
Pakta Pakta es el nombre de la exposición que reúne a los hermanos Inty y Yauri Muenala bajo la premisa de ‘caminar juntos’. Pero esto no se refiere solo a los artistas, sino a todo el pueblo quichua del norte del Ecuador que, a través de su arte, nos invita a conocerlos.
Pakta pakta significa ‘juntos juntas’. Se usa en asambleas, mingas y marchas de los pueblos quichuas, a manera de convocatoria urgente para trabajar aunados. Pero también rebasa ese límite y entra en la vida conyugal. En este caso, guía a las parejas con el fin de que caminen al mismo ritmo y en igualdad.
Y esa expresión escogieron los artistas Inti y Yauri Muenala, junto con la curadora María Fernanda Cartagena, como nombre de su muestra conjunta. La misma que no se limita a ponerlos uno al lado del otro, sino que aspira a que sus ideas se alimenten y fusionen.
La exhibición está abierta en la sala B del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica de Ecuador y el sábado 29 de noviembre ofrecerá recorridos guiados a las 10:00 y a las 11:30.
Pakta Pakta

José Ortega y Gasset acuño la expresión “el hombre y su circunstancia”. Con ella quería decir que la identidad de una persona no se puede separar de su entorno. Y esa precisamente es la esencia de ‘Pakta Pakta’, porque además de contener las obras artísticas de dos hermanos, sirve para mostrarnos sus orígenes.
En sus trabajos las raíces y semillas son una metáfora sobre la tierra a la que están unidos. Pero también hay humo y agua -en pintura y físicamente, pues se pueden encontrar cuencos con ella- que hacen referencia a elementos sagrados del mundo indígena.
Los hermanos, aunque han caminado por sendas diferentes, trabajan sobre la misma materia, es decir, la cosmovisión andina y caranqui. Yauri Muenala teje palabras con hojas de maíz o plantas medicinales. Estas hablan de la resistencia y el coraje de los pueblos quichuas aunque, sobre todo, hacen mutar la musicalidad y la dulzura de su idioma en imágenes.
Su hermano Inty, en cambio, se apropia del oro codiciado por los conquistadores europeos. En sus lienzos, efectivamente, el dorado es un tesoro, pero no metálico. Es agua que, con forma de lagos, riachuelos o manantiales, habla de la trascendencia de un elemento que podría desaparecer por la sobreexplotación.
En suma, ‘Pakta Pakta’ es una invitación para comprender al otro y unirse en la diversidad. Se trata de fusionar nuestras maneras de entender el mundo, en vez de hacerlas colisionar.
Los artistas
Yauri Muenala es artista, antropólogo visual y educador. Su obra es, en realidad, un diálogo multicultural y busca ser amigable con la naturaleza, de modo que sus piezas produzcan el menor impacto posible. En 2022 ganó el Premio Nacional Mariano Aguilera en la categoría de Investigación por su proyecto 'Ñanta Mañachi, Préstame el camino: Autodefinir Prácticas Artísticas con Perspectiva Intercultural'. Ha sido expositor de diversas intervenciones artístico-culturales en países como: Ecuador, Italia, Francia, Estados Unidos, Brasil, Bolivia y Colombia.
Inty Muenala trabaja con diversas técnicas que van desde el video arte hasta las pinturas y la intervención de objetos. Sus trabajos suelen estar en los catálogos de galerías estadounidenses. Una porción importante de su obra se enfoca en la migración y el desafío de mantener una identidad, pese a la distancia con la tierra. En ese sentido, uno de sus proyectos es 'Mishky Way' que aborda el choque entre el inglés y el quichua que termina en una suerte de fusión entre el mundo de lo material y el de lo espiritual.

Pilches, nudos y agua







De entrada, en la exposición, el espectador se encuentra con frases del mundo indígena en cada pared. Están mezcladas con acrílicos que representan a lagos como el Titicaca sobre fondos rojo, azul y verde que recuerdan a los tejidos tradicionales del norte de Ecuador.
Las palabras se tejieron con hojas y refuerzan la idea de que la humanidad germinó de la tierra. La planta con más presencia es el maíz, cuyas semillas también tienen espacio, pero al interior de dieciocho pilches que reposan frente a la puerta de la sala. Además, dichas piezas fuman palo santo por uno de sus orificios. Homenajean así a los espíritus de aquellos que ya no se encuentran en este mundo, pero siguen velándonos desde el otro.
Esta sección de la muestra enlaza el trabajo de Inty y Yauri Muenala desde lo espiritual. Corresponde a su manera de entender el universo, las cualidades y defectos que los constituyen a ellos y el recuerdo de su tierra y de sus padres.
La experiencia colectiva

En el área izquierda de la sala se encuentra, como oculta, la sección más íntima de la exposición. Su parte central consiste en dieciocho lanzaderas volantes de un telar mecánico.
Cada una incluye pulseras con los nombres impuestos en español a personajes como Nina Pacari o Ariruma Kowii. Usando pequeños cordeles, el espectador puede girar las lanzaderas y descubrir el nombre que ellos escogieron en quichua, su significado y los años tanto del nacimiento como de la modificación.
A su lado se exhiben documentos personales, fotografías y libros sobre el pasado de los artistas. Sobresale en ellos su trabajo y el de sus compañeros -buena parte cobijados por el Taller Cultural Causanakunchik de los años setenta- para proteger y poner en valor la identidad indígena, al tiempo que enfrentaban la segregación en Ecuador y también fuera de las fronteras nacionales, en los Estados Unidos.
A este país llegaron Inty Muenala y su familia a finales de los años 90 en busca de oportunidades laborales. Una serie de fotografías impresas en acrílico lo muestran allí al lado de sus hijos pequeños y sobre un fondo de cartas que cuentan la historia del desarraigo en el extranjero. Este nace de la intolerancia y puede empujar incluso a la renuncia de símbolos de identidad como la trenza para evadir el rechazo.
Esa sección se cierra con dos telares fusionados al pie de un díptico donde aparecen un par de seres espirituales mirándose. La curadora María Fernanda Cartagena explica que decidieron colocar esas obras allí porque parecen resumirlo todo: dos artistas que, pese a las diferencias, se entrelazan en el gran tejido de la vida.

