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Birus

por Huilo Ruales

Por Huilo Ruales
Ilustración: Miguel Andrade
Edición 457-Junio 2020

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Finales de invierno, 2020

Hola, Birus, le digo al abrirle la claraboya por donde accede a mi buhardilla. Al parecer, le gusta el nombre ya que maúlla como contestando el saludo y prosigue su algodonado caminar hacia el trío de tazones de su pertenencia. Se detiene ante ellos, constata que están vacíos, voltea hacia mí su cara de malhechor y con su amarilla mirada de puma acompaña la diligencia de mis pantuflas desde el escritorio hasta el frigo. Se lame el hocico, por poco me lame el dorso de la mano, mientras vierto la leche, las croquetas y el agua. Vacía los tazones con avidez de convicto y, sin más, lengüeteándose el hocico y con la cola enhiesta como vapor de locomotora, desanda la habitación, brinca al tragaluz y se pierde en las techumbres. Nunca agradece, al menos ovillándose un manojo de minutos a mis pies.

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Finales de invierno, 2019

Lanudo, gris, cochambroso, se detiene ante la claraboya y a través del vidrio se dedica a fisgonear mi buhardilla como si buscara a alguien de su bando o a un enemigo. Me acerco sigilosamente, pero el gato se escabulle por la techumbre entre el revuelo de las palomas. Pocos días más tarde reaparece con su aspecto de pandillero saliendo de una reyerta. Entra, si quieres, le digo, abriendo de par en par la claraboya. Tomo del frigo el cartón de leche y la vierto en un tazón que coloco al pie de la ventana. Sus patas felpudas y mugrientas besan la alfombra y sin prolegómenos mete su lengua roja en el bol hasta dejarlo limpio y seco. ¿Te gusta el atún?, le pregunto, mientras me apuro abriendo una lata que igualmente la deja vacía. A partir de entonces empiezan sus esporádicas visitas que, al parecer, las cumple después de una batalla submundista o de una lid amatoria, de la que llega a veces rengueante y lastimado aunque siempre con aire de gladiador. Espartaco, justamente, es su primer apelativo. El segundo, sería Jack, cuando en la canícula del siglo, como si se le hubieran cocinado los sesos, se vuelve asesino en serie: cada vez llega trayendo en su hocico presas destripadas, ya sean palomas, mirlos, ratones.

A partir del otoño va espaciando sus visitas hasta desaparecer durante casi todo el invierno. Precisamente cuando se desata la pandemia y empieza el confinamiento, el gato reaparece y con un aspecto de estropajo. Hola Birus, le digo, rebautizándolo y tomándolo en los brazos por primera vez. Desde entonces, llega como si necesitase aparte de comida algo de afecto, de refugio ante la insoportable desolación del mundo. Una noche que el viento sopla como tormenta en altamar, el gato llega trayendo en el hocico lo que creo un guante de gamuza pero que, viéndolo de cerca, es un murciélago. Furioso, más bien del susto, de un puntapié lo expulso de mi buhardilla y cierro la claraboya como para siempre.

Mayo, 2020

El gato no vuelve, salvo en sueños o más bien pesadillas que empiezan con sus patas ensangrentadas manchando el vidrio de la claraboya y yo, tempanizado por la fiebre y el ahogo, intentando vanamente gatear para abrirla. Una madrugada me despierta su ronroneo. Hola Birus, le digo, sorprendido de verlo ovillado en mi cama. Intento hundir mis dedos en su algodonada pelambre pero palpo solamente el vacío. Entonces me doy cuenta de que el gato Birus y yo ya habíamos dejado este mundo.

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Acerca de Huilo Ruales

Escritor ecuatoriano cuya obra abarca todo tipo de estilos, desde la novela, crónicas, teatro, poesía, cuentos y microrrelatos. Es considerado uno de los escritores contemporáneos más importantes del país; sus obras han sido traducidas al francés y alemán.
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