
La muestra 'Viajeras y errantes' es una travesía, un viaje que mezcla los pasos de mujeres del siglo XIX y XX con las voces de 21 artistas contemporáneas que se mueven en el tiempo y el espacio en una búsqueda que muchas veces deja más preguntas que respuestas.
Alexandra Kennedy, curadora de la muestra, dice que errar no es lo mismo que viajar. “Errar es ir sin agenda alguna. Es lo contrario al turismo, que te saca de un aeropuerto y te deposita en un sitio sin permiso de los habitantes que habitan ese lugar”. Su reflexión es un atajo al sentido de la exposición: aquí no hay paquetes turísticos, sino rutas inciertas, desplazamientos forzados, migraciones que abren cicatrices y tránsitos espirituales que bordean el abismo.

Kilómetro cero
El recorrido por esta exposición comienza con viajeras que atravesaron el Ecuador hace más de un siglo: escribieron diarios, hicieron croquis, registraron plantas, describieron paisajes. Sus bitácoras, recuperadas en el trabajo curatorial de Kennedy, se entrelazan con obras que hoy interrogan al cuerpo en movimiento.
Juliana Vidal, por ejemplo, recoge testimonios de migrantes venezolanas en Cuenca, y en sus piezas se siente la fractura de la pertenencia, la intemperie de estar lejos y la violencia velada de una ciudad a la que le cuesta integrar a sus nuevas hijas.
Cada núcleo curatorial es una estación distinta, y un cruce de caminos de los saberes: Angélica Alomoto recurre a las hojas de guayusa y visiones típicas de la ayahuasca. Sus piezas como serpientes gigantes parecen contener visiones: sueños, desdoblamientos, pequeñas epifanías. “Son tránsitos totalmente místicos y totalmente extraños, provocados por cualquier cosa, por cualquier sustancia”, explica la curadora.
En otra curva de la exposición, Ana Fernández se pierde en la espesura de la selva amazónica y Karina Aguilera Skvirsky emprende un viaje personal y fotográfico al Chota en busca de sus raíces negras. El arte se vuelve genealogía mientras ella le da la espalda al espectador que se ve forzado a seguirla en su búsqueda. En el centro de la sala, dos animales gigantes y fantásticos, esculturas industriales de Libbi Ponce.






Cuerpos y territorios
El turismo también hace check in en este mapa. No el viaje ingenuo, sino la crítica a su banalidad. La obra de Karina Iturralde cuestiona la superficialidad de los recorridos planificados y plantea una errancia consciente: la posibilidad de habitar un lugar desde la fragilidad, no desde la conquista patriarcal.
La muestra reúne a artistas y personajes de generaciones diversas: desde reflexiones de una adolescente Mariana de Jesús, hasta creadoras con casi ocho décadas de trayectoria. María José Argenzio en La más castellana de América, revisita los capiteles (parte superior de una columna) coloniales de Quito y recubre sus negativos de pan de oro, como si devolviera a la superficie lo que la colonización intentó tapar en su intento de prevalecer sobre otros saberes.
Yanara Guayasamín sigue las huellas de la expedición amazónica de Isabel Gramesón de Godán: una barca, un video, una mujer que se interna en la selva, y el eco de su respiración todavía presente.
Y en una pantalla vertical Melina Wazhima, nos muestra un montaje del entrañable e inmenso AMAME (Archivo de la Memoria Audiovisual de la Migración Ecuatoriana) con videocartas de familias ecuatorianas frente a la separación de los procesos migratorios entre 1976 y el 2010. Afuera, asechan juguetones los animales fantásticos de Libbi Ponce.
Artistas de 'Viajeras y Errantes'
- Karina Aguilera Skvirsky
- Angélica Alomoto
- María José Argenzio
- Olivier Averlau
- Paula Barragán
- Juana Córdova
- Ana Fernández
- Isabel Ferrand
- Marcela García
- Yanara Guayasamín
- Maureen Gubia
- Judith Gutiérrez
- Karin Iturralde Nürnberg
- Carole Lindberg
- Paulina León, Mónica López
- Francesca Palma
- Libbi Ponce
- Manuela Ribadeneira
- Glenda Rosero
- Juliana Vidal
- Melina Wazhima
Donde termina el mapa empieza la ruta
Para levantar esta exposición Alexandra Kennedy trabajó un año investigando en diarios, novelas, archivos y películas. De un universo de cien viajeras, seleccionó cuarenta. Y con esas memorias como telón de fondo, hiló el diálogo con las artistas de hoy. “Lo que más quiere una curadora es que las lecturas que hacen los visitantes sean lo más múltiples posibles y se permitan pensar en otras cosas y se auto validen en sus propios viajes”, dice, como si fuera una invitación a errar.
Ese deseo se siente en el montaje: nada está dispuesto como catálogo, todo invita a perderse. Como en un viaje real, se avanza con la sensación de que la ruta puede desviarse, y eso es lo que plantean las obras que se exhiben.
'Viajeras y errantes' es un viaje en sí mismo. Lo que queda al volver es la certeza de que cada tránsito lleva a una forma de libertad, y que todas llevamos dentro algo que espera moverse. Así que agarren sus mochilas, olviden el GPS y vayan al Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo (MAAC). La exposición estará abierta hasta el 1 de febrero.

