
Con prendas que usan semillas de huayruro, algodón y fibras vegetales, el diseño kichwa de la Amazonía ecuatoriana llega hasta el corazón del New York Fashion Week.
Un velo, en forma de red, cubierto por semillas rojizas de huayruro irrumpe en la pasarela del New York Fashion Week, en Estados Unidos. Su imagen también aparece en las pantallas gigantes del Rockefeller Center, en Manhattan, y, al mismo tiempo, se proyecta al otro lado del continente, en las computadoras de los habitantes de la comunidad de Serena, en la Amazonía ecuatoriana, donde ese velo fue confeccionado.
La modelo, que esconde su rostro bajo la malla, también presume un vestido blanco de algodón y fibra de chambira y paja. En los tirantes, en el pecho y en los bordes se destacan nuevamente las pequeñas pepas que tienen un significado especial. “El huayruro lo usamos como protección. Es como cuando a los niños les ponen manillas rojas, aquí lo pusimos en todo el vestuario para que se convierta en un escudo”, explica Leo Cerda, diseñador kichwa y fundador de Hakhu Amazon Design.


A través de esta iniciativa, Cerda ha dado a conocer, en el país y en el extranjero, el trabajo de 30 mujeres Kichwa de su natal Serena, ubicada en la provincia de Napo. Ellas son las encargadas de confeccionar manillas, collares y prendas, como las que fueron parte de la colección “Amazonía Oscura- Ecos invisibles”, que se presentó a mediados de septiembre en uno de los escenarios más importantes del mundo de la moda.
Desde el 2016, sus creaciones mezclan la cosmovisión ancestral con diseños y telas más contemporáneas, pero siempre mantiene el mismo objetivo: que, al ver estas prendas, las personas sepan que fueron hechas en la Amazonía.
Esa combinación entre tradición e innovación ha llevado a que las artesanías de Hakhu se comercialicen en tiendas de Nueva York y bajo pedido en Estados Unidos. Y aunque esta es la cuarta vez que se presentan en el New York Fashion Week, para Cerda esta fue una ocasión especial, no solo porque esta colección es limitada, sino también porque pudieron hacer visible ese mundo intangible.
Desfile de saberes
“Amazonía Oscura- Ecos invisibles” se enmarca en el concepto del vestuario como escudo. En la cosmovisión de los pueblos amazónicos, las prendas no son solo un adorno; son una armadura espiritual y un mapa de conexión con dimensiones no visibles.
La voz de una mujer en kichwa introdujo a los asistentes a ese otro plano. Con este canto de fondo, empezaron a salir las creaciones de Hakhu. Un hombre vestido de blanco y negro, siguiendo la temática de su antecesora, presentó un pantalón y una camisa de algodón y fibra de chambira. Después, otra mujer con una red que cubría su cabeza y su frente, pero esta vez con semillas color tierra, reforzó el concepto.
La atmósfera cambió con la siguiente prenda. La modelo, esta vez, salió vestida con dos piezas negras, sus ojos cubiertos por un antifaz de red del mismo color y protegida, desde la cintura para arriba, con las semillas de huayruro, que estaban incrustadas en el vestido. Tras ella, la oscuridad acompañó a los siguientes atuendos.
La propuesta se enfoca en el vestido como una crisálida que muta para entrar en contacto con el mundo de los espíritus”, dice Leo Cerda
Así, a través de las 13 prendas, las personas se acercaron a esos seres de la selva y a las energías que sostienen lo visible e invisible.
Otro aspecto que hace especial a esta colección es el tiempo que tuvieron para prepararla. Cerda cuenta que recibieron la invitación un mes antes. Desde ese momento, se pusieron a trabajar día y noche con las fibras locales y las semillas para hacer realidad sus bocetos.
Esta propuesta de moda se realizó en conjunto con la dirección creativa de Larval Studio, liderado por la actriz y diseñadora Marina Flores, que se caracteriza por la intersección entre la moda editorial, las artes plásticas y el performance “para construir universos surrealistas que dialogan con la identidad de género y la herencia cultural”.
La colección es limitada y las prendas y accesorios solo se venderán bajo pedido.
Diseño amazónico
Hakhu va más allá de la moda. Cerda creó esta iniciativa con el propósito de que se convierta en una fuente de ingresos para las mujeres amazónicas y una motivación para proteger su hogar y sus tradiciones.
Al nacer y crecer en la Amazonía, el diseñador kichwa de 38 años ha visto de cerca cómo las amenazas han transformado su territorio. La minería, por ejemplo, poco a poco se expande en los alrededores de Serena. Por eso, encontró en las manillas una forma de preservar su cultura, mientras demuestra que existen otras fuentes de ingreso para los habitantes de la Amazonía, lejos de las actividades extractivas.
Cerda recuerda que todo empezó hace una década, cuando su vida estaba lejos del diseño y enfocada en políticas públicas y derechos de los pueblos indígenas. “Leo dame vendiendo esta manilla”, cuenta que le pedían las mujeres de su comunidad cada vez que iba a una conferencia internacional.
En 2016 renunció a su trabajo en una Organización No Gubernamental de conservación y, cuando regresó a Ecuador, empezó a pensar en formas de llevar a cabo un proyecto que “realmente le sirva a su comunidad”. Así, se le ocurrió potenciar las habilidades que ya tenían las mujeres para que sus creaciones sean más innovadoras. Contrató diseñadores para que le enseñaran a él sobre diseño y a ellas sobre nuevas técnicas y cómo combinar colores.
Gracias a estos esfuerzos surgieron colecciones como Land Back, Yaku Runa y Rumi Yura que han llevado ese mensaje sobre la importancia de preservar la cultura, la defensa del territorio y el legado ancestral a plataformas internacionales.
En 2023, Hakhu, que en kichwa significa “vamos juntos”, se convirtió en la primera marca amazónica en llegar al New York Fashion Week y en 2025 fue la iniciativa ganadora del Equator Prize 2025 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que reconoce el liderazgo en la protección del ambiente y la economía inclusiva.
Así, entre fibras de chambira y el destello de los huayruros, cada prenda que se expone en escenarios internacionales cumple una misión más profunda que la alta costura. Para Cerda, no se trata de conquistar pasarelas, sino de demostrar que el tejido tradicional es el mejor escudo de la Amazonía.

