
El Salón de Julio estará abierto hasta fines de septiembre, en el Museo Municipal de Guayaquil. En su edición de 2025, entregó USD 30 000 a cuatro obras, además de adquirirlas para la reserva. Los premios se dividieron por primera vez en dos categorías: emergente y trayectoria.
Uno: el camino de la izquierda
Para entrar al Salón de Julio hay dos escaleritas: derecha o izquierda. Al elegir la izquierda, lo primero que verá es ‘San Lázaro’, una obra del artista Eduardo Jaime que alude al cerro guayaquileño homónimo que ya no existe. En el cuadro, de un verde quemado, aparecen animales monstruosos, cocodrilos, monos, un montubio, restos de vida hoy desplazada.
Si avanza se encontrará con un pequeño salón en el que las obras exhibidas abordan relatos más íntimos y experimentales, como ‘De regreso a casa’, de la artista Pamela Hurtado, junto a ‘Fémur, Tibia, Peroné y Caucho, Guaya-kill’, de María Isabel Astudillo.
Estas obras ponen en diálogo la forma en la que se piensa la flora tropical: la primera desde una mirada íntima que evoca a una memoria migrante y su asentamiento en un nuevo territorio. La segunda lo hace, en cambio, desde una mirada pública, donde el espacio verde y salvaje está contenido por unas baldosas y sus rejas.

Si gira nuevamente hacia la izquierda se topará con las obras de Martina Miño, Ruth Cruz y Kimberly Yagual. Cruz siempre juega con la luz. Su pieza, ‘Medium de lo invisible’, pone en diálogo lo científico con lo espiritual. En su obra una máquina ilumina o apaga las formas de la ninfa, la bruja, el médium y la diosa preclásica. Estos espectros pueden permanecer encendidos al mismo tiempo, pero en sus sombras se construye otra forma de verlos.
La obra de Yagual lleva por nombre ‘¿Con qué sueñan las plantas?’. Se trata de una serie de organzas verdes -en simulación de un bosque- pintadas y sobrepuestas a la luz. Su punto de partida es la posibilidad de “suspender el deseo de dominarlas.”, como plantea el filósofo del mundo vegetal, Michael Marder, para “pensar con ellas”.
Martina Miño, en cambio, construye una ‘Herida celestial’. Se trata de una tumba en la que hay una herida que mira al mundo. Está construida con el mismo material del vidrio. En la oscuridad de la sala, solo podemos ver a partir de ella. Miño recurre a la idea del filósofo italiano Franco Berardi cuando dice que “la opacidad es la principal condición en nuestra relación con el mundo”.
Dos: el camino de la derecha
Si al entrar al museo, toma la escalera derecha, el recorrido conduce a una mirada sobre los archivos y sus ficciones. Frente a usted aparecerán obras como ‘A veces la pintura no deja ver’, o, ‘12 apuntes pictóricos para 72 posibles combinaciones de ideas para un Think Tank’. En esta obra del artista Marco Alvarado, las placas y los conceptos son intercambiables, lo que permite construir cualquier afirmación, ya sea sobre el “kapitalismo” o el “patriarcado”.
Este camino nos lleva a gran parte de las obras premiadas. Allí está ‘When the sun hits your face I am your shadow (Nosferatu Bottom)’, de Xavier Coronel, ganador del primer lugar en categoría trayectoria; el segundo lugar, ‘Juegos de la noche’, del artista Roberto Noboa. Y colgando, entre el techo y el suelo, ‘Con un huerto de verduras’, de Charlotte Föster, ganadora del primer lugar en la categoría emergente.


En ‘When the sun hits your face I am your shadow (Nosferatu Bottom)’ Coronel trabaja sobre imágenes de archivo fílmico a las que borra o distorsiona a través de la pintura, sus aciertos y errores. En la obra hay un cuerpo herido, un cuerpo andrógino. Con su obra, el artista, piensa en “reanimar la imagen-archivo como un simulacro de tradición pictórica”.
Noboa en cambio piensa “que cada obra se convierte en un archivo vivo, donde capas de pintura, texturas y materiales se superponen a lo largo del tiempo, dejando visibles huellas de su propio proceso”. En sus ‘Juegos de la noche’ hay varios elementos que conectan con sus obras pasadas: las canchas de tenis, los animales fantasmales, los espectros que rememoran la infancia, un bienestar aparentemente desgastado.
Föster, en cambio, piensa su obra como el plano de una casa que no se construyó, “un lugar que solo existió en el deseo”, un mapa encerrado en cera que se mira a sí mismo. En estas obras, las ganadores, hay un juego con el tiempo y la forma en la que se interpone, cubre o borra.
Tres: A través de sus conflictos
Históricamente, el Salón de Julio ha sido considerado como un espacio para dar visibilidad a la escena local del arte y como una forma de legitimar a artistas emergentes. Así pasó con Enrique Tábara, en 1967, cuando recibió el primer lugar por ‘Gris Precolombino’.
Su discurso rompió con la estética artística del momento, como señala el historiador de arte Rodolfo Kronfle. Algo parecido pasó con las obras de Ilich Castillo y Óscar Santillán, ganadoras del Salón de 2005, así como con ‘Ardo en un cemental que me llene toda’, de la artista Gabriela Chérrez en 2007.
Este año, el director del Salón, el artista, curador y crítico, Jorge Aycart, propuso como concepto: “escrutar lo pictórico hacia una abertura incansable”. Desde esta perspectiva la selección reúne obras que podrían hilarse -dice- desde “poéticas individuales”.

Así lo lee, Anthony Arrobo, artista y hoy Jefe del Museo Municipal. Este salón recoge multiplicidad de formas y estéticas, lo que otorga a la muestra un carácter diverso y plural, donde los temas y lenguajes se entrecruzan sin necesidad de buscar una homogeneidad forzada o lo que otros artistas llamarían “una obra salonera”.
Pero la última edición está definida por una nueva regla en las bases: la distinción entre las categorías trayectoria y emergente. Este cambio provocó que muchos artistas, que habían dejado de mirar el Salón como un espacio para la exhibición, y posible premiación de su obra, volvieran a postular en este encuentro. ¿Pero a qué costo?
Para la historiadora de arte Lupe Álvarez esta edición “está muy por encima de otras. Al menos de las dos últimas” aunque mira como “polémica”, la división de las nuevas categorías. Piensa que es necesario que el Salón de Julio reconozca la trayectoria de los artistas, pero por ahora la categorización de “emergente” y “trayectoria” fueron “muy vagas”.

