Edición 431 - abril 2018.
Si Europa estuviese poblada enteramente por ecuatorianos, hace tiempo que se habría construido sobre el mismísimo Coliseo Romano un centro comercial de gigantescas proporciones; habrían desaparecido los pueblos medievales que abundan, por ejemplo, en España, con sus iglesias, castillos y casas de piedra, así como han desaparecido acá los pueblos pintorescos que hacían de provincias como Imbabura, por ejemplo, para convertirse en una mixtura híbrida de casas con vigas y lozas a medio hacer en espera de que alcance el dinero para terminar un piso y otro y otro más.
Seguro habrían desaparecido, por ejemplo, las calles de piedra de Toledo y reemplazadas por pavimento como ocurrió acá con la calle Bosmediano de Quito. ¡Qué decir de la torre de Pisa!, seguramente demolida por torcida para enderezarla y hacer alguno de esos edificios modernos llamados yo-yo. ¡Qué peligro!, las bellas casas portuguesas habrían sido derrocadas como ocurrió con casi todas las casas de La Floresta que fueron vendidas, demolidas y acabadas, incluso si han sido inventariadas. ¿De dónde nos vendrá todo ese espíritu destructor del patrimonio? ¿Estará en nuestros genes?
Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
Si eres suscriptor de la edición impresa solicita tu acceso.
Si no lo eres, elige tu plan
Revista digital
DESDE- Acceso ilimitado a todo el contenido digital de revistamundodiners.com
Revista impresa + edición digital
DESDE- Revista mensual impresa + acceso ilimitado a todo el contenido de revistamundodiners.com
- Envío incluído


