Pablo Barriga (Quito, 1949) es un transeúnte atento. Le gusta caminar por la ciudad, recorrer sus calles y esquinas, ir por La Floresta, volver al Centro Histórico, visitar los parques, los mercados y las plazas. No camina con prisa ni solamente con los pies… camina también con sus ojos, con su olfato, con sus recuerdos, con su atenta mirada a cualquier cosa que pueda habitar luego en sus cuadros.
De eso va su más reciente trabajo “A modo de testamento”, expuesto en Anónimo, espacio de arte, en su barrio La Floresta, el mes pasado. Ciudad es una serie de dieciocho cuadros, acrílico sobre lienzo, de 60 x 70 y 60 x 80 cm, en los que el artista se vuelve una especie de cronista urbano. Los cuadros tienen los colores de Quito… los pasteles de las paredes de las casas del Centro, esos rosas, esos verdes, esos celestes, esos amarillos, tan propios de Quito, inconfundibles.


En esas caminatas por la calle Rocafuerte, por Santo Domingo, por los parques, por San Roque, el artista descubre no solo los colores, sino cosas que lo sorprenden: las cúpulas de las iglesias, la cafetera italiana, el carrito de los ponches y las espumillas, los faroles de San Marcos, la carretilla azul repleta de mandarinas, un gato distraído, la ropa colgada en un cordel, una bicicleta, una tienda de gorras… Cada cuadro es un mundo hecho de fragmentos e integrado a manera de collage en el universo del lienzo. En sus recorridos algo ocurre, algo lo sorprende, le llama la atención y, cuando está frente al lienzo, aparece, con la revelación de las cosas cotidianas que impresionan, con esa magia de quien observa y que luego es capaz de crear otra cosa.
Has llegado al límite de artículos gratis para este mes.
Si eres suscriptor de la edición impresa solicita tu acceso.
Si no lo eres, elige tu plan
Revista digital
DESDE- Acceso ilimitado a todo el contenido digital de revistamundodiners.com
Revista impresa + edición digital
DESDE- Revista mensual impresa + acceso ilimitado a todo el contenido de revistamundodiners.com
- Envío incluído


