Bandas femeninas en el Ecuador: entre lo popular y lo subterráneo
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Bandas femeninas en el Ecuador: entre lo popular y lo subterráneo

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Por Solange Rodríguez Pappe

Para The Cassettes se acabó la música. Herederas de bandas únicamente conformadas por mujeres (como The Runaways, Las Vulpess, The Gogo’s, L7 y Vixen), esta agrupación femenina ecuatoriana, con cerca de una década de trayectoria, dio en mayo pasado una noticia que desconcertó a los cerca de 11 mil “groupiettes” —nombre que las integrantes daban a sus fanáticos en las redes sociales—: se separaban. Aunque no hubo declaraciones oficiales y Nata Cassette, la vocalista, se mostró agradecida por el aprendizaje de esos años en una carta pública, el rumor a voces era que quienes conformaban la banda se habían vuelto una máquina de presentaciones y el tiempo de creación para un nuevo material había desaparecido, porque los compromisos adquiridos habían empezado a rebasar las buenas intenciones de las integrantes. Con la ruptura de The Cassettes se deshizo una agrupación que tenía una propuesta musical de gran fuerza interpretativa, pero han quedado otras gargantas, igual de poderosas, que están en pie de guerra desde el circuito under, algunas inclusive mucho más antiguas.

Onírica, Ácidas, Smoking Dolls son bandas de Quito, Guayaquil y Cuenca, también únicamente conformadas por mujeres, que relatan sus experiencias dentro de la música, una profesión que hasta hace unos pocos años era desempeñada únicamente por hombres y ha estado ligada por tradición a los excesos y a la vida salvaje; a ellas se suman, como invitadas, la compositora e intérprete Lucia Indher y la agrupación Vicky robot. ¡Qué suban todas a este escenario, nos dejen escuchar su potencia vocal y muestren su gran actitud!

Si no hay quien lo haga, hazlo tú misma

Pop, rock, metal, punk, rock alternativo, grunge pueden ser términos indistinguibles para alguien que no sea aficionado a la música, aunque puede decirse que se diferencian en tres cosas: ritmo, ideología y letras. Entre estas categorías genéricas, se desarrollan las composiciones de la mayoría de las bandas nacionales más populares. Lucía Indher, cantante y compositora, conocida por su nombre artístico Lucía del 69, explica el inicio del movimiento de música alternativa femenina en Guayaquil, tal y como ella lo vivió. Se da con el “riot grrrl” de la década del ochenta, lleno de figuras vocales punk muy guerreras (como la norteamericana Patti Smith), quienes tenían un compromiso con un discurso femenino de libertad, ya que hasta ese entonces las mujeres que hacían música eran subestimadas. Antes de que empezara a cobrar fuerza la idea “do it yourself”, bandera de lucha del riot, eran consideradas musas o fanáticas, pero no artistas.

El Ecuador no era la excepción; en ese entonces no había casi mujeres que pudieran tocar instrumentos porque no estaban preparadas para hacerlo; por 2006 aparece la primera agrupación de punk rock que surgió con la intención de ser netamente femenina: The Cassettes. Pero tuvo que colocar un baterista porque no había a quien poner en la percusión —dice Lucía refiriéndose a la primera tanda de integrantes que duró hasta el año 2010—. Luego se sumarían Andrea, Nata, Gabriela y Ángela, quienes alcanzaron popularidad con el tema Arnold Stallone, que Nata Cassette llevó hasta las instalaciones de MTV Latino para que lo colocaran en su programación. Sonar internacionalmente y a ese nivel fue un enorme logro para ese cuarteto en un país de limitadas oportunidades musicales.

Por su parte, Lucía también ambiciona: tiene una propuesta extravagante y teatral, mezcla de rocanrol, balada del setenta y blues, armando una escena que requiere de gran carácter en la exposición. Sus presentaciones se realizan junto con los Merry Brownies, en las que colaboran Fabricio, Carlos y Juan Francisco. El show incluye trajes elaborados, derroche de garganta y de histrionismo. ¿Quién dijo que el artista debe lucir como un ser mal vivido? Lucía pone como ejemplo a The Cassettes, quienes lograron el auspicio de la marca internacional Converse. “Lo under solo logrará respeto en este país cuando muestre sofisticación y entienda que se puede llegar a ser popular sin traicionar los principios de su música”, sentencia.

Mucho más antigua que The Cassettes, la agrupación quiteña Onírica: Damas del Metal viene haciendo música desde el año 2001 con una gama multifacética que ha ido desde el heavy hasta el power. Su actual vocalista, Paola Villacís, quien es también compositora de la banda, tiene una voz versátil que le ha permitido lograr los matices guturales del death metal, un registro muy poco usado en las voces femeninas. Tanto como Carolina, Magdalena y Ximena, las demás integrantes de Onírica han tenido preparación musical —en algunos casos académica, en otros la ha dado la experiencia profesional—, lo que les ha permitido compenetrarse y trabajar en una obra consecuente con su trayectoria en el rock, pero a la vez dirigida a todo el mundo. En julio lanzarán un CD con diez temas de composición original llamado Sociedad de piedra, trabajo con el que intentan reflejar la indolencia humana frente a situaciones que deberían generar más atención. Onírica ha participado también en el Quito Fest, festival internacional de música independiente que se realiza desde 2003, a más de dar concierto en varias ciudades del país. En la página de metal ecuatoriano, las integrantes declaran: “Nosotros creemos que también el sexo femenino es poderoso y talentoso. Las bandas no tienen que ser necesariamente masculinas para que sean exitosas”.

Ya sea desde el histrionismo más provocador hasta la interpretación más visceral, las mujeres que suben al escenario aprovechan la atención que tienen de parte del público para mostrar un discurso militante de su género y de su sexualidad. Eso marca la diferencia entre las voces populares que han estereotipado a las canciones de mujeres solo en el llanto por el amor perdido. Las hembras del rock ven más allá de ese idilio, ya que provocan y cuestionan a la sociedad con un discurso que no da tregua.

Un concierto ácido no apto para mentes moderadas

Maro, Lulú, Tatis, Jennyfer tienen en común que desde 2010 integran la banda femenina guayaquileña Las Ácidas. Han definido su permanencia en el medio como una cuestión de amistad y de química. Tatis, la guitarrista, cuenta sobre la elección del nombre para la banda: “Nosotras siempre seguimos la línea del sarcasmo en nuestras presentaciones, entonces eso puede resultar ácido para aquellas personas que son conservadoras”. Maro, la vocalista, es menuda y tiene una voz aflautada que a veces se enronquece, cuando habla ríe mucho y mira a sus amigas en busca de complicidad, pero sobre el escenario es una tromba que gira y se sacude usando su cuerpo para proyectar energía. Debajo de la tarima un grupo, en su mayoría masculino, baila buscando chocarse con violencia entre sí. Maro vocea en el tema Me das asco, mientras agita su cabello: “Eres malo en el sexo/ eres tan malo/ no me importa si me dices que soy puta/ no me importa…”, y los asistentes disfrutan su desinhibición y su frontalidad.

Que Maro haya pertenecido hace muchísimos años atrás a la iglesia mormona y que tocara cada domingo con la banda de la congregación es una imagen bastante lejana a la mujer que canta buscando hacer un sabotaje en las conductas morales de la gente. Tatis señala que haber formado parte de familias conservadoras es probable que haya hecho que Las Ácidas sean las chicas de acción y postura radical que son ahora, quienes planifican en cada concierto alguna pequeña acción subversiva; por ejemplo, durante su intervención en Muestra tu esencia rocker 2011, evento que pretendía poner atención en la música hecha por mujeres, repartieron unos dulces manabitas llamados chepitas, nombre popular con el que también se conoce a la vulva. El público enloqueció. “Dijimos que a las chepitas hay que tratarlas con ternura y comprensión”, añade pícaramente Lulú, la guitarrista. Nosotros creemos que uno puede enseñar a la gente a cambiar —declara Maro—: “Yo he logrado que mis papás comprendan que la música no es algo tan formal, pero no siempre fue así. Yo les tuve que enseñar”.

Al igual que Oníricas, Las Ácidas acaban de terminar un material que pronto saldrá al mercado, en el que constan siete canciones, ocho con un intro. Han trabajado con energía en ese proyecto, porque los meses pasados frenaron un poco sus presentaciones debido a que Jennifer, la baterista, estaba embarazada. Frente a la pregunta si es que no temen perder en el camino de la maternidad a este importante miembro de la banda, Las Ácidas contestan que se trata de un asunto de decisión y compromiso. “Ella sabrá si quiere darse el tiempo y si no quiere es su decisión y la respetaremos porque no creemos en los estereotipos, si va a seguir, encontrará la manera”.

Se busca bajista, se busca baterista

Smoking Dolls, agrupación de Cuenca, y Vicky Robot, de Guayaquil, han tenido complicaciones al momento de conseguir integrantes nuevos para sumar a sus estéticas musicales. Las primeras estuvieron muchos meses buscando una bajista hasta que se sumó a ellas una muchacha que ha empezado a acoplarse a los ritmos de la banda. Karina, quien toca la guitarra, relata que Cristina Navas, el miembro anterior, decidió dedicarse por completo a la vida académica y cambiar de prioridades. Son conscientes de los retos que el mercado les impone como una banda joven, partiendo del hecho de que en Cuenca no hay muchos espacios para hacer conciertos, por problemas de permisos municipales y rescatan la apertura que el local Welcome to the Machine da a las agrupaciones under. “Aquí si quieres hacer difusión debes sacar dinero de tu bolsillo, comenta Karina, pero vale la pena la inversión, porque haciendo música puedes sacar sentimientos que no podrían salir de otra manera”. Las Smoking Dolls tienen letras muy poéticas, textos sensuales como en el tema Matar mariposas, en el cual el amor frustrado se compara con esos insectos atrapados dentro del cuerpo femenino.

Vicky Robot, agrupación porteña, puede ser definida como una banda femenina más un chico. Dos de sus integrantes, Diu, bajista, y Jorge, en la batería, fueron miembros de la primera versión de The Cassettes que duró hasta 2010 y ahora, junto con la guitarrista Nahiara Morán, planifican su debut para dentro de un mes. Sobre la suma de Jorge a la banda, Nahiara declara que la búsqueda de una baterista fue una tarea titánica y desesperante. “Se hizo una audición y fue horrible” y aunque ellas hubieran preferido que todos los aportes de la banda fueran femeninos, reconocen el talento de Jorge y su destreza en la percusión. Diu intenta precisar las diferencias entre los géneros al momento de usar este instrumento. “El golpe de una mujer es diferente, es crudo pero no es fuerte”. “El prejuicio que existe sobre las bandas en las que hay mujeres es que las colocas en el escenario con un instrumento en la mano y ya tienes la atención del público, porque siguen siendo una rareza —dice Nahiara—, por eso muchas bandas solo han pensado en tocar, tocar, tocar y no en mejorar, ensayar o sacar letras nuevas; no se esfuerzan. Nosotras estamos muy preocupadas en hacer buena música, esa será nuestra prioridad”. Por ahora Vicky Robot trabaja en sus primeros temas y busca tiempo para ensayar disciplinadamente.

Las agrupaciones femeninas se mueven entre lo masivo y lo subterráneo, se las ingenian para sobrevivir y puede que no coincidan en puntos relacionados con su exposición mediática, pero sí concuerdan en que deben aprovechar para mostrar a la mujer contemporánea: audaz, inteligente, insurrecta y dispuesta a alzar la voz tan alto como sea necesario para que todos la escuchen, mostrando que son mucho más que objetos de deseo o un fenómeno curioso.

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