El ancestralismo es un movimiento creado por jóvenes artistas ecuatorianos —como Tábara, Villacís, Maldonado, Viteri y otros— durante su estadía en Europa. El crítico Rodolfo Kronfle, que está preparando una gran retrospectiva, nos recuerda la importancia de esa vanguardia.
La acreditada revista española Correo de las artes, en su edición de octubre-noviembre de 1960, desplegaba en su portada la obra “Tiahuanaco” de Enrique Tábara. En su editorial Juan Eduardo Cirlot ejemplificaba con la obra del guayaquileño una salida válida para la corriente informalista, por aquel entonces ya con síntomas de agotamiento. Recomendaba “una síntesis de salvación” entre aquella pintura de gruesas texturas y el empleo de elementos geométricos.

Tábara (1930-2021) había llegado a Barcelona con una beca en 1955. El artista analizó atentamente la escena catalana y la pintura informalista que la dominaba: tendiente a la abstracción, la improvisación y el azar, con superficies ricas en su uso experimental de la materia y una expresiva gestualidad. Casi instantáneamente comenzó a trabajar en ese estilo.
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