
El Museo de la Ciudad se ha rejuvenecido y ofrece un viaje por Quito a través del tiempo. Esta aventura deja abierta, sobre todo, una pregunta: ¿existe un sola ciudad o hay varias?
Después de seis meses, el Museo de la Ciudad reabre las puertas de sus salas de exposición permanente ofreciendo una visión de Quito a través de diversas épocas. Los cambios, más allá de lo técnico -iluminación o señalética-, tienen que ver con la historia que se quiere contar.
Un museo rejuvenecido
Seis meses tardó la rehabilitación del Museo de la Ciudad. Para el trabajo se solicitó la colaboración de arqueólogos, historiadores y antropólogos. Ahora, la puesta en escena museográfica busca llamar la atención del espectador mostrando los cambios en la sociedad quiteña, a lo largo de los últimos siglos.
Si bien los objetos son los mismos de otro tiempo, el asesoramiento de los especialistas les ha otorgado un contexto que permite reinterpretar la historia a través de perspectivas de actores tan diversos como los afroecuatorianos, los indígenas, los estudiantes y las feministas. Y así, el viaje por Quito se siente mucho más humano: ya no se trata de pasear por una sala llenándose de datos, sino de sumergirse en la realidad de cada grupo social.
El objetivo se consigue también porque las salas son más interactivas. El espectador pasa a formar parte de lo que está viendo: los códigos QR junto a las vitrinas transportan a pasillos antiguos o hasta experimentos electroacústicos como los de Luis Humberto Salgado; se encuentran libros cortos o colecciones de cartelones que se puede manipular libremente y videos de la Cinemateca con una ciudad en blanco y negro que al final es la misma en que vivimos, pero se ve tan diferente.
Por último, la recreación de escenas de la vida diaria, con sus luces y sonidos ambientales, son un gran aporte precisamente porque le ponen carne y hueso a una historia que desde la escuela solo había sido una enumeración de hechos.

Un Quito, varias ciudades
El museo está configurado de modo tal que cada sala representa un periodo en la vida de la ciudad. Así, el recorrido arranca en los tiempos precolombinos, cuando la meseta de Quito contenía un puñado de asentamientos que poco o nada tienen que ver con la zona comercial y política de ahora.
La Carolina, por ejemplo, en la actualidad es una región donde florecen los edificios, mas en otro tiempo era un humedal con una gran laguna, mientras que en La Florida, Cotocollao o Rumipamba había humanos comerciando con vecinos de ambos ramales de la cordillera de los Andes.

Con el paso de los años y la llegada de los europeos, el que ahora es el centro de Quito se pobló y las zonas aledañas mutaron en satélites de la capital de la Real Audiencia. Para trabajar o vender sus productos, los indígenas entraron en las plazas y calles, dando lugar a la migración interna.
Y esta es la historia que cuenta el Museo: humanos llegando de poblados vecinos o ciudades distantes de la Sierra, la Costa y el Oriente para mezclarse en el tablero de ajedrez -el damero- planeado por los españoles. De vez en cuando, también aparecen oleadas de extranjeros pero, sobre todo, los migrantes del mismo país son los que configuran a la ciudad de hoy.

El quiteño
El ‘chulla’ quiteño en realidad es riobambeño, ambateño o lojano porque cuando la capital se transformó en un gran centro administrativo, llegaron a ella gente de otros lados –‘chagras’- para estudiar o ganarse la vida.
Con los auges y caídas económicas del siglo XX -cacao, banano, petróleo- Quito devoró a las poblaciones aledañas y sus administradores armaron planes para poblar lomas y rellenar quebradas. La necesidad de espacio produjo una ciudad que es muchas al mismo tiempo y el capitalino deja de ser unívoco: al norte, en el centro, al sur o en los valles hay versiones más o menos distintas unas de otras.
El Hospital San Juan de Dios

El museo se encuentra en el antiguo Hospital San Juan de Dios que en sí mismo es una pieza museográfica. Fundado en el siglo XVI con el nombre de Hospital de la Santa Misericordia de Nuestro Señor Jesucristo del Real Patrocinio, fue testigo de los cambios de Quito.
Entre sus paredes y ante la mirada de la Virgen de los Ángeles que se encuentra en la capilla que da al Arco de la Reina, Eugenio Espejo especuló sobre el origen microscópico de las plagas y curanderos indígenas o médicos de estilo europeo atendieron a enfermos de la mente y del cuerpo. El edificio fue, además de hospital, un asilo de pobres, hospicio y refugio.
Al parecer adquirió el nombre de San Juan de Dios cuando la orden betlemita se hizo cargo de él alrededor de 1706. Precisamente, una vieja cripta donde estos monjes depositaban a sus muertos está disponible para las visitas y que, sin ser parte del recorrido del museo, es ineludible para comprender a una ciudad antigua cuyo símbolo son las cruces de las iglesias y los monasterios.
Datos para recordar
- Ubicación: García Moreno S1-47 y Rocafuerte.
- Horarios: miércoles a domingo, 8h:30 a 17h:30 (último ingreso 15h:45).
- Costo de entradas: USD 5.
- Correo: comunicación.fmc@fmcquito.gob.ec.
- Teléfono: 02 381 3340, ext. 45.


