En el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) cobra vida un proyecto largamente postergado: Cuando no duermo, sueño, la primera gran retrospectiva en Estados Unidos dedicada al artista cubano Wifredo Lam (1902-1982). Más que una exposición, es una cartografía de tensiones —entre Europa y el Caribe, entre modernismo y colonialismo, entre figura e hibridación— que invita al espectador a replantearse la historia del arte moderno.
No es una retrospectiva lineal. Con cerca de 150 obras —incluyendo pinturas, dibujos, cerámica, grabados y material de archivo—, la muestra recorre las seis décadas de una trayectoria que desafía categorías y fronteras.
El arte de lo diverso
Nació Wifredo en 1902, en Sagua la Grande, una ciudad azucarera del centro de Cuba, marcada por la plantación, la esclavitud tardía y el comercio global. Su padre, Lam Yam, era un inmigrante chino que había llegado a la isla como muchos otros trabajadores asiáticos en el siglo XIX; su madre, Ana Serafina Castilla, era una mujer de ascendencia africana y española. Esa mezcla —china, africana, europea, caribeña— no es solo una anécdota biográfica, sino el núcleo desde el cual nuestro pintor pensó el mundo.
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