
Japotó se encuentra en Manabí, pero algunas de sus piezas arqueológicas visitaron Quito en formato digital. La muestra ‘Charapotó. Antes de la conquista, se llamaba Japotó’ echó mano del arte y la tecnología para dar vida al mundo precolombino.
Japotó se encuentra en la comunidad de Santa Teresa entre Charapotó y San Jacinto. En 2002, una misión arqueológica francesa-ecuatoriana puso al descubierto alrededor de sesenta tolas -grandes montículos de tierra- y piezas de cerámica pertenecientes a la cultura Manteña (600-1532 d. C.). Aquel es el génesis del Museo Comunitario que desde 2023 se levanta en la zona para proteger el pasado de Manabí y mostrarlo al resto del mundo.
Sus piezas permanecen allí para quien quiera visitarlas, pero no todos los ecuatorianos llegan a hacerlo, de modo que el artista e investigador Rubén Díaz tuvo la idea de circular algunos artefactos cerámicos por lugares distantes como Quito pero sin moverlos físicamente, es decir, usando fotografía digital. La muestra estuvo entre el 11 de abril y el 15 de mayo en el Centro Cultural de la Universidad Católica y contó, además, con una serie de torteros de cerámica fabricados por ceramistas de Santa Teresa. Ahora, todo eso se encuentra de regreso en su tierra.
Charapotó viaja a Quito

Díaz recurrió a Ernesto Salazar, profesor de la Universidad Católica y artista que trabaja con realidad expandida, para digitalizar las piezas del museo y convertirlas en imágenes tridimensionales. El resultado fue una visión en 360° de los artefactos, pero con una ventaja adicional: el escaneo hizo posible exhibirlas también en su estructura interna, como si la cámara hubiese realizado una disección.
Pero el proyecto -que tuvo el apoyo del Fondo de Circulación del Instituto de Fomento para la Creatividad e Innovación (IFCI)- no acabó allí: el objetivo era trabajar con la comunidad de Santa Teresa y enseñar al mundo su pasado. Así, se les propuso hacer tradicionales torteros manteño y utilizarlos en la recreación de paisajes de la zona. En la antigüedad, dichos artefactos servían para el hilado.
No obstante, la técnica de fabricación se perdió con el paso de los siglos. Por eso, diez ceramistas que colaboran con el Museo tuvieron que reaprenderla, guiados por un artesano de La Pila, parroquia de Montecristi conocida por sus reproducciones de arte precolombino.
Al final hicieron 800 torteros, 300 de los cuales forman parte de la exposición que llegó en abril a la Universidad Católica de Quito. Las piezas están decoradas con iconografía tradicional manteña y cuelgan de sogas, unas más altas y otras más cortas, para dibujar el perfil de Japotó con sus manglares y tolas. Mientras tanto, en las paredes, aparece la cerámica digitalizada.

Los manteños de otro tiempo
La cultura Manteña pertenece al periodo llamado Integración. Ocupaba playas, islas y montes de lo que hoy es Manabí y Santa Elena.
Cultivaron el maíz, la yuca, el cacao y el algodón usando terrazas. Sin embargo, su característica más sobresaliente fue la navegación: los arqueólogos sospechan que sus balsas estuvieron en las costas de lo que hoy es Panamá y México, adonde llevaban productos como la concha Spondylus.
Los cacicazgos manteños eran puertos y centros de comercio. Dentro de su gran espacio territorial se pueden encontrar artefactos exclusivos de esa cultura, por ejemplo, las sillas en forma de ‘U’ hechas de piedra.

De vuelta a casa
A finales de mayo, los paneles con torteros volvieron a Manabí, a la región que los inspiró. Rubén Díaz explica que la idea siempre fue hacer una muestra itinerante que circulase entre Quito y el Museo Arqueológico Comunitario de Japotó, aunque más adelante podría llegar también al de Hojas de Jaboncillo.
Con esto último se pretende hacer un encuentro entre los hallazgos arqueológicos de 2002 y otros previos, ayudando en la difusión y el conocimiento más claro de los manteños.
El Museo de Japotó funciona gracias al trabajo de la comunidad de Santa Teresa, cuyos miembros aprovechan sus diversos conocimientos e intereses para ofrecer servicios que van desde guías turísticas hasta gastronomía y venta de piezas de cerámica o de serigrafía.
Díaz explica que, al final, un museo no debería ser un lugar donde solo se guardan obras de arte precolombino, sino un sitio de encuentro en el que las personas preserven, difundan y conozcan su pasado. Y a eso, dice, apunta Japotó.

