Leonardo da Vinci vivió veinte años en Milán bajo el mecenazgo de Ludovico Maria Sforza, El Moro, duque de la ciudad. Esa larga estadía del genio universal, como lo llaman, en la capital económica de Italia, dejó una herencia que todavía perdura en la mente de los milaneses ávidos de experimentar en las artes y la ciencia.
El espíritu del genio universal vive en Milán. La capital económica de Italia tiene al menos cuatro lugares dedicados a las obras de Leonardo da Vinci, quien pasó más de veinte años en esta ciudad —en dos períodos, de 1482 a 1499 y de 1506 a 1513—, bajo el mecenazgo de Ludovico Maria Sforza, El Moro, duque de Milán. La memoria del científico, inventor, artista, ingeniero y anatomista, quien nació en Anchiano en 1452, muy cerca del pueblo Vinci, en la región Toscana, está presente en la Biblioteca Ambrosiana, en el Muzeo Nazionale de Sciencia e Tecnologia Leonardo da Vinci, el convento Santa Maria delle Grazie y en el castillo Sforzesco.
Quizá lo más importante de su legado está en la Biblioteca Ambrosiana, ubicada en la plaza Pío XI, en pleno corazón de Milán. Es una construcción imponente, de pisos de mármol y techos altísimos, fundada por Federico Borroneo en 1607 como un centro de estudio, intercambio cultural y diálogo. Tiene veinticuatro salas, entre ellas las dedicadas a Leonardo da Vinci.
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