Por su condición de persona culta y con inquietudes, jamás hubiera tolerado un turismo gregario. Niles buscaba experiencias nuevas y de conocimiento. Su viaje fue una combinación de placer, búsqueda de exotismo y gusto por la aventura. A veces incluso se comportaba como una flâneur dedicada a deambular sin objeto concreto. En su calidad de trotamundos optó por visibilizar esos “más allá” situados fuera de los grandes centros neurálgicos del planeta.

La fascinación que en ella ejercían los viajes, sin embargo, no quiere decir que tuviera mucha afición por el riesgo. La épica distaba mucho de ser uno de sus fuertes. Muy lejos estuvo de ser una atrevida y desafiante aventurera dedicada a llevar a cabo empresas imposibles. La romántica “atracción del abismo” era en ella un sentimiento ajeno. Sus planes no estaban afincados en esas audacias que producían grandes dosis de adrenalina y que a veces terminaban en auténticas tragedias. Niles, como “turista de profesión”, procuró que sus viajes fueran más bien tranquilos y sosegados.

Feminista y observadora

Moderna, inquieta y empoderada, participó activamente en las luchas y en los debates feministas de la época. Niles buscaba libertad y realización personal. El viaje tuvo para ella un carácter emancipatorio, huir de la cotidianidad y de la monotonía que les imponía la sociedad de la época. Partir era una forma de transgredir unas normas tutelares que limitaban su libertad.

La experiencia del viaje fue una fórmula para construir el yo y una identidad propia. Gracias a este atrevimiento tuvo la oportunidad de reconocerse a sí misma y de reafirmarse en el mundo. El viaje supuso dar de baja ese estereotipo que había convertido a la mujer en un ser débil e ingenuo. En sus ansias de propinar un carpetazo a las inflexibles restricciones sociales, optó por descubrir y experimentar el mundo a su manera y con sus propios recursos. Ir a países exóticos no solo le otorgó autonomía sobre el espacio, sino también autonomía moral.

Fotografías del libro de Blair Niles.
Regresando a casa después del mercado. Se han conservado los pies de fotos de la edición de 1923 del libro Casual Wanderings in Ecuador (traducidos al español).

Ciertamente no fue una observadora pasiva. Uno de los deseos que movilizaron a Niles fue la búsqueda de lo inédito y de experiencias capaces de satisfacer su curiosidad. Si bien declaró su condición de turista, no por ello dejó de escudriñar y descifrar el paisaje humano que desfiló delante. Si algo le fascinaba era entrar en contacto con lo exótico y lo diferente. Sus objetos de interés eran esas fronteras mentales donde se experimentaba con la diferencia y donde afloraban las autenticidades del país. Su narración lejos estuvo de ser una simple colección de anécdotas simpáticas propias de una turista despreocupada.

Pero lo más importante de su viaje fue su actitud y su determinación por emitir “juicios justos”. Esto sí marcó diferencias con el viaje en versión masculina. Su gran empeño consistió en corregir las exageraciones y maledicencias en las que otros viajeros habían incurrido. Su mirada no fue colonial, ni menos aún respondió a los habituales complejos de superioridad que solían portar los viajeros. Niles más bien ofreció una descripción positiva y benevolente que desmentía los consabidos infundios vertidos sobre el Ecuador. Es más, cuestionó las virtudes de sus compatriotas y por último fue una crítica “de nuestra injusta fama de civilizados”. Siempre estuvo dispuesta a ser empática con los pueblos que visitaba y fue una convencida de la urgencia de derribar esas imágenes falsas de un país construido en el extranjero por “la enorme muralla del descrédito”.

Niles fue una aguda observadora a quien no se le escapaba nada, pero ciertamente las miradas fueron en doble sentido. Si bien miró, también fue observada al milímetro por la población local. En un país poco acostumbrado a ver extranjeros, los foráneos resultaban bichos raros que provocaban comentarios de toda clase. En sociedades pequeñas, donde todos se conocían, la vida privada tenía serias dificultades para permanecer en secreto. Los ecuatorianos acumulaban una larga tradición de espiar al otro y de practicar el placer del chismorreo. Esta era una actitud propia de sociedades en las que todavía el individualismo y la privacity no tenían arraigo.

El Ecuador moderno

Fotografías del libro de Blair Niles.
Un vaquero ecuatoriano. Se han conservado los pies de fotos de la edición de 1923 del libro Casual Wanderings in Ecuador (traducidos al español).

Uno de los asuntos más relevantes que destaca el relato de Niles son los evidentes progresos que estaba sufriendo el Ecuador. Ella fue testigo de una época clave caracterizada por las grandes transformaciones. Llegó en el momento preciso en el que el país daba un salto hacia la modernización. Su relato transparentó el ansia de las élites ecuatorianas por estar al día. En realidad documentó una sociedad en transición que se debatía entre el pasado y el futuro, entre la tradición y la modernidad.

Un indicador de los cambios que ocurrían es la transformación que había experimentado la infraestructura hotelera del Ecuador. El Guayaquil que conoció Niles ya era una urbe moderna donde los hoteles eran dignos y confortables. El Tivoli, el Metropolitano, el Victoria o el Ritz marcaron serias diferencias con los destartalados hostales de antaño. Esto mismo podía decirse de los hoteles de Quito y Riobamba. En esas fechas y para el alivio de los viajeros, también habían desaparecido las temidas pulgas ecuatorianas del “tamaño de elefantes”. ¡Niles encontró una sola! Incluso la cultura culinaria se refinó. ¡Por fin era posible comer bien en el Ecuador!

Esta viajera fue testigo de la irrupción de una sociedad más mundana, más abierta y acaso más superficial. De un mundo donde lo religioso lo era todo, los focos de interés se habían diversificado. Desde la década de 1910 es notoria la aparición de sociabilidades y comportamientos inéditos. Fue el momento en que surgieron los primeros dandis criollos que presumían de estar con los tiempos. Niles ya destaca cómo se había generalizado el gusto por hablar en inglés, algo que marcaba un toque de distinción.

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