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Mundo Diners al día

‘Positiva’, o cuando el VIH nos compete a todos

por Óscar Molina V.

Exposición Positiva
Una de las obras de la exposición 'Positiva', en el Centro de Arte Contemporáneo. Foto: Cortesía.

‘Positiva’ es una muestra que recuerda, entre otras cosas, que de todas las personas viviendo con VIH en el mundo, el 53% son mujeres y niñas. También explora la necesidad de una cura.

Hay, desde la entrada al Centro de Arte Contemporáneo de Quito (CAC), una interpelación: “Nos hace falta hablar de VIH”. Han pasado 43 años desde que se registraron los primeros casos del Virus de Inmunodeficiencia Humana, pero aún no existe una cura -no ha habido, por ejemplo, la misma celeridad, ni el interés, ni el apoyo colectivo que sí hubo para desarrollar la vacuna del covid-19-, ni han caducado el miedo ni los estigmas con relación a quienes viven con el virus. 

Entonces sí, hace falta hablar, hace falta sentir, hace falta cuestionar, hace falta oír, hace falta recordar, sopesar el presente y, sobre todo, imaginar un futuro con respecto al VIH.  

Positiva’, la muestra y  residencia artística de cultura VIH latinoamericana, inaugurada a finales de abril, reúne el trabajo de nueve artistas multidisciplinarios -de Chile, Ecuador, Argentina, México, Colombia y Costa Rica-, y se encarga justamente de anticipar ese mundo siempre posible, y lo hace extendiendo un llamado colectivo: “Usted”, que puede o no tener el virus, “también es parte de esta historia”. 

“Yo confío en el poder del arte como una herramienta de educación”, dice Ricardo Luna, artista visual, fotógrafo, productor de la exhibición. “Y con esta muestra lo que queremos decir es que la historia del VIH es la historia de todos, no solo de los positivos (como se nombran quienes tienen un diagnóstico ídem)”. 

Recorrerla remite de inmediato a pensar en las acciones colectivas de cuidado que trajo consigo la pandemia reciente y en cuáles deben ser las responsabilidades sociales -y por sobre todo estatales- para seguir solucionando esta otra: hasta finales de 2022, según ONU SIDA, había 39 millones de personas viviendo con VIH en el mundo. 

“Es clave que haya pasado una pandemia”, agrega Luna, “porque  creo que se entiende mejor lo que cuentan las obras. Con relación al VIH, hace falta más medicina de prevención: que se lleven las pruebas a la calle, por ejemplo, como pasó con el covid. Por eso ahora es más fácil que se entienda y se le exija al Estado las herramientas necesarias para contrarrestar cualquier pandemia. El Estado sigue siendo responsable”. 

Vidas no medicalizadas

Los frascos, las pastillas. El reinicio del tiempo vital y su conteo. El desarrollo de los medicamentos antirretrovirales (que impiden que el virus se replique) marca un hito en la historia del VIH y en las cronologías personales. “El tiempo, antes, era una incertidumbre tremenda”, cuenta el fotógrafo mexicano Óscar Sánchez Gómez en una charla publicada en el perfil de Instagram de Positiva. Él se refiere a los primeros años del virus, cuando conoció su diagnóstico: “con la medicación, uno empieza a tomar el tiempo de otra manera: la pastilla cada día, el frasco cada mes”. 

Sánchez Gómez plasma esa temporalidad vertiginosa en sus fotos en blanco y negro: él, desnudo, con los frascos y las cajas de medicinas ocupando ese otro lado de la cama donde podría estar durmiendo un amante o una mascota; las pastillas dentro de un plato de sopa, colmando una cuchara plástica; las pastillas dentro de una papaya, asemejándose a sus semillas; las pastillas -tan omnipresentes- sellando los ojos y el beso de tres hombres entregados al deseo. 

Las pastillas también ocupan parte de la obra ‘Imago Virus’, de Rodrigo Ortega. En ‘Mecánica de la apertura’, este artista escribe un poema que acompaña una ilustración con las tapas de los frascos y una flecha roja, y que finaliza así: “Abre el frasco/ Traga /Hacia la derecha para que tomes / siempre tu pastilla / ¿Y si abro hacia la izquierda? / ¿Y si hacia la izquierda está la cura?”. 

Anthony Guerrero, escritor, gestor y curador de la muestra, dice que, desde el principio de la lucha por los derechos de las personas con VIH, la cura ha sido un horizonte. “Pero ahora, básicamente, estamos hartos. El tratamiento antirretroviral no es suficiente. Queremos vivir vidas no medicalizadas”. 

Por eso, la premisa de la exhibición de 2024 -la primera se hizo en 2015- fue pensar en cómo sería esa cura. Entre el 25 y el 30 de marzo de este año, los artistas se reunieron en Quito para conversar, inspirarse e imaginar ese panorama. Ese “horizonte radical” que contemplaron implica “una defensa de la vida para soñar futuros donde todos importen”. 

Guerrero añade: “Queremos, también, una cura para las situaciones sociales. Una cura contra el estigma y la discriminación. Una cura para la violencia basada en género. El racismo. Todas esas determinantes sociales que generan condiciones de desigualdad y, por lo tanto, de riesgo para que una persona se infecte”.  

'Positiva': pasado y futuro 

En los años 80, los medios de comunicación se referían al VIH como el “cáncer gay” o el “cáncer rosa”. Se pensaba que la transmisión se daba únicamente entre hombres homosexuales. Los años y los datos han desmentido este mito. A la entrada de la sala de la muestra, se lee: “De todas las personas viviendo con VIH en el mundo, el 53% son mujeres y niñas”. Y otro porcentaje elocuente: “En América Latina, solo el 72% accede a tratamiento antirretroviral”. 

Entonces sí, de nuevo, hace falta hablar de VIH, porque aún hay mucha desinformación, miedo y “una enfermedad lingüística que hay que curar”, dice Luna, y lo detalla. “Los términos que usamos son infección o transmisión. Este es un virus controlable, no contagioso”. 

Algunos de los slogans de los carteles “preventivos” de los primeros años del virus que Andrea Alejandro Freire reunió, como parte de la obra ‘Infirmitas’, siguen resonando con su eco estigmatizante hasta la actualidad; sobre todo en lo que concierne a la transmisión de madre a hijo. Un afiche de la época, con la imagen de una recién nacida, advierte: “Ella tiene los ojos de su padre, y el SIDA de su madre”. 

Futuro y pasado convergen en esta muestra reflexiva, abierta hasta el 1 de septiembre, desde los colores que la representan. Guerrero explica que el uso del rosado -en los números, las fichas artísticas- se debe al triángulo rosa de la organización ACT UP, pionera en la lucha por la atención médica, que a su vez alude al símbolo que usaban las personas homosexuales en los campos de concentración nazis. 

El azul que prima en las paredes, en cambio, convoca al futuro. “Nos inspiramos en las pinturas e ilustraciones de los movimientos zapatistas, que miraban al cielo como esta posibilidad de otro futuro”, dice Guerrero. 

En ese futuro está la cura. Por el momento, parte de la sanación, según el curador, es  poder vivir bien con VIH. “Es atender a todo lo urgente: tener acceso al tratamiento, combatir el estigma de la discriminación y poder seguir con nuestros proyectos de vida, nuestras familias, nuestras metas y nuestros sueños como personas”. 

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Acerca de Óscar Molina V.

Periodista. Su trabajo se ha publicado en medios como Gatopardo, Telemundo, Univision, El Espectador, The Clinic Online, Relatto, GK, entre otros. Fue editor de la revista Letras del Ecuador. En 2019 formó parte de la muestra Archivxs LGBTIQ+ en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito con la obra Contengo multitudes. Tiene una maestría en Periodismo por la Craig Newmark Graduate School of Journalism de The City University of New York (CUNY), y una Maestría en Creación Literaria por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España). Sus textos forman parte de antologías periodísticas y literarias en Ecuador.
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