“Nací en la maternidad Isidro Ayora, cerca de La Alameda y su lúgubre laguna. Crecí, morí y resucité en El Tejar. Mi jardín se llama jardín de infantes San José de El Tejar. Los martes en la mañana veía a las niñas de la escuela bajar a la misa en la iglesia. Compraba hielo seco, fumaba desde esa edad. Mi amiga Daniela tenía una pierna distinta a la otra. Yo tenía un ojo distinto a mi otro ojo. Usaba lentes.
Desde mi escuela Leopoldo Chávez, miraba el Pichincha antes del recreo o cada vez que salía al baño. Para ir al baño cruzaba el patio donde las bombas lacrimógenas caían. Estaba en una zona de protestas y paros. Prendía diablillos, jugaba a policías y ladrones. Admiraba la cabellera larga de las vírgenes de La Merced. Es inolvidable la espumilla que hacía mi mamá cada domingo, cada vez que huelo el dulce de guayaba. Este mural es un relato de amor al lugar donde crecí y las personas que me amaron y me aman”, escribe Christian Tapia (Quito, 1982) en la leyenda de la foto de uno de sus murales posteada en su cuenta de Instagram.
Se trata del mural “Oficios y tradiciones”, realizado en el marco del proyecto CaminArte del Municipio de Quito, y ubicado en la calle 24 de Mayo, una de sus obras más representativas. En ella están retratados varios personajes quiteños: desde vendedoras de flores, pasando por los músicos de una banda de pueblo, hasta la famosa Torera, parte de la identidad de la ciudad.
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