Skip to main content

Mundo Diners al día

“La revista Diners se convirtió en el registro de la vida cultural del país”

por Gabriel Flores Flores

Cuvi

Así define Pablo Cuvi el valor de la revista Mundo Diners, que este mes celebra su edición 500. En esta charla habla de sus crónicas de viaje, de sus entrevistas y del arte ecuatoriano.

¿Cómo comenzaron las crónicas de viaje de Mundo Diners?

En 1983 me reuní con el señor Soto (Rubén) y Ernesto Albán. Soto, que no conocía mucho el Ecuador, organizó un primer viaje por medio país. Luego de eso, dentro de la revista, quedó establecida la sección de crónicas de viajes, que con el tiempo se volvió una parte clave de su identidad, durante los primeros 200 números. 

¿Qué recuerda de ese primer viaje?

He perdido dos libretas en mi vida. Una de esas fue en el primer viaje, subiéndome a un muro para tomar una foto de la iglesia de Latacunga, que es muy bonita. Me acuerdo que al inicio preparaba mucho los reportajes, como hace uno cuando es nuevo; y también leía libros, entre ellos los de Filoteo Samaniego, que hablaba de viajes por el Ecuador. 

En pocos años recorrió todo el país. 

Lo que voy a decir es un cliché, pero era otro Ecuador. Era un país mucho más provinciano. Había pasado el primer ‘boom’ petrolero, pero no llegó a todos. Los caminos eran muy malos, por eso irse de viaje era una aventura. Recuerdo uno a Esmeraldas, que viaje en autocarril. Era medio peligroso pero también muy pintoresco ver esos paisajes.

Lo interesante es que en los años 80 se estaba consolidando una nueva clase media urbana, ávida de cultura, por eso gusto mucho la sección, al igual que la Galería y las entrevistas. Por esos años, aunque parezca increíble, se inauguraban hasta tres muestras de pintura cada semana. La gente de Quito comenzó a viajar mucho a Atacames y los que tenían más plata, a Salinas. 

Luego vinieron los viajes internacionales, ¿cuál fue el primero?

El representante de Lufthansa me invitó a un viaje para ir Alemania. Le dije que me iba, pero si también me mandaba a Francia, ¡imagínate, yo en esas plumas! Viajé en un jumbo, uno de esos aviones muy grandes de dos pisos. Me mandó en primera clase, yo recién salido de mochilero y me pasaban champán y caviar. Antes de la cena transatlántica, ya estaba chispo. En ese viaje también visité Islandia, Italia y Austria.

¿Imagino que para ese momento ya era la envidia de otros periodistas, de sus amigos y hasta de familiares?

Sí, porque me había inventado un trabajo que en los años 70 hacía pero de mochilero, sin un centavo viajé por toda América Latina. En esos primeros años me encontré con un amigo en Brasil. Estábamos en el Carnaval de Río y yo me estaba quejando de algo y él enseguida me insultó y me dijo que tenía el mejor trabajo del mundo. A lo que yo, enseguida, le di la razón. La verdad era un trabajo muy entretenido.

¿Pero supongo que no todos los viajes fueron entretenimiento y en primera clase?

En Ecuador, los caminos eran muy malos y con pocos servicios. En Esmeraldas había mucha pobreza y marginalidad. Estuve en un caserío en el que la llegada de la primera televisión fue como si nuestro Señor Jesucristo hubiese aterrizado ahí mismo. La idea de estas crónicas no era hacer denuncia social sino más bien contar las cosas simpáticas.

¿De la colección de viajes que tiene hay alguno que lo haya marcado?

Uno de los viajes más fuertes fue a las minas de Nambija (Zamora Chinchipe). Fue impresionante por el trayecto, no había camino y porque las minas eran un hueco sin Dios ni ley, en medio de un lodazal, prostitución y tráfico de oro. El lugar era una avanzada de los graves problemas que tenemos ahora con la minería ilegal.

¿Para usted, cuál es la importancia de la sección Galería. Muchos dicen que en los 80 fue la única vitrina del arte ecuatoriano?

En los años 80 y 90 la revista era cuadrada y en la portada siempre salía un pintor ecuatoriano. Se convirtió en un espacio tan importante, que llamaban de Guayaquil a pedir dos cuadros del pintor que acaba de salir y, claro, nosotros les decíamos que hablen directamente con el artista. En esa época, los periódicos y revistas impresas tenían mucho peso. En el número 200 se cambió el formato de la revista a la actual, sin embargo, la sección Galería ha seguido mostrando el arte del país y del mundo.

Y en relación con las entrevistas, ¿cuál resultó la más incómoda?

La que le hice a Velasco Ibarra. Yo todavía era mochilero. Estaba en Buenos Aires y conseguí su número. Vivía en un nivel de pobreza que si usaba la moneda que era para la llamada no podía irme en tren y volver a la casa donde vivía. No tenía grabadora ni casetes. La entrevista la hice sobre unos casetes de The Beatles que me dio un amigo músico. En todos esos términos, la entrevista fue incómoda. Luego, cuando ya hice la conexión con Velasco Ibarra fue fantástica. La diferencia era que él ya era un señor de 82 años y yo un mochilero de 24. 

¿Y la que ahora recuerde más?

Me gusta muchísimo la entrevista a la fiscal Diana Salazar cuando recién empezaba. Fue impresionante descubrir a una mujer con mucha fuerza, a pesar de los problemas de racismo y pobreza que había vivido. Ahora ella es la heroína nacional y el gran personaje de Ecuador. Mientras conversábamos la vi tosiendo y le pregunté si tenía alguna alergia, y me respondió que eso le pasa cuando se pone tensa. Y que así se había puesto en la audiencia de imputación a Luis Chiriboga, a quién llevó a la cárcel. 

Por lo general, las revistas duran unos cuantos números y desaparecen. Mundo Diners celebra su edición 500, ¿dónde radica su valor?

La permanencia de la revista Diners es casi un milagro, porque las revistas de todo tipo han durado muy poco en este país. Para mí, el valor de la revista es que en sus páginas está el registro, desde los años 80 hasta este momento, de lo que ha sido la actividad cultural en el Ecuador y eso es importantísimo, porque con el cambio a lo digital la gente ha perdido el sentido de pertenencia. 

Etiquetas:

Imagen de perfil

Acerca de Gabriel Flores Flores

Periodista. Máster en Literatura Hispanoamericana y Ecuatoriana y Licenciado en Comunicación Social. Pasé por las redacciones del HOY y El Comercio. También fui librero. Desde hace más de una década escribo sobre literatura, teatro, cine, arte, series de televisión, gastronomía y coyuntura cultural.
SUS ARTÍCULOS