
Como parte de la celebración de su decimoquinto aniversario, el Museo Casa del Alabado inauguró la exposición ‘No todo lo que brilla es oro’. La mayoría de piezas en exhibición son objetos metálicos, creados por culturas precolombinas del Ecuador.
Para las culturas prehispánicas de los Andes el metal era un material con profunda carga simbólica, apropiado y útil para representar el orden del cosmos y las fuerzas que lo habitan. El oro se vinculaba al sol, a lo divino y lo eterno; la plata, a la luna y a la renovación de los ciclos naturales; y el cobre, por su tendencia a oxidarse, se asociaba a la transformación y a lo humano.
Precisamente, las piezas de metal son las protagonistas de ‘No todo lo que brilla es oro’, una muestra que para Lucía Durán, directora de Alabado, abre la oportunidad para entablar un nuevo diálogo con las culturas prehispánicas. “Para mí, la conversación más importante con estas piezas es la trascendencia de las culturas que la elaboraron”.
1. ¿Corona o cinturón?

Al entrar a la primera sala de la exposición es inevitable no clavar los ojos en la pieza cilíndrica de oro que está en el centro. No se sabe si este artefacto, perteneciente a la cultura Carchi-Pasto (700-1500 d.C.), fue usado como una corona o como un cinturón. Lo que no está en discusión es que su brillo encandila y su forma y tamaño atraen como un imán. De lejos no se aprecian los detalles del repujado. Por eso hay que acercarse y agacharse para ver las figuras zoomorfas (apariencia de animal) y antropomorfas (apariencia humana) talladas con mucha habilidad sobre la lámina.
2. 'Black mirror' autóctono

En la segunda sala de la muestra, cruzando una pequeña cortina de tela, se exhibe una de las piezas más famosas de la reserva de arte Mena Caamaño. Nuestro ‘black mirror’ criollo es un espejo de obsidiana de 30 cm de diámetro y 2,5 cm de grosor, que pertenece a la cultura La Tolita (600 a.C 300 d.C.). Este espejo redondo, que por el paso del tiempo ya no refleja la figura de quien se pare frente a él, era utilizado según Carlos Montalvo, investigador del museo, para ver directamente al Sol. En las culturas mesoamericanas se lo conocía como espejo humeante y estaba relacionado a rituales religiosos.
3. Incas y reyes

A unos pasos de la corona-cinturón está la pintura de caballete ‘Incas y reyes’, del siglo XVIII y de autor anónimo. Esta obra se convirtió en un recurso visual para legitimar la nobleza indígena al vincularla a la monarquía española mediante una genealogía compartida. En esta pintura, que se parece mucho a las láminas escolares, los incas portan armas que dan cuenta de cómo los metales fueron utilizados para la creación de artefactos que comunicaban estatus y autoridad. Junto al cuadro se exhibe un puñado de cascos que fueron usados por las culturas Milagro-Quevedo y Manteño-Huancavilca.
4. Narigueras

Las narigueras eran uno de los objetos imprescindibles en el ‘outfit’ de las culturas precolombinas. En la muestra hay de metal, oro y cobre; unas son diminutas, como la yema de un dedo, y otras tienen el tamaño de un puño. Según los investigadores del museo había unas que eran utilizadas para la vida cotidiana y otras como símbolos de poder en ceremonias. Por su diseño, muchos estudiosos las consideran entre las piezas más fascinantes de la orfebrería precolombina. Orfebres de las culturas Valdivia, Machalilla o Jama-Coaque incluían en esta piezas figuras de animales y de dioses.
5. Piezas restauradas

De las 450 piezas metálicas que son parte de la colección del Museo del Alabado, 177 han sido restauradas en los últimos años. Entre esos objetos hay narigueras y orejeras de oro, así como cascos y unos pajaritos de plata de la cultura Manteño-Huancavilca. Montalvo cuenta que el proceso de restauración no se enfocó en devolver el brillo original a las piezas sino en detener procesos de oxidación de los metales. Como parte de la muestra, en la tercera sala se incluyó un video en el que se explica con detalle el proceso de restauración que se siguió con algunos de los objetos.

