Los Puertos Francos de Ginebra, en Suiza, almacenan la mayor colección de arte del mundo. Recorremos varios escándalos, polémicas y obras que ahí se guardan para entender cómo funcionan y cuáles son sus efectos sobre la experiencia del arte.
En los Puertos Francos de Ginebra se encuentran más del doble de obras y objetos que en el Museo del Louvre, por eso varias notas periodísticas los llaman “el museo más grande del mundo”. Pero nada más opuesto a un museo que una bodega repleta de creaciones artísticas, que no están al servicio de la sociedad. Pero esta cueva de Alí Babá —apodo que sus autoridades rechazan tajantes— provee de servicios y beneficios a los marchantes y coleccionistas más pudientes del planeta.
Ginebra es una ciudad pequeña, sin monumentos extravagantes o un extenso centro histórico, pero con entrañables rincones que brotan entre los colores ocres de sus antiguas edificaciones, el agua del lago Lemán con su chorro constante (Jet d’eau) y colinas repartidas que imponen la distancia justa para mirar los Alpes. Como en cualquier ciudad, también existen lugares por los que cualquiera pasaría sin advertir nada interesante.
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