
Con una muestra de la artista quiteña Pilar Bustos, el MAAC de Guayaquil renueva su programa Desde la reserva, un espacio que busca exhibir piezas de la colección que han sido vistas muy pocas veces por el público o, en muchos casos, nunca.
Un fragmento de la reserva del Museo Antropológico y de Arte Contemporáneo de Guayaquil (MAAC) se mudó a la entrada del museo y adquirió las formas, el movimiento y la naturalidad del trazo de la artista ecuatoriana Pilar Bustos, ganadora del Premio Eugenio Espejo 2015.
Esta muestra del programa Desde la reserva, que nació en 2016 y que ha tenido múltiples formatos, busca exhibir los bienes culturales de la Red Nacional de Museos, muchos de los cuales no han sido expuestos más de una vez. Ahora se presentan como una pequeña antesala a las exposiciones del MAAC: una invitación al museo y a sus complejidades desde aquello que se conserva.






Desde la reserva
Para repensar una nueva etapa de este programa, Andrea Mejía, quien se integró como curadora al museo, inició la revisión de las 3.600 obras que integran la reserva, con la finalidad de generar nuevas lecturas. "La idea -cuenta- es entender la finalidad que tienen estos espacios”.
Mejía tiene claro que muchas veces en los museos, que funcionan como espacios de colección, conservación y memoria, se ve obra de muy pocas mujeres. Pensó entonces que, para darle vida a la reserva, había que comenzar por “poner en evidencia", la práctica artística de las artistas que son parte de la colección, entre ellas Pilar Bustos.
En la muestra se exhiben cuatro dibujos de Bustos que forman parte de la colección del Museo: 'Pareja' (1994), 'Mujer Sedente' (1985), 'Hombre recostado' (1985) y una obra sin título también del mismo año. Tres fueron adquiridas por el Banco Central y una de ellas fue donada por la artista.

Las acompañan folios de periódicos que documentan el paso de Bustos por Guayaquil, desde finales de los años sesenta, cuando regresó de La Habana, Cuba, donde desarrolló sus estudios y comenzó a exhibir en Ecuador, hasta sus muestras más recientes.
“Para mí, el dibujo fue un leitmotiv y una condición femenina: es más rápido, siendo mujer, siendo madre, ocuparse del dibujo que montar un caballete y usar pintura”, dice Bustos en una entrevista desde la Casa de la Cultura Ecuatoriana, donde también participa en una muestra colectiva.
En su caso, nunca abandonó el dibujo porque logró construir un espacio íntimo con el trazo durante las noches, a solas, lo que le permitió ser madre y observar; viajar y observar; observar y convertir su mirada en un rastro.
Otras exposiciones en el MAAC
'Manifestaciones del monte', de Leandro Pesantes
Esta muestra curada por Dulcina Abreu presenta la obra del artista ecuatoriano en el cruce entre arte contemporáneo, espiritualidad y pensamiento animista. La exposición parte de la noción del "monte" de la etnógrafa Lydia Cabrera: un territorio vivo donde lo vegetal, animal, humano y espiritual comparten una misma energía.
Usando tierra, pigmentos, residuos orgánicos y materiales encontrados, Pesantes construye esculturas e instalaciones que emergen como presencias híbridas entre lo mineral, vegetal y zoomorfo, evocando saberes populares y prácticas rituales como amuletos, sahumerios y limpias.
'Imagen latente', de María Teresa García
La muestra curada por Fabiano Kueva y Pepe Avilés recopila el trabajo de 50 años de María Teresa García. A través de estas imágenes se ponen en evidencia un territorio, sus cruces afectivos entre lo religioso y lo profano, lo ancestral y endeble.
Pilar Bustos y sus dibujos
En los dibujos de Bustos hay detalles de cuerpos que se cruzan, se apoyan entre sí o se sostienen unos a otros. En ‘Mujer Sedente’ retrata un cuerpo femenino ante el paso del tiempo, una silueta que se apoya en el suelo y espera sin complicaciones. Mientars que en 'Hombre recostado' aparece una silueta en pose pensativa, un diálogo con la clásica escultura de Rodin.
En sus dibujos, las sensaciones tienen cabida aunque sus figuras humanas no tengan rostros y en muchos casos, tampoco un sexo definido. “La clave de la expresión artística de Pilar Bustos está en desnudar lo humano hasta llegar a su elementalidad de forma y gesto”, señala uno de los recortes de periódico que acompañan la muestra, citando al crítico Hernán Rodríguez Castelo.
Bustos, más que indagar en el movimiento de la figura humana desde el experimento, se ha dejado seducir por la vida cotidiana y la danza. “No quiero exaltar solamente la parte anatómica o corporal, sino también eso que es inteligencia”, explica Bustos.
Su obra atravesó la contemplación de sus días en La Habana, donde maestros como Ricardo Porro y Servando Cabrera la llevaron a indagar en el dibujo, el movimiento y la forma; una práctica que luego consolidó en soledad, entre los bailes de la noche cubana.
Para Mejía, su obra representa una pausa “por su potencia y sencillez, por sus gestos y poses que pueden ser muy cotidianos, pero manifiestan su fuerza a través de la línea negra sobre fondo blanco”. Los dibujos de Bustos trazan un marco que inevitablemente puede ser ocupado por cualquier cuerpo. “Estos cuerpos sin rostros se abren al cuerpo del otro y nos permiten habitarlos”, agrega la curadora.

