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EDICIÓN 500

Arte

Danza y Teatro: disfrute y complemento.

Título: Luz María Cordero y su corte de honor. Fotógrafo: Serrano, Manuel Jesús Fecha: 1927. Técnica/soporte: Negativo-placa de vidrio/Vidrio. Dimensiones: 10,13 x 15,14 cm. Colección o titularidad: Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. Repositorio digital: Archivo de Fotografía Patrimonial - INPC

2 cadencias 1 escenario

por Genoveva Mora Toral / Redacción Mundo Diners

La danza y el teatro han jugado a complementarse y nutrirse. Han bailado y actuado de la mano sobre escenarios que se han enriquecido de su intercambio. Este es un recuento del tránsito de las artes escénicas de las últimas cuatro décadas. ¡Rómpase una pierna!

Danza. Teatro. Sí: se pueden escribir las dos palabras separadas por un punto. O se las puede escribir (y asumir) unidas por un guion: danza-teatro. Teatro-danza. O inevitablemente juntas, como en un acto de amor creativo: danzateatro. Y entonces vienen a la memoria Daquilema de Patricia Aulestia, y Santa Juana de América de Andrés Lizárraga, protagonizada por Isabel Casanova, considerada como la mejor puesta en escena de Teatro Ensayo, dirigido por Antonio Ordóñez.

¿Y si las separamos con un punto y aparte?

Danza: Wilson Pico, una de las figuras fundacionales de la danza moderna ecuatoriana. En la década de los setenta, incómodo con el ballet clásico y tocado por la influencia de Wigman y Grotowski, creó su propio lenguaje, particular y moderno, con más de un centenar de obras cuyo referente es lo social, dejando así su legado a la danza ecuatoriana.

México era el escenario donde se vivía intensamente la consolidación de la danza moderna y allá fueron algunos bailarines que regresaron con suficiente material para consolidarse. Kléver Viera bebió de las enseñanzas en ese país, pero fue también heredero del expresionismo alemán. En los años ochenta, cuando residía una temporada en Alemania, resolvió que más que el éxito le interesaba construir una obra nacida para la realidad a la que pertenecía, lo cual lo llevó a convertirse en un coreógrafo prolífico, creador de piezas que nacen de la literatura, de la fiesta popular y de su particular visión del mundo. Si algo también distingue a Viera es haber sido el maestro de varias generaciones de bailarines.

Wilson Pico
Wilson Pico. ® GONZALO GUAÑA

En 1984 se creó en Quito el Frente de Danza Independiente, conformado en su inicio por María Luisa González, Susana Reyes, Mai Scremin, Wilson Pico, Kléver Viera, Carlos Cornejo, Lucho Mueckay, entre otros. Todas, figuras que marcaron su impronta.

Y para alimentar el recuerdo hay que regresar a Mudanzas, creación de José Vacas, el indiscutible mimo ecuatoriano, y María Luisa González, bailarina y coreógrafa. Esa fue una propuesta que, con el lenguaje del gesto, le confirió otra teatralidad a la danza.

Susana Reyes en sus comienzos fue una gran impulsora de la formación dancística y generó muchos talleres con maestros internacionales. Alrededor de 1985 fue invitada al American Dance Festival de Nueva York, que le abrió las puertas y promocionó su trabajo. Allí, con el maestro Yukio Waguri, descubrió la danza butoh que le llevó a lo que después ella denominaría butoh andino, con obras como Oscuranto, Amakuna.

En el Frente de Danza Independiente, a finales del siglo XX e inicios del presente, florecerán figuras de la talla de Cecilia Andrade, Terry Araujo, Josie Cáceres, Marcela Correa, Carolina Vásconez, Ernesto Ortiz, quienes sin duda estimularán la naciente danza contemporánea.

María Luisa González
María Luisa González. ® GONZALO GUAÑA

En 1984 aparece en Guayaquil Sarao, dirigido por Lucho Mueckay, quien, por un lapso grande, junto a Jorge Parra, remeció las estructuras dancísticas de la ciudad con propuestas en las que se conjugaban la palabra, la danza y teatro, sostenidas en una dramaturgia atravesada por la ironía y la crítica social. Para muestra solo estos títulos: Amor… tiguando, Relatos de amor para-normales, Crónica de luto cerrado (bueno… no tan cerrado).

Derivado de Sarao surgirá Danza Sur, con varios montajes que germinaron a partir de la imposibilidad de contar con una sala de trabajo, cuestión que revirtió en lo que hoy se denominaría una danza expandida.

En 2010 se abrió otro lugar para la danza y el teatro, La Fábrica, dirigida por Nathalie Elghoul, una invitación a bailar, a residencias artísticas y también al teatro, donde varias obras del grupo Arawa dan cuenta de su mirada crítica.

Zona-escena, otro baluarte de la danza guayaquileña, emergió con La disolución, obra que daría brío para que Jorge Parra tomara un nuevo camino que se vería reflejado en obras como Punto cero, Vacío, Desterrada y, más adelante, Mía bonita, el cabaret de los afectos, además de continuar con su labor pedagógica y de gestor frente a los dos festivales más importantes de danza y teatro de la ciudad: Fragmentos de Junio y Fiartes-G.

A iniciar el milenio surge Muégano Teatro, el grupo que tiene dos personas que lo identifican: Pilar Aranda y Santiago Roldós. Muégano, se convierte en un espacio de dramaturgia para cuestionar no solo a la política y a la sociedad, sino al arte teatral; Karaoke, orquesta vacía o Asalto al centro comercial hablan desde esa posición.

Mientras en la década de los noventa nacen y se consolidan grupos de teatro, florece y se revela una dramaturgia propia, con autores como Isidro Luna, Arístides Vargas, Peky Andino, María Beatriz Vergara, Patricio Vallejo, Nixon García, Viviana Cordero, Roberto Sánchez, Cristian Cortez, Gabriela Ponce, Carmen Elena Jijón, Nadia Rosero, Aníbal Páez, Santiago Roldós, Fabián Patinho, Edu Hinojosa, Sebastián Cattán, Diego Ortega, entre algunos.

El teatro y la danza van tomando forma con propuestas concretas como la de Malayerba: Arístides Vargas, dramaturgo y director; Charo Francés, directora de actores quien, junto a Santiago Villacís y Gerson Guerra, dieron vida al reconocido Laboratorio Escuela Malayerba, por donde han pasado un extenso número de actrices y actores de este país.

El Juglar, creado por el argentino Ernesto Suárez, llevó al escenario una de las obras emblemáticas de la ciudad, Guayaquil Superstar, que en su tiempo sobrepasó las mil funciones, superada años después por la también famosa La Marujita se ha muerto con leucemia, de Luis Miguel Campos, dirigida por Guido Navarro y protagonizada por Juana Guarderas, Elena Torres y la muy recordada Martha Ormaza, personajes que se identifican con el tradicional Patio de Comedias.

Siguiendo con los grupos, Patricio Estrella y Pepe Alvear son la cara visible de La Espada de Madera (títeres), como de Contraelviento Teatro lo son Verónica Falconí y Patricio Vallejo. Este último ha trabajado en la reflexión teórica y la creación de un lenguaje teatral a partir de sus investigaciones sobre el ethos barroco propuesto por el filósofo ecuatoriano Bolívar Echeverría.

Teatro del Quinto Río, en Cuenca, tiene entre sus actores a Pancho Aguirre y a Diego Carrasco, sostenidos siempre en la dramaturgia de Isidro Luna, uno de los más prolíficos escritores de este país.

En Manta está La Trinchera que, a través de sus festivales, ha permanecido ligado al teatro y la danza del país y del mundo, producto del trabajo artístico y administrativo de Rocío Reyes y Nixon García, y a su necia persistencia por mantener el Festival Internacional de Teatro y el Encuentro Internacional Manta por la Danza, con 35 y 23 ediciones respectivamente.

También apareció Teatro del Cronopio, fundado y dirigido por Guido Navarro, el “maestro” del clown. Desde su escuela se difundió este género a todo el territorio y ahí se han formado varios profesionales connotados.

En estos últimos años resuenan Estudio de Actores, una cantera dirigida por León Sierra Páez; Zero no Zero, con María Beatriz Vergara y Teatro Ojo de Agua, con Roberto Sánchez y María Elena López.

Mitómanas es un “invernadero cultural” porque ahí se cosechan propuestas arriesgadas que rompen estructuras y cuestionan al propio teatro. Todo esto desde una visión de mujeres, cuya cara visible es Gabriela Ponce. Deus Ex Machina es otro grupo joven y entregado a la búsqueda de nuevos lenguajes, liderado por Sebastián Cattán.

Teatro del Cielo, en la línea del teatro gestual, dirigido por Martín Peña, es un referente de este género.

En el teatro espectacular en general, a pesar de que hay bastante formalidad en cuanto a lenguaje, se ha experimentado con montajes provocadores que salen de lo convencional, por ejemplo, Sin Teatro y Xona Bastarda.

En la escena para niños resalta eltrabajo de Círculo de Artes Escénicas, La Muralla, y en Guayaquil está el legado de Ana von Buchwald, apoyada por Marina Salvarezza.

El teatro de la calle es otro filón cuya tradición se sostiene con los Perros Callejeros y Carlos Michelena, El Miche, íconos de este oficio. Cuenta asimismo el llamado teatro comercial, el stand up comedy, el microteatro, líneas que abonan a la construcción de un escenario nacional.

Mujeres más allá de la escena

Si bien la mirada se ciñe desde los años ochenta hasta la fecha, se han destacado hitos de décadas anteriores. Imprescindible anotar que la danza en Cuenca no existiría sin la decisión de Osmara de León, la bailarina que se asentó en el Austro por azares del amor y tuvo que enfrentar no solamente la resistencia de la Iglesia, sino de un segmento influyente de una sociedad conservadora; no obstante, su persistencia y compromiso la sostuvieron en su labor e instauraron la danza moderna en la ciudad.

Si algo distingue al trabajo paraescénico es la decisión femenina que se inició cuando las Mujeres del Frente, un día de 1997, decretaron liberarse de la tutela patriarcal, iniciaron su camino y crearon No más luna en el agua en 1998, una convocatoria de Mónica Thiel, Irina Pontón, Josie Cáceres, Cecilia Andrade y Carolina Vásconez.

El reconocido Fite Q (1999-2010) lo propuso Carmen Ponce y tuvo su época dorada bajo la tutela de Rossana Iturralde, mientras Mujeres en la Danza permaneció vigente de 2003 a 2015, dirigido por Susana Reyes.

Con Bombos y Platillos registra veintidós años como el festival de títeres más importante del país, sostenido por Yolanda Navas. Mujeres en Escena, Tiempos de Mujer lleva veinte ediciones a cargo de Susana Nicolalde. Quito Chiquito (2007-2019), un proyecto muy significativo para la niñez, lo llevaron adelante María Fernanda López y América Paz y Miño. El Encuentro Nacional de Teatro Sol de Noviembre en Ambato, y mucho de la movida cultural de esa ciudad, ha caminado de la mano de la gestora y actriz Maritza Poveda.

Ángela Arboleda fundó el encuentro Un Cerro de Cuentos (2004-2014), que reunió a cientos de narradores orales nacionales y extranjeros, extendiendo luego su convocatoria a los más pequeños con Un Cerrito de Cuentos. Gabriela García es la cara visible de Manta por la Danza; Sofía Barriga del Festival de Contact Improvisación (2017-2022); OTRO Festival, a cargo de un grupo de mujeres lideradas por Synnove Urgilez.

Por otra parte, en un medio en el que cuesta tanto y hay poquísimo espacio para la investigación, vale señalar que el registro histórico de la danza y el teatro ha sido también tarea de mujeres: Danzahistoria (1994) es labor de Susana Mariño; de igual modo, la revista El Apuntador, fundada en 2004, así como dos libros clave que trazan y recogen los momentos decisivos de la danza y el teatro en el Ecuador, nacieron de la iniciativa y dirección de Genoveva Mora Toral.

Susana Reyes, Diners N°387~2014
Susana Reyes, Diners N°387~2014. ® GONZALO GUAÑA

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Acerca de Genoveva Mora Toral / Redacción Mundo Diners

Crítica e investigadora de danza y teatro. Directora/Fundadora de la Revista de Artes Escénicas, El Apuntador. Master en Estudios de la Cultura, mención en Arte. Licenciada en Lengua y Literatura.
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